Generación Otis
Cristian tiene 10 años y está refugiado junto con su familia en la escuela primaria federal urbana Morelos, en la que hace apenas 18 días tomaba clases. Él vio cómo el patrimonio de su familia voló con la fuerza del huracán Otis… Jeferson es otro de los niños ...
Cristian tiene 10 años y está refugiado junto con su familia en la escuela primaria federal urbana Morelos, en la que hace apenas 18 días tomaba clases. Él vio cómo el patrimonio de su familia voló con la fuerza del huracán Otis…
Jeferson es otro de los niños afectados de Puerto Marqués, tiene nueve años y duerme en un restaurante junto a su madre, en el que ella trabaja. Recuerda que el huracán se llevó las láminas de su casa. Está preocupado por sus amigos de quienes no sabe nada y por su maestro que está enfermo del corazón…
“Nuestro restaurante quedó destruido, las palapas se cayeron, nos robaron dos sillones, hay figuras caídas, nuestra virgencita se voló, y le digo a mi papá, como el primer día que llegamos aquí que podemos salir adelante, y se va a poder siempre”, así es como Isaac, de nueve años, le cuenta la noche de Otis a nuestro compañero Ángel Galeana, corresponsal en Acapulco.
Cada que ocurre una desgracia se impacta a una generación de niñas, niños y adolescentes, como las y los del sismo del 85, los niños y niñas de la pandemia y ahora, las y los menores de Otis, porque se ven afectados sus derechos y garantías, como la salud física y emocional, la educación, alimentación y vivienda.
¿Quién está atendiendo esas necesidades y derechos? ¿Quién realiza las labores de contención emocional? ¿Quién está pendiente de su estado de salud físico y nutrición? ¿Quién está procurando un espacio seguro para continuar con el desarrollo social y aprendizaje escolar mientras sus padres o familiares se ocupan de resolver las necesidades de vivienda, empleo y alimentación? Las autoridades gubernamentales de los tres niveles de gobierno son las responsables de atender estas demandas y, ¿dónde están?, ¿qué están haciendo?
Se estima que hay aproximadamente 336 escuelas afectadas en Acapulco, pero el censo inició apenas el pasado miércoles 8 de noviembre y la cifra de estudiantes sin clase varía entre 184 mil y 125 mil 531 en Acapulco y Coyuca de Benítez, desde el pasado 25 de octubre.
“La pasé muy mal, se cayó un árbol en la casa... nos metimos a un cuarto para protegernos, la lluvia estaba empujando la puerta, pusimos un sofá y una cama para cerrarla y que no entrara todita el agua, sólo así nos salvamos. Me quedé sin ropa. Me gustaría regresar a la escuela, pero, por ahora, no podemos”, compartió Miguel de 11 años, al equipo humanitario de Save the Children, que está allá entregando paquetes de alimentos.
Nayeli tiene siete años y dice que no está yendo a la escuela. “Los cuadernos se mojaron y las mochilas ya las quemamos, porque ya no sirven. Necesitamos una cama, almohadas, sábanas. No tenemos nada para pintar, tenemos poquitos de juguetes…”.
Y el panorama es devastador, la situación para los niños y niñas se torna difícil, sus actividades de educación y juego cambiaron para dedicarse ahora a cuidar hermanos menores, limpiar los restos de casas afectadas o vagar por las calles. ¿Serán presa también de los grupos del crimen organizado?
Las escuelas que pudo visitar la organización Save the Children se encuentran completamente destruidas, los techos de lámina desaparecieron, el inmobiliario se destruyó y las ventanas se rompieron, haciendo imposible que los planteles puedan reabrir para reanudar las clases.
También están dañadas la escuela primaria José Vasconcelos, ubicada en la Unidad Habitacional El Quemado; el jardín de niños Francisco Lagos Cházaro, ubicado en la colonia Paso Limonero; las escuelas primarias Jaime Torres Bodet y la Ignacio Ramírez de la Ciudad Renacimiento; la escuela secundaria técnica Nº 103 Vicente Guerrero en la colonia Héroes de Guerrero; el jardín de niños Malintzin y la escuela primaria Mi Patria es Primero, ambas de la Unidad Habitacional Vicente Guerrero, así como la secundaria federal Número 1.
Tejiendo Redes Infancia en América Latina y el Caribe, que dirige Juan Martín Pérez, hace un llamado urgente a priorizar a la niñez y la adolescencia. ¿Qué se necesita?
Apoyo psicosocial y espacios seguros, mediante la reactivación inmediata de las comunidades escolares como lugares para el juego y la participación; fortalecer a las organizaciones locales que promueven los derechos de las niñas, niños y adolescentes; incluir a las juventudes en la reconstrucción del puerto de Acapulco y las comunidades afectadas en la región; prevención de la violencia sexual, protección contra el trabajo Infantil y explotación laboral, así como promover alternativas educativas y recreativas para quienes recurren al espacio público.
Y ésta es una tarea prioritaria para el Estado mexicano, aunque el gobierno federal y sus aliados en la Cámara de Diputados no hayan destinado un sólo peso para la generación Otis, que ya de por sí viene tocada por la pandemia de covid-19.
