Refugiados de guerra
Día uno: 37 muertos, 316 heridos y más de 100 mil personas huyen de sus hogares en busca de refugio. Se desplazan de la zona de guerra entre Rusia y Ucrania. CHUGUIV, EN EL ESTE DE UCRANIA. Una anciana arrastra la cobija de flores rojas que logró sacar del edificio ...
Día uno: 37 muertos, 316 heridos y más de 100 mil personas huyen de sus hogares en busca de refugio. Se desplazan de la zona de guerra entre Rusia y Ucrania.
CHUGUIV, EN EL ESTE DE UCRANIA.- Una anciana arrastra la cobija de flores rojas que logró sacar del edificio bombardeado. Su mirada está perdida, como ella, en medio de la devastación…
Un hombre maduro, vestido de negro, se desvanece sobre un tronco; con la mano sostiene su cabeza. Detrás de él, sólo se ven escombros y un auto que se volvió chatarra después de los ataques…
El cuerpo yace en el piso, entre árboles destrozados por las bombas lanzadas en el centro de esa ciudad ucraniana, un hombre lo cubre con una cobija que recogió de los escombros…
A una mujer le curan las heridas del rostro, quitan vidrios y limpian la sangre. Sus ojos expresan dolor y sus mejillas quedaron cubiertas de gasas…
KIEV, CAPITAL DE UCRANIA.- Una pareja joven juega con su pequeño hijo en las escaleras de una estación del metro, no quieren que pierda la sonrisa. Los trenes, andenes y túneles de ese sistema de transporte se han vuelto el refugio para las familias, los jóvenes, niños y mascotas…
Una pareja empuja una maleta y la carriola de su bebé, ellos quieren llegar a Polonia, caminan; no van solos, detrás de ellos otras decenas de personas, con mochilas en la espalda, también quieren abandonar la zona de conflicto…
Un padre despide a su esposa e hija al pie del autobús, se abrazan, lloran, se prometen verse pronto. Él tiene que quedarse en la zona de guerra…
Una mujer ucraniana carga en brazos a su bebé y contiene las lágrimas. Su otro hijo, de aproximadamente 9 años, carga un pedazo de cartón en el que escribió: “Stop war in Ukraine” (alto a la guerra en Ucrania)…
La carretera que los llevaría a Eslovaquia está parada, miles de autos esperan para salir de Ucrania…
La realidad es más cruel que las escenas de éxodo de cualquier película apocalíptica.
“¿Qué harías tú si lo pierdes todo? Lo único que te queda es la ropa que traes puesta, y si tienes suerte, estás con tus seres queridos. Esta es la realidad para millones de personas que huyen de la violencia. Hay familias destrozadas, personas que tienen hambre y niños que buscan un lugar seguro”, se lee en la portada de la página web de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
La guerra tiene efectos devastadores, no hay vencedores y, sí, muchas víctimas, vidas, familias y comunidades destruidas; desplazados, huérfanos, muerte y pobreza. Ya lo hemos visto.
Según el gobierno ucraniano, desde el comienzo de la crisis de Crimea y el Donbás (en 2014), ha habido 1.5 millones de desplazados internos. Ahora, la guerra provocada por la invasión rusa del jueves 24 de febrero, ha sacado de sus hogares a más de 100 mil personas, que buscan refugio en Polonia, Moldavia, Eslovaquia, Hungría y Rumanía.
La guerra viola todos los derechos humanos, arranca vidas, despoja hogares, quita el trabajo y priva de servicios básicos como salud y educación. Deja secuelas. Una de cada cinco personas que han experimentado la guerra u otro tipo de conflicto padecen trastornos mentales, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud.
Según los cálculos, el 22% de las personas que viven en una zona de conflicto sufre depresión, ansiedad, trastornos por estrés postraumático, bipolaridad o esquizofrenia, entre cuyos síntomas pueden incluirse flashbacks, pesadillas y casos de ansiedad grave.
El número de personas desplazadas por la fuerza debido al conflicto, la violencia, la persecución y el abuso a los derechos humanos aumentó por noveno año consecutivo en 2020 llegando a 82.4 millones en el mundo (26.4 millones de personas refugiadas son menores de 18 años), según datos de ACNUR.
Los líderes mundiales, las sociedades, el individuo no aprenden de sus desventuras, los corrompe el poder y la ambición. Los seduce la destrucción.
DM
—¿Ya sabe por qué el ser humano tortura y mata a los de su especie?...
— El hombre tortura y mata porque es lo suyo.
— ¿Y cuál es, a su juicio, la razón de que el hombre torture y mate por gusto?
— La inteligencia, supongo. (…) La crueldad requiere cálculo. (…) Nuestra inteligencia compleja nos empuja a depredar bienes, lujos, mujeres, hombres, placeres, honores...
Fragmento de un diálogo entre Faulques y Markovic, protagonistas de la novela El pintor de batallas, de Arturo Pérez-Reverte.
