Las cosas por limpiar

Hay que limpiar la mentalidad de quienes son omisos ante la denuncia de una mujer.

Alex decide dejar a su pareja y huir con su hija de tres años de edad. Escapan durante la noche. Ya no quiere vivir con un chico que es alcohólico, que le grita, golpea paredes, avienta y rompe objetos.

No tienen a dónde ir, su madre es inestable emocionalmente. Alex creció en el seno de una familia disfuncional, igual que el padre de su hija. Pide ayuda al servicio social y la remiten a un albergue para mujeres víctimas de violencia.

Alex no quiere ir al refugio porque cree que no es violentada por su pareja. Para ella, la violencia son golpes. La trabajadora social y la encargada del albergue le enseñan que hay diversas formas de violencia, además de la física: sicológica, emocional, económica, verbal…

Quiere una vida mejor para su hija y para ella, sin gritos, sin adicciones; superar la pobreza y poder ir a la universidad. No es fácil, Alex se enfrenta a un sistema de asistencia gubernamental burocrático, a leyes que no reconocen los otros tipos de violencia, a familiares y amigos que justifican el alcoholismo y conducta de su pareja.

En el albergue descubre a muchas mujeres desesperadas que viven violencia doméstica y que, como ella, huyen con sus hijos, pero que tienen miedo, que regresan una y otra vez con el marido golpeador porque no es fácil romper ese esquema.

Y por si fuera poco, tiene que luchar por la custodia de su hija, pues el padre se la quiere quitar con el argumento de que ella abandonó el hogar conyugal, no tiene a dónde vivir, no tiene trabajo y, además, no puede comprobar la violencia, pues nunca presentó una denuncia.

¿Esta historia le suena familiar? No sólo es la trama de la serie Maid: Las cosas por limpiar (Netflix), también es el retrato de miles de mujeres que padecen pobreza, violencia doméstica, relaciones abusivas y, que generalmente obtienen empleos donde las explotan y les pagan menos que el mínimo.

La serie está basada en el libro de Stephanie Land, en el que relata su historia y recuerda que limpió casas por la mínima paga en Estados Unidos.

Pero la historia de Alex es similar a la que viven miles de mujeres mexicanas. De enero a septiembre de este año se reportaron 192 mil 746 casos de violencia familiar, según datos  del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) informó el pasado 3 de noviembre que en lo que va del año, los Centros de Justicia para Mujeres han atendido a 174 mil personas; es decir, un promedio diario de 580 mujeres que acuden a recibir atención sicológica, asesoría legal, atención médica, a poner una denuncia o a capacitarse para el empleo.

En estos tres últimos años, la Secretaría de Gobernación ha decretado siete alertas por violencia de género en Baja California, Guerrero, Chihuahua, Estado de México, Sonora, Puebla y Tlaxcala.

La Conavim ha atendido de manera directa a 594 víctimas y sobrevivientes de violencia, más de la mitad por violencia sexual y física; 34 casos de feminicidio y 7 tentativas de feminicidio. Conoció de dos feminicidios infantiles (las víctimas tenían 1 y 2 años de edad),  ambos casos por agresión sexual, uno a manos del padre biológico y el otro, de un tío.

De hecho, la comisión reconoció que nueve de cada 10 violaciones a las niñas ocurren al interior de los hogares o en el entorno más cercano a la víctima, y no se denuncia por miedo, “por desconfianza a la autoridad o por pena”.

Éstas son sólo las cifras oficiales, pero hay miles de casos más en los 69 espacios de prevención, atención y protección para mujeres, niñas y niños en situación de violencias, que agrupa la Red Nacional de Refugios.

Desde el pasado 4 de octubre y hasta el 30 de noviembre próximo, el Inegi realiza la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2021, que medirá la violencia contra las mujeres durante la pandemia por covid-19. Se recopilará la información de mujeres de 15 años de edad y más para documentar la violencia física, económica, sexual, emocional y patrimonial que han enfrentado a lo largo de su vida y en diferentes periodos de la misma.

Ojalá tengamos claras las situaciones y formas de violencia y las reportemos en la encuesta, sin miedo, sin pena, porque eso permitirá desarrollar políticas públicas de combate y erradicación de la violencia contra las mujeres.

Aquí en nuestro país hay muchas cosas por limpiar… Sacudir las ideas y situaciones que justifican la violencia que se comete en los hogares. Hay que limpiar la mentalidad de quienes son omisos ante la denuncia de una mujer, o una niña que es maltratada o vendida por su propia familia.

Escombrar los rincones de la justicia y la administración pública para romper ese pacto patriarcal que impide reconocer como válida la lucha feminista, que la justicia se ejerza con perspectiva de género, que los gobiernos destinen mayor presupuesto a combatir la violencia contra las mujeres y que obstruye el apoyo y promoción de los refugios de mujeres violentadas.

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