Inocentadas

El año 2016 será recordado, entre otras muchas razones, porque fue cuando todo diciembre se convirtió en Día de los Inocentes. Y lo digo en el sentido más amplio del término. No sólo el de las notas falsas que se hacen pasar por verdaderas para vacilar a incautos, ...

El año 2016 será recordado, entre otras muchas razones, porque fue cuando todo diciembre se convirtió en Día de los Inocentes.

Y lo digo en el sentido más amplio del término. No sólo el de las notas falsas que se hacen pasar por verdaderas para vacilar a incautos, sino también por la típica broma de pedir prestado para no devolverlo nunca. Lo malo de esta última acepción es que, en nuestra realidad cotidiana, poco o nada tiene de graciosa.

Está, por ejemplo, Veracruz: no empezamos el mes con la noticia bomba que prometió el nuevo gobernador, sí, esa que iba a “cimbrar”, pero sí nos enteramos de una buena y una mala. La primera: que se lograron recuperar ya mil 200 millones de pesos sustraídos por la anterior administración. La segunda: que el desfalco supera ¡los cien mil millones de pesos!

Como si faltaran botones de muestra del saqueo sufrido por la entidad, ahí tenemos la reciente denuncia del nuevo mandatario estatal Miguel Ángel Yunes sobre la forma anómala en la que opera la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV), creada por su antecesor, Javier Duarte. Y no me refiero tanto a la presunta emisión de 100 mil certificados de estudio irregulares, sino al modus operandi de una institución que operaba con recursos públicos, pero cuyos ingresos no eran entregados a la entidad, sino a una fundación privada administradora de un fideicomiso. ¿Cuántos estudiantes y sus padres habrán sido víctimas de esa inocentada nada inocente?

A reserva de conocer el tamaño en pesos y centavos de este esquema de caja chica, muy probablemente no sería mayor al que se estaba cocinando en la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, para que en la nueva Carta Magna local quedara establecido que el gobierno capitalino pudiera apropiarse de las plusvalías generadas por nuevas edificaciones en la metrópoli.

Supuestamente, la intención es que se cobrara una aportación a las constructoras de inmuebles que edificaran en zonas de la capital donde el valor del suelo se elevó como consecuencia de la inversión pública. Esta pretensión existía en la imaginación de quienes la argüían, pues, tal como estaba redactado, el artículo 21, apartado C, numeral 7 decía: “Los incrementos en el valor del suelo derivados del proceso de urbanización se considerarán parte de la riqueza pública de la ciudad. La ley regulará su aprovechamiento para restaurar los ecosistemas y las zonas degradadas de la ciudad”.

No fueron pocos quienes leyeron aquí la intención de confiscar el aumento en el valor de las casas generado por obra pública que, de cualquier forma, se financia con el pago de impuestos. Como la inconformidad creció cual bola de nieve, el gobierno capitalino decidió retirar ese polémico artículo. Y justo en el momento que eso ocurría, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó una Ley de Vivienda cuyo artículo 94 facultaba al gobierno capitalino a “captar” las plusvalías generadas por las acciones urbanísticas y destinarlas, entre otras cosas, a mejorar el espacio público y construir vivienda popular. La misma gata, pues.

Por lo pronto, ambas asambleas han metido reversa a tal pretensión, aunque hubiéramos deseado que la rectificación fuera producto de un trabajo legislativo responsable y no de la presión de una opinión pública que se manifestó en redes sociales para evitar que se cometiera un atraco.

Hey, ¿dije “trabajo legislativo responsable”? Qué inocente me vi. ¿Cómo pedir eso justo cuando senadores perredistas hicieron gala de su seriedad durante una posada en la que apalearon una piñata de Donald Trump, al que le endilgaron la impresentable porra futbolera del “eeeeh, putooooo”?

¿Cómo demandarle a una clase política que esté a la altura del complejo momento político que vive el país si su manera de “dar nota” no es con una iniciativa que se adelante a las dificultades que se avecinan, sino porque el rostro de cada uno de los senadores quedará plasmado en gelatinas como regalo de Navidad? ¿Será una involuntaria metáfora sobre la consistencia de su compromiso con la nación? 

En momentos como éste, en los que las notas que parecen broma están lejos de hacernos reír, suena a brisa refrescante la fiesta de 15 años que tendrá el próximo 26 de diciembre —en vísperas del Día de los Inocentes— la joven potosina Rubí, la noticia más increíble que hayan generado las redes sociales, a partir de una inocente invitación enviada por Facebook que ya ha merecido la aceptación —al menos virtual— de más de un millón de posibles asistentes.

No olvidemos al año viejo, que no nos ha traído cosas muy buenas, pero al menos ya nos dejó una chiva…

Twitter: @Fabiguarneros

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