Hay que saber perder

En el teatro de la política hay que saber cuándo el telón ha caído. El momento en el que el acto termina y es momento de dar paso al siguiente. Es cuando se debe de dar un paso atrás y continuar con la historia, pero para Ernestina Godoy la obra no ha ...

En el teatro de la política hay que saber cuándo el telón ha caído. El momento en el que el acto termina y es momento de dar paso al siguiente. Es cuando se debe de dar un paso atrás y continuar con la historia, pero para Ernestina Godoy la obra no ha concluido.

Aferrada a su silla, y al coto de poder que interpreta que proviene de ella, la actual fiscal se niega a dejar el cargo y a relevarlo en una sucesión natural de funciones. Tan aferrada está que ha puesto en jaque al Congreso y a la Ciudad de México ante el miedo de irse por la puerta de atrás, con la luz apagada.

Ernestina Godoy fue nombrada procuradora general de Justicia de la Ciudad de México en diciembre de 2018 por la entonces Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum. Desde aquel momento demostró su ambición de poder al aferrarse a la silla durante el proceso de transición de Procuraduría a Fiscalía. En una sociedad que anhela líderes que encarnen los principios fundamentales de la democracia, Godoy ha optado por una ruta que cuestiona su compromiso con esos valores esenciales.

En la política, saber perder es una virtud necesaria, y Morena y sus aliados carecen de ella. El partido en el poder, en un esfuerzo por mantener a Godoy en el cargo, reventó la sesión del Congreso de la Ciudad de México en la que se iba a votar la ratificación de la titular de la Fiscalía por carecer de los votos necesarios para mantenerla.

En la política, el demócrata verdadero se conoce en la derrota, no en la victoria. La resistencia obstinada de Godoy para aceptar el posible rechazo del Congreso revela una falta de madurez política y un desprecio por los principios democráticos. La negativa a someterse al escrutinio público y a reconocer que la Fiscalía no puede evolucionar con ella al frente, deja ver que su ocaso se acerca y solo ella parece no darse cuenta de ello.

Su insistencia en permanecer en el cargo a pesar de la evidente falta de apoyo solo sirve para oscurecer su legado. Es un hecho que los líderes deben retirarse con dignidad cuando su mandato llega a su fin. Godoy, sin embargo, parece dispuesta a abandonar la escena política por la puerta de atrás, ignorando el llamado a la humildad y la responsabilidad.

Recordemos el caso de Raúl Cervantes al frente de la Procuraduría General de Justicia de la República en 2017, durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, que en un acto de profunda responsabilidad política y social, renunció al cargo para dar paso al nacimiento de la Fiscalía.

Al dimitir de su cargo, Cervantes evitó enturbiar el proceso y, lo que es más importante, ahorró al Presidente una crisis mayor de gobernabilidad. Este gesto señala la importancia de anteponer el bienestar de la sociedad y la estabilidad institucional por encima de ambiciones personales.

Pero ingenuos somos al creer que Godoy tiene la misma estatura política de Cervantes. ¡Para nada! Ella está aferrada a la silla y no la piensa dejar. Prefiere perpetuar la mediocridad antes que dar paso a la modernidad.

La historia le pasará factura. La grandeza se mide no sólo por las victorias, sino también por la capacidad de aceptar las derrotas con gracia y respeto por las instituciones democráticas, y Godoy carece de ambas..

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