Hablemos de autismo
Saber y entender nos permitirá ayudar a las familias a tener un diagnóstico temprano para su hijo o hija
Las personas con autismo no viven en su mundo
viven en el nuestro.
Las personas con autismo y sus familias son excluidas socialmente por falta de conocimiento, concientización y, muchas veces, por prejuicios, pero una sociedad incluyente se forma y fortalece todos los días con información. Hoy hablemos de autismo.
Saber y entender nos permitirá ayudar a las familias a tener un diagnóstico temprano para su hijo o hija, a que las personas dentro del espectro autista tengan una mejor calidad de vida, para que sus familias sientan el apoyo de una sociedad incluyente y las autoridades de gobierno trabajen por actualizar y mejorar los servicios de salud para la detección a tiempo y garanticen la inclusión plena en las escuelas, universidades y centros de trabajo.
Las luces, muchos objetos en el campo visual y cosas moviéndose a velocidades irregulares sobreestimulan la visión de algunas personas dentro del espectro autista, causando distorsión y caos sensorial. Quizá por eso cuando mi hijo tenía 4 años salió corriendo del acuario, literal, huyó como Forrest Gump.
Las personas dentro del espectro autista tienen alteraciones sensoriales, esto significa que el dolor, el frío, el calor, los aromas, los sabores, los abrazos, todo pueden percibirlo con intensidades distintas. Mi hijo no come cebolla ni nada picante –lo percibe como caliente– y cuando prueba un sabor distinto lo hace en una cantidad minúscula.
En los diferentes sentidos (visual, auditivo, olfativo, gustativo, tacto, propioceptivo y vestibular), las personas con autismo pueden ser hipo o hipersensibles.
Algunas personas con autismo tienen hipersensibilidad auditiva, lo cual significa que los sonidos del entorno son demasiado ruidosos, bruscos o intrusivos (por eso muchos usan audífonos para disminuir el ruido).
Es posible que una persona con autismo tenga una percepción diferente sobre sus brazos, manos o piernas, por lo cual puede presentar dificultades al sostener cosas, realizar movimientos finos o imprecisiones al caminar.
Los movimientos repetitivos y el balanceo son un recurso que utilizan las personas con autismo para autorregularse a sí mismas. Mi hijo camina y camina…
Las mujeres dentro del espectro autista están subdiagnosticadas o mal diagnosticadas. Algunas niñas o jovencitas suelen enmascarar las dificultades de la comunicación y la interacción social.
No todas las personas dentro del espectro autista son hablantes. Algunas suelen comunicarse de otras maneras como la música, la escritura, la pintura, lenguaje de señas y dispositivos electrónicos, entre otros.
El autismo no es exclusivo de la infancia, es una condición que las acompaña toda la vida. Existen adultos con autismo, y necesitan aceptación, comprensión y ser tratados de acuerdo a su edad.
Los adultos con autismo necesitan espacios laborales para poder desarrollarse. Siempre están dispuestos a aprender, porque tienen un gran potencial y aunque la socialización puede ser difícil para ellos, les gusta estar rodeados de personas de su edad.
Las personas con autismo no carecen de emociones y a veces sus emociones son malinterpretadas.
En México, una de cada 115 personas tiene autismo. La matrícula de la SEP de estudiantes con autismo es de 28 mil 807, de las cuales 24 mil 134 son alumnos y 4 mil 673 alumnas.
El autismo no es una enfermedad, no tiene cura, es una condición y una manera diferente de interpretar al mundo.
Las personas con autismo no son agresivas, las conductas autoagresivas pueden ser parte de los procesos de regulación de emociones.
Sí sienten, ríen, se enfadan, aman, se entristecen. No debemos confundir los retos de la interacción social con la falta de sentimientos.
La detección oportuna es clave, especialistas indican que puede detectarse a partir de los tres años de edad. Con tratamiento terapéutico personalizado, quienes lo manifiestan logran incrementar su calidad de vida. Mi hijo cursa el cuarto grado de primaria en una escuela regular y sin maestra sombra.
La señales de alerta son: dejó de decir palabras, a pesar de que comenzó a decirlas entre el año y medio, y los dos años; parece no escuchar cuando se le habla; tiene movimientos repetitivos, como mover los brazos o las manos o se balancea de un lado a otro; si quiere algo que no puede obtener por sí mismo, toma la mano del adulto y lo lleva a lo que él quiere sin hablarle, ni mirarle; es muy sensible a los ruidos, texturas o algunos alimentos y al contacto físico; juega de manera repetitiva o con un juguete específico o solo.
Agradezco a Gerardo Gaya, a todo el equipo de Iluminemos por el Autismo, a CIAPPEA Chihuahua y a OTEA Autismo el esfuerzo y compromiso por investigar y recopilar información relacionada con esta condición que retomé en la columna.
