Bolitas

Los hombres de negocios decidieron adelantarse al Congreso y aportaron su granito de arena

Entretenidos como están los partidos en sus pleitos internos, ninguno de ellos reparó en el coscorrón público que les puso la cúpula de los hombres de negocios.

El pasado martes, los integrantes del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) firmaron su Código de Integridad y Ética Empresarial, encaminado a prevenir y eliminar actos de corrupción en el sector privado, con la convicción de que este flagelo es uno de los factores que amenazan la salud financiera de las fuentes generadoras de empleo en el país.

Desarrollado en 12 principios, el documento promueve que las empresas apliquen políticas efectivas para erradicar y prohibir prácticas corruptas y establecer herramientas que faciliten la transparencia, la integridad en las inversiones y en las relaciones de negocios, la aplicación de controles de verificación y el compromiso con la cultura de la honestidad, todas ellas completamente congruentes con los propósitos enunciados en el título del documento.

Llama la atención el Quinto Principio, titulado “Transparencia en la prohibición de aportaciones con fines políticos” y que dice textualmente: “Las empresas deberán evitar, en cumplimiento de la ley, la realización de aportaciones o donativos, directa o indirectamente, a partidos políticos, campañas electorales y a cualquier persona física o moral, asociación, organismo, sindicato o cualquier otro tipo de entidad pública o privada, relacionados con actividades políticas, ya sea en México o en cualquier otra jurisdicción en la que operen”.

Se entiende que el espíritu de este principio es evitar que la política se ponga al servicio de intereses particulares y que ese compromiso quede establecido por inyecciones interesadas de dinero a determinados candidatos, un precepto cuidado incluso desde la ley, que privilegia el financiamiento público a las campañas y pone topes a las aportaciones privadas de militantes y simpatizantes.

Pero, si como se ha dicho, este espíritu ya está en la norma electoral, ¿por qué incluirlo en un código de ética empresarial? La redacción sugiere que es al contrario: en realidad se busca poner a las compañías a salvo de las perversiones de la política, entendida ésta no como actividad noble de servicio público, sino como la oportunidad de unos cuantos vivales de volverse ricos a costa del erario. El tono pareciera ser el de: “Protéjanse, no se contaminen”.

No les faltaría razón. Frente a los ya sobradamente documentados casos de colusión entre autoridades y delincuentes como el de Ayotzinapa (y dejemos que el tiempo destape los que seguramente habrá detrás de la trágica explosión del jueves en el Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa), los partidos políticos han dejado en puro bla bla la concreción del sobadísimo sistema nacional anticorrupción, uno más de los pendientes que supuestamente habrán de abordar en el periodo ordinario de sesiones que arranca hoy.

Sin mayor atribución legal para intentar otra cosa, los hombres de negocios decidieron adelantarse al Congreso y aportaron su granito de arena. ¿Y los partidos? Bien, gracias. Divertidos con el espectáculo epistolar brindado por el expresidente Felipe Calderón y su excolaborador Juan Molinar Horcasitas. Un debate pródigo no en ideas, proyectos de nación, de partido o de plataformas de gobierno, sino de adjetivos, invectivas, reproches y revanchismo, en donde lo que está en juego no es el ideario que ofrecerán a los mexicanos para superar las múltiples crisis que se asoman, sino la disputa por ver quién realmente palomea y coloca a los suyos en las listas de candidatos.

Y peor aun, se trata de ver si en efecto el exmandatario se caracteriza por su “intemperancia”, “aislamiento” y “rencor” o si el exdirector del IMSS se distingue por su “amargura”, sus “mentiras” y su “invención literaria” (curiosa frase, por cierto, la de Molinar Horcasitas cuando le dice a Calderón que están a mano “porque yo también aporté mi cuota para que llegaras a la Presidencia”; supongo que no se refiere a un donativo para la campaña).    

Hace unas semanas hablaba justo de cómo la agenda política está concentrada en las fisuras partidistas. ¿A quién le interesa plantear una agenda parlamentaria para los próximos tres años, en un contexto de amenazas a la economía que debiera servir para “cerrar filas”, como les gusta decir a los demagogos? ¿Al PRI, atentos como están a los enroques y desplazamientos que dejen en la administración pública quienes aspiren a una gubernatura o a ser parte de las listas de aspirantes a una curul en San Lázaro? ¿Al PRD, experto en el chapulineo, pero temeroso, como dijo su líder, de que haya fuerzas que hasta a punta de tuitazos busquen “destruir” y “desaparecer” a ese “partido”?

Vamos, ¿ya hubo alguien que siquiera por cortesía saludara la iniciativa del CCE como una aportación saludable para la erradicación de la corrupción, tema que supuestamente ocupará su atención en los próximos días? ¿Habrá alguien fuera del ring que se decida por un minuto a pensar en el país en serio?

Si lo que el empresariado quiso expresar en el Quinto Principio de su código de ética fue su hartazgo respecto de las prácticas políticas imperantes, la razón le asiste. Parafraseando a Calderón, las preocupaciones ciudadanas sólo han servido para que los políticos jueguen a la guerra arrojándose bolitas de papel.

                Twitter: @Fabiguarneros

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