Barbarie
En algunos grupos criminales, el adiestramiento a menores de edad lo dan desertores del Ejército o la Marina.
Jorge, un adolescente que a los 12 años fue reclutado por la delincuencia organizada, recibió seis meses de “entrenamiento” para ser parte del cartel. Lo llevaron a la sierra y le asignaron un perro recién nacido para su cuidado, un mes después le pidieron que lo matara.
El grupo delictivo lo obligó después a presenciar una especie de “pelea de gallos humana”, que no termina hasta que alguno de los jóvenes, incluso niños, mueran. El objetivo: la deshumanización, que Jorge vea las vidas de las personas como números u objetos.
La organización civil Reinserta acompañó el proceso de reinserción de Jorge, una víctima de la ausencia del Estado de derecho. También recogió 68 testimonios para elaborar el estudio titulado Niñas, niños y adolescentes reclutados por la delincuencia organizada, una radiografía macabra de la violencia que se registra en este sector de la población en nuestro país desde hace muchos años.
Entre los 14 y 29 años de edad comienza el “adiestramiento” como sicarios y consiste en realizar y experimentar ellos mismos prácticas de tortura, cuyo único objetivo es que los reclutados pierdan el miedo a matar y sin sentirse mal.
“Cuándo se mete la contra (el grupo delictivo adversario) o cuando está bien caliente la plaza es cuando se roban a los jóvenes para meterlos a trabajar. Así van a otra ciudad, a otras colonias, a robarse personas. Los secuestran y los meten a trabajar y los que no quieren, pues los matan”. Es el testimonio de Andrés, quien fue testigo del reclutamiento forzado.
Otro adolescente relató haber sido reclutado contra su voluntad, pues un familiar que debía dinero al narco fue asesinado y como la deuda no se paga sola, amenazaron de muerte a toda su familia. No tuvo opción, este joven tuvo que tomar el lugar de ese familiar y pagar la deuda trabajando para la célula delictiva.
En los adiestramientos —de acuerdo al estudio de Reinserta— les enseñan a “reventar” casas (saquearlas, quemarlas); técnicas de desmembramiento de cuerpos humanos, para evitar que se desangre la víctima y retardar la muerte; a matar, a decapitar, a “cocinar” cuerpos (disolver en ácidos); a cargar armas y a sobrevivir en condiciones adversas con muy poco alimento y agua.
Los lugares que se utilizan para el entretenimiento están en los montes y las sierras, para que no puedan ser ubicados por las autoridades y donde las condiciones son lo suficientemente duras para que los jóvenes aprendan a sobrevivir.
En algunos grupos criminales, ese adiestramiento lo dan los desertores del Ejército o la Marina:
“Mi comandante era el encargado de esa zona, me llevó a cortarle la mano a un muchacho, casi me quería desmayar, me dio la pálida, me dijo que era normal…”, relata Susana.
El crimen organizado los amenaza, intimida, manipula y los explota. Si los reclutados de manera forzada se niegan a participar, los matan, no hay más, según lo documentó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos desde 2015.
Las tareas que realizan son informar, hacer mandados, labores de limpieza, observar, transportar o armar paquetes de droga, portar armas, secuestrar, asesinar y “cocinar” cuerpos. También fungen como guardaespaldas, detectan minas o vigilan a los secuestrados.
En la investigación La infancia: objetivo de grupos delincuenciales, la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) documenta que los menores de edad reclutados son utilizados para los secuestros, porque si los detienen son desechables; la delincuencia organizada no busca que crezcan ni se conviertan en los nuevos capos o hagan crecer el negocio, son simples instrumentos para alcanzar fines delictivos.
El reclutamiento forzado de jóvenes por grupos criminales ha ido en aumento y la falta de políticas públicas para combatirlo provoca que la práctica se lleve a cabo de manera sistemática y sin consecuencias reales para los grupos delictivos.
Las investigaciones de REDIM y Reinserta nos ayudan a conocer el origen de esta violencia atroz, el cómo y el por qué crece; explican los factores, las consecuencias y delinean las puertas de salida. Es una lástima que ninguna autoridad encargada de procurar la justicia haga algo.
¿Seguiremos siendo testigos de la crueldad con la que operan esos grupos criminales?, como sucedió con Roberto, Diego, Uriel, Dante y Jaime (los cinco jóvenes que fueron reportados como desaparecidos el pasado 11 de agosto en Lagos de Moreno).
¿Por qué permiten las autoridades que nuestros jóvenes sean secuestrados, torturados y humillados? No puedo olvidar el miedo, dolor y angustia que su mirada reflejaba mientras eran sometidos. Esa foto y ese video fueron difundidos para causarnos terror, para demostrarnos que los cárteles de la droga controlan gran parte del territorio del país. Y de esto nada, ni una sola palabra desde Palacio Nacional, a pesar de que los hechos violentos registrados todos los días rompen la narrativa gubernamental.
La omisión y la impunidad son el abono de esta hiedra venenosa llamada crimen organizado, que en los últimos años aterroriza a la población, somete, corrompe y usa a las autoridades de gobierno.
