Primero los pobres
La educación da prosperidad, justicia, paz y bienestar a una nación. ¿Dónde está el compromiso con los 36 millones 518 mil 712 estudiantes de primaria, secundaria, bachillerato y educación superior de este país? ¿Cuáles son las acciones y cuántos recursos más ...
La educación da prosperidad, justicia, paz y bienestar a una nación. ¿Dónde está el compromiso con los 36 millones 518 mil 712 estudiantes de primaria, secundaria, bachillerato y educación superior de este país?
¿Cuáles son las acciones y cuántos recursos más se destinarán a la educación pública? ¿Seguiremos dando “manita de gato” a los planteles para tapar grietas, vidrios rotos, pasamanos oxidados, instalaciones hidráulicas y de drenaje tapadas o rotas, cubriendo con plásticos estantes, escritorios y pupitres viejos?
¿Está administración federal seguirá fingiendo que las computadoras sirven —en planteles donde hay—, que hay internet en las escuelas? ¿Seguirá permitiendo que los padres de familia con la cuota “voluntaria” —que no existe ante sus ojos, pero que es una realidad en las escuelas de este país— lleven jabón, papel de baño, toallas de papel, escobas, hojas blancas y se “cooperen” para reparar o instalar pizarrones, comprar cañones y proyectores?
La pandemia propició un cambio vertiginoso en la manera de relacionarnos, en la forma de trabajar y estudiar. Las empresas privadas y de gobierno enviaron a la mayoría de su personal a trabajar a sus casas; las ventas y el comercio sobrevivieron con la tecnología y la educación se tuvo que adaptar a la distancia. Si esta realidad virtual —que se estrelló en nuestro tiempo— es un hecho, ¿por qué no se invierte en las nuevas tecnologías de información para las escuelas públicas? ¿Por qué no se aprovecha esta oportunidad para mejorar y modernizar el sistema educativo? Esa debiera ser la prioridad del Poder Ejecutivo, el tema número uno de la agenda de Palacio Nacional, el asunto a cabildear en el Legislativo y con la oposición para aumentar el presupuesto a la educación.
La educación debiera ser la bandera que sume y una a la sociedad desgastada y polarizada. Emprender acciones concretas ayudará a aliviar las desigualdades, de lo contrario se exacerbarán las brechas económica, educativa y digital que existen en nuestro país.
Un ejemplo de las profundas desigualdades en materia de acceso a la educación lo veremos el 30 de agosto cuando sólo unos pocos regresen a las aulas para retomar sus estudios en las mejores condiciones sanitarias y con calidad. Es decir, quienes pueden pagar una escuela privada tendrán acceso y garantía de protocolos de salud de “primera”: termómetros digitales, gel antibacterial en los accesos, filtros sanitizantes, medidores de CO2 (monitores de calidad de aire), pupitres adaptados con acrílicos, baños y lava manos funcionales.
Si esos padres o madres de familia deciden que sus hijos continúen con las clases en línea, el colegio privado que pagan garantiza que sus profesores se conectarán desde sus salones, para que el alumno reciba la clase e interactúe vía digital con sus otros compañeros. Con el dinero de las colegiaturas no sólo se paga el salario del personal, sino los insumos básicos: conexión a internet, una cámara, proyector y la plataforma para transmitir o grabar la clase.
Quienes pueden pagar una mensualidad de entre 6 mil y 22 mil pesos por la educación de su hijo o hija se asegurarán de que retomen su aprendizaje en las mejores condiciones, pues la mayoría de esas escuelas tienen servicio médico y una ambulancia contratada para cualquier emergencia. Y si continúan a distancia, esas familias tienen una o dos computadoras en casa, tabletas y celulares.
En otra escuela, con método Montessori, se organizaron “burbujas estudiantiles”, grupos de 5 menores de edad que tomarán sus clases en horarios diferidos y alternados de entrada, recreo y salida. Dividieron el patio para que esas “burbujas” tomen la mayoría de sus clases al aire libre y cambiaron los cristales de los salones por ventanas que permitan la ventilación.
Las clases serán una semana presencial y otra virtual, para reducir presencia en patio y salones. Habrá un niño por banca y con la sana distancia estipulada. Los viernes de manera virtual o presencial se dará una clase de educación emocional.
En algunas escuelas privadas aplicarán pruebas semanales PCR para detectar covid-19 al personal docente y administrativo que acuda a labores presenciales.
¿Una escuela pública puede aspirar a un retorno así para el próximo lunes?
Esa desigualdad en materia educativa repercutirá en el futuro de la nación si tomamos en cuenta que de los 35.6 millones de estudiantes sólo pueden pagar su educación 4.6 millones. Es decir, 31 millones están inscritos en escuelas públicas, con planteles deteriorados, abandonados, sin servicios de agua, drenaje, carentes de toda tecnología y muchas veces con plantillas incompletas de profesores.
Disminuir la brecha digital generaría mayor bienestar a la población y generación de riqueza. La conexión a internet se mantiene más alta en zonas urbanas, donde 78% de la población es usuaria, mientras que en las zonas rurales, el porcentaje de usuarios es de 50.4 por ciento.
Primero los pobres, pero que en los hechos sean prioridad, porque si seguimos como hasta ahora se abrirán las brechas de desigualdad con sus lamentables consecuencias: aumento del desempleo, informalidad, bajo nivel académico de los alumnos, ignorancia, pobreza, delincuencia, violencia, narcotráfico, drogadicción, ninis y empleos muy mal pagados.
- DM
Querido lector, tengo hijos en edad escolar y para preparar su regreso a clases (a distancia o presencial), esta columna tomará un descanso y nos volvemos a leer el 12 de septiembre, les contaré cómo fueron las primeras semanas del nuevo ciclo escolar. Mientras tanto cuide su salud y la de su familia.
