Fuimos todas

Hasta que la sororidad se haga costumbre. Hasta que dejemos de ser menos de 10 por día. Hasta que no haya mujeres y familias desplazadas por el crimen organizado y la pobreza. Hasta que la dignidad sea costumbre. Frases del 8M, del día en que las mujeres volvimos a ...

Hasta que la sororidad se haga costumbre.

Hasta que dejemos de ser menos de 10 por día.

Hasta que no haya mujeres y familias desplazadas por el crimen organizado y la pobreza.

Hasta que la dignidad sea costumbre.

Frases del 8M, del día en que las mujeres volvimos a tomar las calles para exigir justicia, alto a la impunidad, para demandar que se busque a nuestras hermanas, hijas y madres desaparecidas, para que se castigue con la ley a los violadores, acosadores y asesinos de mujeres; para visibilizar a las que son maltratadas, para ser eco de las que perdieron a sus hijos e hijas por las redes de trata de personas y los grupos criminales.

Fuimos todas. Marchamos en las principales avenidas y calles de este país para defender nuestros derechos, para exigir que se restauren acciones y programas que nos benefician a todas, como las estancias infantiles, las escuelas de tiempo completo y los refugios para mujeres violentadas; caminamos para solidarizarnos y acompañar a las madres que, por la omisión del Estado, al no garantizar medicamentos y atención médica, perdieron a sus hijos e hijas.

Gritamos consignas, hicimos mucho ruido, tocamos batucada, pintamos y golpeamos vallas, intervenimos monumentos, mostramos carteles, volamos un zepelín, echamos humos violeta, verde y rosa, nos cubrimos el rostro y entregamos flores a la policía. Fuimos todas.

No tenemos miedo, ya nada nos asusta y nadie nos detiene. Hemos decidido no acostumbrarnos ni ser indiferentes a estas cifras: cada día 10 mujeres son asesinadas, 48 sufren violación y 580 son violentadas en su hogar.

A la convocatoria del 8M fuimos todas, a pesar de los intentos del secretario de Gobierno de la Ciudad de México, Martí Batres, de inhibir nuestra presencia con declaraciones como ésta: “se espera una marcha muy violenta, se tiene información de que hay al menos 15 grupos organizados para generar violencia durante la movilización”.

Intentaron sembrar el miedo acusando a grupos —que no identificaron— de llevar  “todo tipo de artefactos peligrosos, hay grupos que están dando instrumentos que pueden dañar a otras personas: cizallas, alicatas, sopletes, picos, piolets, bazucas de fabricación casera”. Incluso confundieron los dispositivos de humo de colores con cohetones.

“Hago un llamado a quienes van a manifestarse mañana, a las mujeres, que no haya provocaciones, que no haya violencia, tenemos información que se están preparando con marros, sopletes, bombas molotov, ¿de qué se trata?, eso no es defender a las mujeres, ni siquiera es feminismo”, dijo el Presidente.

No tuvimos miedo. Fuimos todas.

“Quieren vandalizar el Palacio y la Catedral para proyectar la imagen de un México en llamas”, se dijo en la conferencia matutina de Palacio Nacional, pero el caos no se muestra con pintas o intentos de derribar vallas ni con la intervención de monumentos, tampoco cuando se tira un semáforo.

El México en llamas se evidencia cada día, cuando hay miles de desplazados de las zonas ocupadas por el crimen organizado ante la ausencia del Estado de derecho, como en Michoacán, Guerrero y Zacatecas, cuando esas familias tienen que dormir en un refugio en Tijuana mientras esperan que Estados Unidos les otorgue asilo, o cuando tienen que regresar escoltadas para recuperar muy pocas pertenencias.

El México en llamas se nota con la impunidad, con la violencia política, con los discursos de odio y polarización, con el ataque a los periodistas y el descrédito a la libertad de expresión.

“Sí, porque hay mucha infiltración del conservadurismo de derecha, y entonces lo que quisieran es hacer un espectáculo de violencia, porque a ellos no les importa el daño que pudieran causarle al país”, declaró el jefe del Ejecutivo, previo a la marcha.

El daño al país, a sus ciudadanas y ciudadanos ya está hecho y no ha habido autoridad ni movimiento de transformación que lo repare, por eso, el 8M fuimos todas.

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