La crisis de la paciencia
El país ha visto escenarios dignos de ficciones apocalípticas con miles de ciudadanos haciendo filas para abastecerse de gasolina, peleando entre sí
El desabasto de gasolina en el territorio nacional no es consecuencia, al menos no únicamente, del combate al huachicoleo, como se ha pretendido establecer, y que –dicho sea de paso– ha sido una desastrosa estrategia de comunicación de gobierno, es el resultado de la soberbia e ineptitud del actual gobierno federal.
Esta semana, el país ha visto escenarios dignos de ficciones apocalípticas con miles de ciudadanos haciendo filas para abastecerse de gasolina, peleando entre sí, como si de ello dependieran sus vidas –exageraciones aparte— lo cual puede ser hasta cierto punto real para quienes se dedican al transporte, al comercio, a los servicios, vamos, en general, esta situación afecta la vida productiva de México.
A lo largo de los días se nos ha presentado que se trata de un daño colateral como consecuencia de lo que nadie puede objetar, que es el férreo combate a las tomas clandestinas, que se detuvo el suministro de combustible a través de ductos para evitar el robo y las pérdidas millonarias que esto implica.
Pero en el trasfondo, el motivo responde más a una profunda ineficiencia y a la clásica altanería del Presidente. El problema se originó por la disminución en la importación de gasolina proveniente de Estados Unidos, un hecho que he podido corroborar.
De acuerdo con exfuncionarios de alto nivel de la pasada administración, desde noviembre de 2018 los equipos de transición de AMLO se acercaron a directivos de PEMEX para solicitar que se redujera la importación de gasolina, a lo que en su momento se negaron y alertaron del desabasto que esto implicaría. Fiel a su tradición, una vez en el poder, López Obrador redujo en diciembre, una vez al volante del gobierno, las importaciones y hoy vemos las consecuencias.
Hay un dato más que tendrá que ponerse bajo la lupa y es que en su miopía política, AMLO le encargó la distribución de gasolina a un abogado con aspiración a policía, pues como director de PEMEX Logística –la subsidiaria encargada de la distribución de combustibles– quedó Javier Emiliano González del Villar, quien siempre ha aspirado a dirigir la Secretaría de Seguridad capitalina, en donde acumula su experiencia y antecedentes profesionales. Pero en el campo petrolero... pues está a la vista lo que sabe.
Es presumible que López Obrador supuso que poner al sobrino de su amigo Samuel González del Villar en el puesto de logística y distribución de combustibles sería parte del antídoto perfecto para el combate al huachicol.
Mientras, en la Ciudad de México, los capitalinos hemos sido testigos del circo, maroma y teatro del gobierno local, primero con la pifia que caro pagó en redes sociales, asegurando que no había desabasto y días después con su sesuda estrategia de comunicación que consistió en lanzar un video en las redes sociales reconociendo la falta de gasolina, con un titular de PEMEX pávido y casi con expresión de pánico escénico, al que mejor no le dejaron decir media palabra, fue incapaz de articular una sola palabra sobre un problema que claramente lo ha rebasado en todo el país, y en la Ciudad de México ni qué decir.
El manejo de crisis que Morena está implementando en todos los frentes es pobre, limitado e insuficiente. Mientras el Presidente pide paciencia a los ciudadanos y tolerancia a su ineficiencia, una muestra de lo que nos espera a lo largo de su administración. Y el petate del muerto de que no hay desabasto, solamente incapacidad de distribuir en tiempo. Está la soberanía en juego en el combate al huachicol, así como la ineptitud de reconocer que también se debe a que se equivocaron en diciembre al cortar la compra de gasolina.
Paciencia es lo que piden ante la crisis de la gasolina, pero si la paciencia ciudadana entra en crisis, ¿qué pedirán?; ¿contra qué molino de viento arremeterá?
