Pupitres

El 23 de marzo de 2020 la rutina escolar se esfumó. Ese lunes, los niños ya no vistieron el uniforme de gala que se usa para las ceremonias cívicas de inicio de semana, las mochilas se quedaron estacionadas, los pupitres vacíos y enmudecieron los patios y salones de las ...

El 23 de marzo de 2020 la rutina escolar se esfumó. Ese lunes, los niños ya no vistieron el uniforme de gala que se usa para las ceremonias cívicas de inicio de semana, las mochilas se quedaron estacionadas, los pupitres vacíos y enmudecieron los patios y salones de las escuelas.

Las vacaciones de Semana Santa se adelantaron y duraron un mes. El 20 de abril, 36. 5 millones de estudiantes de todo el país retomaron sus clases para terminar el ciclo escolar con la educación a distancia. No fue fácil, no había claridad en la estrategia y las escuelas de educación básica no estaban preparadas para las clases en línea.

Esos meses de abril y mayo fueron de reencuentro familiar; madres y padres asumieron roles de maestros y todos nos quedamos en casa por miedo al contagio de un virus muy poco conocido y que ya empezaba a matar personas.

Los meses difíciles vinieron después, cuando se anunció que el confinamiento seguiría, que no habría vacaciones de verano y que el nuevo ciclo escolar también sería a distancia con el Aprende en Casa II. Se empezaron a perder empleos, las empresas cerraron, se redujeron los ingresos económicos y la paciencia. Los contagios crecieron junto con los problemas de violencia familiar y las discusiones entre parejas, padres e hijos y entre hermanos.

Los estudiantes de primero de Preescolar, primero de Primaria y primero de Secundaria iniciaron sus cursos sin conocer a sus compañeros y profesores. Ya pasaron 7 meses y aún no se integran como grupo, porque sólo se conocen a través de la pantalla. Los alumnos ni tiempo tuvieron de procesar que el pizarrón y los pupitres fueron sustituidos por el celular, tableta o computadora.

Los estudiantes de este tiempo no sólo lidian con el estrés de sus padres, también con el de sus profesores, que se desesperan cuando la conexión a internet les falla o el video o material didáctico preparado no “carga” o se “pasma”. Los niños de preescolar y primaria ya no le tienen miedo al examen escrito, ahora les angustia que les falle “el internet”, que su micrófono no se escuche o que no puedan bajar la aplicación para resolver el ejercicio.

Los niños de este tiempo no sólo se apenan con los regaños de sus profesores, ahora también con los gritos de sus padres o madres que los exhiben cuando dieron una respuesta incorrecta. Su compañero de banca no es un niño de su edad, es un adulto estresado que está cursando nuevamente la primaria junto con su hijo, al mismo tiempo que atiende las labores domésticas y las del trabajo.

Los niños de la pandemia pasan más horas pegados a las pantallas, qué paradoja…

Los niños de este tiempo están abrumados resolviendo cuadernillos de trabajo, anexos, respondiendo cuestionarios o llenando libros. De un tema saltan a otro, no hay espacio ni tiempo para la reflexión o retroalimentación, las dudas se quedan ahí sembradas. A los profesores de la TV no se les puede preguntar, sólo escuchar, y mire que unos son muy buenos como Ezequiel, Ruth y Lalo, de tercero de primaria (perdón por la familiaridad en su nombres, pero así los presentan y así los reconocemos ya); la mayoría de los docentes usan el Zoom gratuito y se les acaba el tiempo cada 40 minutos y se vuelven a conectar para dar dos o tres materias, entonces no hay tiempo para que los niños puedan tomar los apuntes o dictados a su ritmo, mucho menos alcanzan los minutos para preguntar.

A mamá y papá ni decirles “no entendí” porque sus ojos se convierten en pistola y la respuesta es: “apúrate, ¡termina ya!,”.  Y eso implica que, después de conectarse al Zoom, hacer la tarea, terminar el trabajo inconcluso de la clase virtual, ver el Aprende en Casa III y hacer el resumen, el niño debe apilar los cuadernos para que sus padres tomen la foto, la “carguen” en la plataforma y envíen al maestro.

 Y apenas estamos en el tercer trimestre.

Las autoridades educativas del país aseguran que todo va muy bien, pero la realidad es otra y la conocen bien los padres de familia, que saben de los avances y limitaciones de sus hijos, porque aun sin paciencia ni pedagogía y con gritos son los que están enseñando a los niños de primaria y kínder.

Leo en las redes sociales a madres desesperadas, sobre todo las cumplidas, que se sienten abrumadas por el exceso de tareas y porque se ha deteriorado la relación de cordialidad y de respeto con los hijos. Es demasiada la presión. Quizá eso explica el abandono escolar, al menos 3 millones 767 mil 259 estudiantes dejaron las clases a distancia, según la investigación de mi compañera Laura Toribio publicada ayer en Excélsior.

Datos del colectivo Juntos por el Aprendizaje revelan que 67% de los docentes están más estresados que antes del confinamiento y 62% más cansados, mientras que, de acuerdo con el CIDE, 80% de las madres y padres reportan menor motivación por parte de sus hijos con la educación a distancia.

“Cuando se te acaba de morir tu abuelito, te vale la historia del Imperio romano, no te puedes apegar al temario, porque no hay manera de cumplirlo”, declaró David Calderón, de Mexicanos Primero.

No creo prudente la reapertura de escuelas en este momento, porque la pandemia no se ha domado, la vacunación va muy lenta. Se necesitan instalaciones impecables, con agua y jabón en los baños, ventilación, filtros sanitarios y un programa para trabajar en espacios abiertos.

Urge reconocer la situación que los niños están viviendo en sus hogares y procurar su bienestar y seguridad. No basta una clase de educación socioemocional. Esos niños demandan y acompañamiento de sus maestros porque hay situaciones familiares que los ponen en riesgo o angustia. Los padres requieren hacer equipo con los maestros y éstos sentirse respaldados por sus autoridades, también se han contagiado, trabajan enfermos y viven situaciones difíciles en sus casas.

Necesitamos comprendernos y ser empáticos mientras nos preparamos para la reapertura de planteles y para el regreso seguro. De lo contrario la cifra de abandono escolar aumentará.

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