Hasta encontrarlos…
La conferencia en Palacio Nacional es el ejemplo perfecto de que la terrible realidad supera la ficción.
La siguiente es una escena de la película Bardo. Falsa crónica de unas cuantas verdades:
—No estoy muerta. Estoy desaparecida.
—Pero usted está aquí señora —le dice el periodista, documentalista, que se la encuentra tirada en el piso en una de las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México.
—Déjala, siempre hacen lo mismo. Desaparecen, pero están jodiendo a todo el mundo, —dice uno que pasa por ahí.
—Ni vuelven ni se mueren, —dice un tercero.
Enseguida otras mujeres, jóvenes y ancianos empiezan a desplomarse por las calles.
Otra escena tiene como escenario el Zócalo capitalino, y ahí está una montaña de cuerpos inertes apilados, justo frente a Palacio Nacional.
“Ni vuelven ni se mueren”, esa frase de Bardo pudo haberla utilizado sin ningún pudor la secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde, el jueves 14 de diciembre cuando dio a conocer la nueva cifra de desaparecidos en México.
La cifra oficial es de 113 mil 393 desaparecidos al 16 de diciembre, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (47 mil 587 en lo que va de esta administración); pero la autoridad federal sólo reconoció 110 mil 964 y depuró la cifra a tan sólo 12 mil 377 personas desaparecidas. La explicación de la “limpia” de registros fue más burda que las escenas de la película de Alejandro G. Iñárritu.
La secretaria dijo que localizaron a 16 mil 681 personas y que tienen la certeza de su paradero. Luego sumó a 17 mil 843 que “hemos encontrado en bases de datos, pero aún no contamos con la prueba de vida, porque no hemos podido encontrarlos cara a cara”. Así lo declaró y está en las versiones estenográficas, incluso con ejemplo:
“Tenemos a Nayeli, ella fue reportada el 1º de febrero de 2014, a los 13 años, como desaparecida, pero la hemos encontrado en más de siete bases de datos. En 2019, como beneficiaria de Liconsa, se inscribió en el programa para educación para adultos; en 2020 ingresó al sistema de salud de Quintana Roo; después, en el 21 obtuvo un certificado de secundaria. Sabemos que se vacunó contra covid, fue beneficiaria de Jóvenes Construyendo el Futuro y, finalmente, en 2022 actualizó su registro en el SAT y está pagando impuestos.
“Hemos tratado de localizarla, se realizó una visita a su domicilio en Quintana Roo, después en Campeche, pero no hemos tenido éxito para poder contar con su prueba de vida”.
Si a Nayeli y los otros 17 mil 842 no los han podido encontrar “cara a cara”, entonces no han sido localizados. Punto.
¿Fraude?¿Suplantación o robo de identidad? ¿Se habrán cuestionado esto las autoridades encargadas de la búsqueda?
Alcalde admitió que existen 26 mil 90 “registros” sin datos suficientes para identificar a la persona (vaya sumando querido lector), y luego dijo: “Y tenemos 36 mil registros, es decir, el 32 por ciento de la base de datos total, que cuentan con una identidad, pero no tenemos indicios suficientes para poder hacer algún tipo de acción de búsqueda”.
Es decir, ahí hay 62 mil 90 personas que no han sido localizadas, por lo tanto están desaparecidas ¿no?
Y remata diciendo que 12 mil 377 “son registros confirmados como desaparecidos”. ¿Y los 62 mil 090? ¿Y los 17 mil 843 que no han “encontrado cara a cara”? No creo que no sepan sumar. La realidad es que hay 79 mil 933 personas que no han podido ser localizadas, que están desaparecidas.
La conferencia en Palacio Nacional es el ejemplo perfecto de que la terrible realidad supera la ficción, de que su narrativa y los “otros datos” no tienen nada que ver con el sufrimiento de los colectivos y madres buscadoras.
Las desapariciones en México continúan y es una crisis de justicia, impunidad y de derechos humanos. “No es una herencia del pasado, es una herida del presente”, dice el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro.
Al conocer la “poda” gubernamental de las cifras, Cecilia Flores, madre buscadora de Sonora, envió un mensaje a las autoridades del gobierno:
“Yo quisiera que los otros datos fueran reales y que nuestro dolor fuera una gran mentira. Quizá no pudimos evitar que los desaparecieran una vez, pero no permitiremos que los desaparezca dos veces”.
Los y las desapariciones son una tragedia desgarradora porque cada víctima tiene nombre, apellido, rostro y una familia que sufre y que los y las busca en morgues, contenedores de tráileres, en refugios, en fosas clandestinas y que también temen por su vida.
Quienes integran los colectivos han sido amenazados de muerte o intimidados por policías y gente del crimen organizado. A las madres buscadoras también las han asesinado. Y sus desaparecidos no son “registros”, son mexicanos.
DM
Querido lector, le deseo felices fiestas en compañía de sus seres queridos. Valoremos y cuidemos la salud, la paz y armonía. Esta columna toma un descanso y nos leemos el domingo 14 de enero. ¡Abrazo!
