Encono

La descalificación, persecución y escarnio por quienes piensan diferente, defienden sus derechos, aspiran a mejorar su calidad de vida, por quienes tienen otros datos y exhiben corrupción, contradicciones o falta de transparencia en el ejercicio de gobierno, se han ...

La descalificación, persecución y escarnio por quienes piensan diferente, defienden sus derechos, aspiran a mejorar su calidad de vida, por quienes tienen otros datos y exhiben corrupción, contradicciones o falta de transparencia en el ejercicio de gobierno, se han vuelto las estrategias favoritas para desactivar las manifestaciones de inconformidad.

Se siembra el encono para dividir a una sociedad lastimada por las profundas desigualdades sociales y económicas. Es más rentable polarizar, enfrentar a los ciudadanos, que dar respuestas a sus demandas. Se usa la perorata para descalificar a los padres y madres que buscan la vacuna o medicamentos para sus hijos con cáncer, en lugar de resolver el problema y garantizar el acceso a la salud.

Se acusa de corrupción (sin que haya un solo detenido o sancionado hasta el momento) a las mujeres que operaban las estancias infantiles, sólo para desaparecer un programa creado por los adversarios políticos que beneficiaba a las madres trabajadoras y a sus hijos e hijas.

Se pone en duda la legitimidad de la lucha feminista sin reconocer los verdaderos motivos por los que marchan, gritan y exigen justicia: 13,393 violaciones, 13 feminicidios diarios y 21,283 delitos de violencia familiar registrados sólo en agosto, según los datos recopilados por Blanca Ivonne Olvera Lezama, investigadora de Inacipe y docente de la UNAM.

Se usa el poder para abrir y cerrar expedientes judiciales según la conveniencia política o electoral. Se persigue a científicos y se libera o se deja escapar a delincuentes; para el adversario político cárcel, y abrazos para el narcotraficante.

Sembrar encono es una apuesta segura cuando no hay argumentos para contradecir una realidad que viven los más pobres: falta de medicamentos y equipamiento en hospitales públicos (no soportaron las inundaciones), escuelas desmanteladas, migración forzada por presencia del crimen organizado, pobreza y carencias que se incrementan con los desastres naturales. Se han dedicado tres años a sembrar diferencias y los frutos de la polarización ya se cosechan en las familias, en las comunidades que toman la ley por mano propia, queman y linchan; en las mujeres que vandalizan lo que está a su paso y golpean a sus hermanas policías; en las redes sociales esa discordia se exacerba peligrosamente.

El caldo de cultivo está en su punto, por eso hay voces dentro y fuera del país que llaman a detener los discursos de odio y que polarizan. Por ejemplo, Leonardo Sandri, representante del papa Francisco en los actos conmemorativos por el bicentenario de la Independencia, dejó una invitación:

“El pueblo mexicano tiene necesidad hoy de superar cualquier visión reductiva, ideológica o parcial que motive directa o indirectamente el antagonismo de uno contra otros. Este tipo de visiones dividen y crean enemistad, sólo respirando aire limpio será posible andar y emprender el nuevo viaje que exige la independencia”.

El papa Francisco también envió una carta al presidente del Episcopado Mexicano, Rogelio Cabrera López, en la que escribió:

“No evocamos los dolores del pasado para quedarnos ahí, sino para aprender de ellos y seguir dando pasos, vistas a sanar las heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos”.

El ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Arturo Zaldívar, también ha invitado a los integrantes del Poder Judicial a actuar con independencia y justicia para defender la ley y los derechos que son amenazados por la confrontación y la discordia.

“Vivimos tiempos de polarización política y social. El mundo parece dividido en bandos y las personas juzgadoras solemos quedar atrapadas en medio. En tiempos como estos, la independencia judicial es un valor del que todos buscan apropiarse. Entender su sentido a cabalidad y no desde la óptica de los distintos actores políticos y sociales es fundamental para nuestra labor”. Esas palabras fueron pronunciadas por el ministro Zaldívar durante la apertura del segundo periodo de sesiones de la Suprema Corte, el pasado 2 de agosto.

Es tiempo de escuchar, de conciliar y de abandonar la perorata. El país no resistirá tres años más de tensión.

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