Por sus obras lo conoceréis

El aeropuerto de Texcoco comenzaría a tener ingresos a los 10 años de operación, con el nuevo no hay esa proyección

México se empieza a acostumbrar a las obras faraónicas de mandatarios que quieren ser recordados por su legado de una forma visible, tangible, aunque no sea de calidad o eficiente.

El mejor y máximo expositor de esta tendencia, quien además la inauguró, es Andrés Manuel López Obrador, quien, a su paso por la jefatura del entonces Gobierno del Distrito Federal, se quiso inmortalizar con la construcción de un segundo piso en el Anillo Periférico. Obra que, desde su concepción, construcción y ejecución careció de legalidad y transparencia.

El gobierno se emberrinchó y a como diera lugar determinó que la obra se construiría y para ello creó el Fideicomiso para el Mejoramiento de las Vías de Comunicación del Distrito Federal (Fimevic), desde el cual se adjudicaron contratos de manera directa al constructor preferido del entonces titular del ejecutivo local.

Desde aquel entonces, en mi calidad de diputado local, advertí las lagunas legales y transas que se impusieron para construir un vil capricho.

Fui testigo de su sobrecosto, al final 2 mil 157 millones de pesos, sin IVA y sin contar los costos por obras no previstas, terminó fuera de los plazos establecidos y con la intención de reservar la información por 10 años, pues se temía que se descubrieran sus irregularidades.

Casi 15 años después, somos testigos de otro berrinche desde Palacio Nacional. Otro capricho del gobierno en turno, pero ahora desde la federación, que llevó a la cancelación de un largo y estudiado proyecto para construir el Nuevo Aeropuerto Internacional de México.

La pretensión a tal grado, que de nuevo se le ha encargado al albañil consentido del presidente, el mismo que construyó el segundo piso, quien aún no ha comenzado a construir, pero ya puso en la mesa sobrecostos al proyecto original:

11.7 por ciento para ser más precisos, al pasar de 70 mil millones de pesos a 78 mil millones, y es que omitió la presencia de un cerro en Santa Lucía que les impide construir una de las pistas.

No sólo se atrevieron a cancelar el proyecto del aeropuerto en Texcoco, lo cual por cierto ya dejó los primeros impactos al pagar cancelaciones anticipadas, sino que, además, le apuestan a un proyecto inviable.

Dentro del mismo gobierno reconocen su precariedad: la Secretaría de la Defensa Nacional advierte que el nuevo aeropuerto sufrirá de saturación en tan sólo 10 años de su puesta en funcionamiento; pero hay quienes creen que su máximo potencial llegará hasta el 2069.

El Presidente se encaprichó por hacer su proyecto, dárselo a su obrero de confianza y en el camino dejar estelas de gastos, sobrecostos y mala planeación.

Él pondrá la primera piedra de la obra, pero nadie sabe quién pondrá la final, porque fiel a su tradición, no se terminará en tiempo.

No hay ni transparencia ni claridad en cómo se pretende recuperar la inversión.

El aeropuerto de Texcoco comenzaría a tener ingresos a los 10 años de operación, con el nuevo no hay esa proyección, porque no interesa.

El Presidente no sabe hacer obras y mucho menos su maestro de obras.

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