Dóciles

Morena lo está haciendo muy bien. Debe reconocerse la disciplina y lealtad de los legisladores, secretarios de Estado, gobernantes de ese partido y de los aliados. Levantan el dedo, votan, discuten, repiten frases, arremeten contra el adversario y cambian tarjetas, ...

Morena lo está haciendo muy bien. Debe reconocerse la disciplina y lealtad de los legisladores, secretarios de Estado, gobernantes de ese partido y de los aliados. Levantan el dedo, votan, discuten, repiten frases, arremeten contra el adversario y cambian tarjetas, papelería y propaganda al color morado en cuanto la orden viene de Palacio Nacional.

¡Qué bien! Aplausos, lo hacen exactamente como en las mejores épocas del PRI, cuando tenían el monopolio del poder. La variante es que antes se simulaba escuchar y se suscribían pactos de unidad para la economía, empleo, seguridad, gobernabilidad, etcétera. Hoy, se tiene un Ejecutivo federal que no escucha, impone; que no respeta la opinión de los organismos de la sociedad civil ni la de los órganos autónomos ni la de las mujeres, empresarios o académicos.

México tiene un gobierno de mayoría que no negocia con nadie y menos con la oposición a la que cree moralmente derrotada (y con razón); que no cree en los parlamentos abiertos ni en consultar a los expertos.

Los legisladores de Morena y aliados tienen una disciplina envidiable (ya la quisiera Alejandro Moreno, el líder del PRI, para su militancia y expresidentes nacionales), no cuestionan ni reflexionan, no tienen voz propia. Si alguno piensa diferente, es descalificado por la jauría.

La Cámara de Diputados es el mejor escenario y la discusión de la miscelánea fiscal, el claro ejemplo para entender esa obediencia. Docilidad que sacrifica respeto, congruencia y seriedad para desbordarse en gritos, ataques verbales, burlas y descalificaciones.

La madrugada del miércoles hubo en San Lázaro jaloneos, gritos y empellones de morenistas y panistas. El zafarrancho se desató luego de que la diputada de Morena, María Clemente García se pronunció en favor de las organizaciones de la sociedad civil y pidió un plazo de un año para revisar la propuesta de deducibilidad incluida en el artículo 155 de la Ley del ISR (impugnado por los 42 diputados de la oposición, pues la reforma restará a las donaciones más de 8 mil millones de pesos).

La legisladora María Clemente, desde tribuna, dijo que como portadora de VIH ha sido beneficiaria de los servicios y medicamentos que ofrecen las organizaciones de la sociedad civil. Su testimonio no fue tomado en cuenta ni respetado por sus compañeros de bancada, por ejemplo, Leonel Godoy exigió que no haya “opositores” dentro de la bancada de Morena que pueden “confundir” a los militantes.

Cuando subió a tribuna la panista Mariana Gómez del Campo también lo hicieron diputados de Morena y del PAN, quienes forcejearon y se empujaron. La intención morenista era impedir que se argumentara en contra del polémico artículo, que impone un tope de deducibilidad para las donaciones que hacen las personas físicas a las ONG o fundaciones.

El debate político, la argumentación, la libertad de pensamiento y expresión se sepultó bajo la descalificación, gritos y empujones. El panista Jorge Triana acusó al diputado morenista Alejandro Robles Gómez de iniciar el pleito, traer aliento alcohólico y de empujar al panista Elías Lixa. ¡Vaya, pues!

Los legisladores de Morena señalaron al panista Arturo Espadas de haber iniciado los jaloneos. Robles Gómez reviró y dijo que “podrían ser los diputados del PAN, Lixa y Jorge Espadas, quienes debieran pasar el alcoholímetro”.

Cuando subió a tribuna Margarita Zavala, la bancada de Palacio Nacional y sus aliados empezaron a gritar: “¡Traidora!, ¡fuera, ABC! ¡Guardería ABC!”. Arropada por sus compañeros del PAN (lo que no hizo Morena con María Clemente) continuó su posicionamiento y los oficialistas le dieron la espalda.

La bancada de la 4T cumplió. Desgastó el debate y logró que se aprobara la reforma al artículo 155 de la Ley del ISR. Un golpe a las organizaciones de la sociedad civil y otro paso para eliminar los contrapesos.

Los diputados obedecieron la instrucción y con ello asfixiarán a las organizaciones que señalan las fallas y omisiones de gobierno, que con su labor ayudan a los más desprotegidos, como las que luchan contra el cáncer, cáncer de mama, VIH-sida, las que dan refugio a mujeres violentadas, las que arropan a niños sin educación o escuela, que promueven la inclusión y hablan de parálisis cerebral, síndrome de Down o autismo.

La espalda se da a la población vulnerable que se beneficia de ese trabajo altruista. Pero la 4T golpea a las organizaciones, porque las desprecia, le estorban, porque “le quitan el monopolio de la dádiva social o el fomento a actividades culturales o científicas. Él quiere ser el único benefactor…”, como escribió María Amparo Casar el pasado miércoles en estas páginas de Excélsior.

En las próximas discusiones del Congreso —pues viene Presupuesto de Egresos y reforma eléctrica—, veremos si los legisladores de Morena responden a los intereses del pueblo, privilegian la negociación y los acuerdos o continúan siendo dóciles.

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