Un buen muchachito

Mikel Arriola va presumiendo de su capacidad para dejar finanzas sanas, pero, francamente, se está equivocando de ciudad en la que quiere pedirle chamba a sus habitantes

Era el 26 de noviembre, cuando el presidente del PRI en la Ciudad de México, el también exgobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, dio por inaugurada la contienda electoral tricolor en la capital del país, destapando a sus entonces posibles candidatos a la Jefatura de Gobierno.

En la lista figuraban personajes como diputados locales, pero también otros perfiles de mayor calado como los secretarios de Salud, José Narro, de Turismo, Enrique de la Madrid, o el ahora extitular de Educación Pública, Aurelio Nuño.

Nuño incluso, mientras se mantuvo al frente de la SEP, en los últimos meses de su gestión dedicó un desborde de recursos para realizar eventos en escuelas de la Ciudad de México, convocando a medios y, en general, tratando de establecer una imagen y presencia que no tenía entre los capitalinos.

Pero después del derroche de recursos e infraestructura del gobierno federal, Nuño debió calcular las posibilidades del PRI en la Ciudad de México y optó por bajarse del barco para irse a coordinar la campaña del virtual candidato del PRI a la presidencia, José Antonio Meade, y, para sorpresa de todos, inesperadamente, uno entre el coro levantó la mano y, sin que nadie lo volteara a ver, dijo que él sería el candiato, que él tomaba la candidatura que nadie quiso. Sin muchos aplausos y menos expectativas, aún lo dejaron pasar en su partido.

Pese al barajeo de figuras de renombre, prestigio y, francamente, mayor conocimiento de la ciudad, el PRI le apuesta a un perfil de baja potencia, quien no necesariamente está familiarizado con los problemas de la capital.

No es secreto que el PRI carece de presencia y de fuerza política en la ciudad. De ahí que históricamente ha buscado impulsar perfiles que tenían un trabajo amplio, trayectoria política y conocimiento de la capital. Basta recordar las candidaturas de Beatriz Paredes, Jesús Silva-Herzog Flores y Alfredo del Mazo González, quienes, pese a ser perfiles fuertes y formados en la política, aun así carecieron de la contundencia para ser considerados una competencia real.

Hoy, el PRI busca una nueva estrategia para la contienda electoral y acude a un personaje que no conoce la ciudad y al que nadie conoce en la capital. En realidad, buscan tener una mini-Meade para la contienda capitalina.

Así es como terminaron con Mikel, el buen muchachito. Una demostración más de que el PRI no conoce la ciudad y, en su limitada visión, supone que se requiere un perfil tecnócrata en una ciudad que reclama sensibilidad, conocimiento, capacidades técnicas, pero, sobre todo, alguien capaz de hacer política.

Arriola deja el IMSS y al hacerlo se va presumiendo de su capacidad para dejar finanzas sanas, pero francamente se está equivocando de ciudad en la que quiere pedirle chamba a sus habitantes, y es que, a diferencia de las pasadas administraciones locales, la de hoy, con Miguel Ángel Mancera y el secretario de Finanzas, Edgar Amador, las arcas de la ciudad se han conducido con responsabilidad y son más robustas, a nivel de ser la única entidad con recursos propios asignados para la reconstrucción tras los sismos.

Mikel, el buen muchachito, en un mal partido. Será otra versión el PRI para 2018, una derrota más anticipada.

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