Ellas marchan
Simone tiene 11 años y el 8M se amarró un paliacate morado en el cuello y alzó un cartel que decía: “Nos quitaron tanto, que nos quitaron el miedo”. Marchó junto a su mejor amiga, compañeras del colegio, su madre y decenas de miles de mujeres que desbordaron Paseo ...
Simone tiene 11 años y el 8M se amarró un paliacate morado en el cuello y alzó un cartel que decía: “Nos quitaron tanto, que nos quitaron el miedo”.
Marchó junto a su mejor amiga, compañeras del colegio, su madre y decenas de miles de mujeres que desbordaron Paseo de la Reforma y llegaron al Zócalo de la CDMX para “ser la voz de las mujeres que ya no están”, me dijo.
Simone unió entonces su voz a la exigencia: “¡Ni una más, ni una más! ¡Ni una desaparecida más!”. Esa tarde de tintes violetas y verdes, ella aprendió a defender derechos y libertades. Y el próximo año volverá porque quiere un México seguro para todas.
Julieta sacó su pequeño tambor y se lo colgó, tomó sus baquetas y su mamá le ajustó la pañoleta morada. Ella tiene 4 años y el 8M fue su primera marcha, su primera lección de sororidad.
Caminó alrededor de cuatro kilómetros —de Tlaltenango al centro de Cuernavaca, Morelos—, sus pequeños pasos hoy dejan huellas de justicia, de respeto, de fuerza y valentía.
Las marchas de este 2023 en todo el país retumbaron consciencias, ya dieron frutos y se sembraron más semillas en la lucha feminista. Ahí está la prueba en los contingentes de las carriolas, de los rebozos y los fulares. Fue la marcha de las niñas y, junto a ellas, de las madres que gritaron: “¡Soy la mamá de la niña que nunca vas a tocar!”.
Que llegue a los oídos de quienes gobiernan la exigencia de atención y justicia de las madres buscadoras, que están hartas de la indiferencia y omisión de las fiscalías o de los jueces corruptos y burocráticos, que no juzgan con perspectiva de género.
Ellas marcharon porque sufren violencia física, verbal o emocional, porque están hartas de los insultos o de que las tundan a golpes. Ellas tienen derecho de decidir sobre sus relaciones sexuales y no “ceder” sólo porque son esposas, novias o “sus mujeres”. Exigen que sus padres y hermanos las respeten.
Sólo durante enero y febrero de 2023 se registraron, al menos, 147 asesinatos de mujeres con crueldad extrema. Esta cifra representa un promedio de más de 18 casos cada semana y 2.5 cada día, según la organización Causa en Común. Las entidades con más casos fueron Baja California, Oaxaca, Chihuahua, Guanajuato y Guerrero.
Ellas, las mujeres y niñas con discapacidad rodaron sus sillas de ruedas por las calles de difícil acceso para desafiar la discriminación, gritar por la inclusión y la libertad. Exigen su derecho a tener una vida independiente y de respeto. Son poderosas, no invisibles.
Y junto a ellas caminaron las que sufren violencia verbal, porque desde el poder las llaman conservadoras o fifís. Marcharon para demostrar que son de conciencia libre, que nadie las manipula y que no buscan privilegios —pensar lo contrario es producto del pacto patriarcal—, y para exigir que el Estado garantice los derechos constitucionales a la educación, salud, empleo y vivienda digna.
Y en la marea morada también iban las madres que esta vez utilizaron el chat del grupo escolar para organizar su contingente, porque quieren lo mismo que todas: un México en el que se combata a la delincuencia.
Y las activistas del bloque negro que golpean vallas metálicas, lanzan gases de colores violetas, verdes y rosas, pintan de rojo y negro los muros, marchan porque han hecho suyo el hartazgo, la frustración y la tristeza de quienes perdieron a sus hijas, madres o hermanas en este México violento, olvidado por las autoridades y gobernantes que prometieron seguridad, paz, justicia e incumplieron.
Y sí, sí son arropadas por mí y por el resto de las marchistas porque han hecho suya la Canción sin miedo de Vivir Quintana:
Que tiemble el Estado, los cielos, las calles
Que tiemblen los jueces y los judiciales
Hoy a las mujeres nos quitan la calma
Nos sembraron miedo, nos crecieron alas.
A cada minuto, de cada semana
Nos roban amigas, nos matan hermanas
Destrozan sus cuerpos, los desaparecen
No olvide sus nombres, por favor, señor Presidente.
Por todas las compas marchando en Reforma
Por todas las morras peleando en Sonora
Por las comandantas luchando por Chiapas
Por todas las madres buscando en Tijuana…
Calladas, vigilantes, pero con el corazón o la conciencia violeta estaban ahí las mujeres policías, las que simpatizan con la causa y que, si no fuera por el deber encomendado, estarían ahí, marchando con ellas, porque en sus corporaciones también hay abuso, violencia, acoso y bajos salarios.
- Ellas marchan, todas, para desafiar al pacto patriarcal, al machismo, a la inseguridad, a la injusticia y seguirán gritando hasta que ya no sea necesario, hasta que las hijas o nietas de Simone y Julietita caminen tranquilas y lleguen a casa sin miedo.
