Vigencia de las peregrinaciones religiosas
Uno de los ejemplos dentro del pueblo judío de la práctica de la peregrinación en masa se puede ubicar en la corriente jasídica de los seguidores de un rabino llamado Najman de Breslav, quien murió a principios del siglo XIX en territorio de la actual Ucrania.
Dicen que la fe mueve montañas, pero es innegable que también mueve multitudes, en el sentido literal de la palabra. Cada tanto millones de personas se dirigen en masa a lugares que les son entrañables e importantes para darles significado a sus vidas, así como esperanza, consuelo, identidad y sentido de pertenencia respecto a un colectivo determinado al que sienten afín y solidario, un colectivo que es, de algún modo, espejo de sí mismos.
Los millones de mexicanos que año con año se dirigen a la Basílica de Guadalupe cada diciembre en carros, camiones, bicicletas, a pie o de rodillas, participan de un ritual colectivo que, por más agotador que sea, constituye una inyección de energía, un sentimiento de misión cumplida y un estímulo espiritual que les permite seguir adelante, a pesar de todas las penurias, dolores y catástrofes vividas y por vivir.
Esa experiencia de fervor que atestiguamos los mexicanos, se da igualmente en múltiples entornos, entre ellos el musulmán y el judío. El cumplimiento del Hajj o peregrinación a la Meca, uno de los siete pilares del islam, constituye el mandato que lleva cada año a millones de fieles a viajar a Arabia Saudita para cumplir con los rituales preestablecidos en su canon. Realizar el viaje al menos una vez en la vida aparece en la legislación islámica como una misión sagrada, por cuyo cumplimiento se sacrifican por años a fin de sufragar el gasto que implica.
En estas semanas de septiembre, los miembros del mundo musulmán chiita se movilizan hacia Irak, específicamente hacia la ciudad de Karbala, donde reposan los restos del imam Hussein ibn Ali, asesinado en el siglo VII D.C. La peregrinación se celebra para marcar los 40 días posteriores a la fecha del martirio de ese personaje, a quien se considera el fundador de la corriente chiita del islam. Cumplir con esta cita denominada Arbain (40 en árabe) es también un mandato autoimpuesto entre millones de chiitas que en estos días están llegando a Irak. Desde Irán, cuya población es mayoritariamente chiita, han cruzado millones, aunque Afganistán y Yemen son también naciones desde las que salen peregrinos pertenecientes a la corriente chiita. Hasta el momento, cinco millones han ingresado a Irak. La cantidad es tan abrumadora que hasta el día de ayer prevalecía un cierre temporal de fronteras, a fin de que, cuando muchos de los que han llegado vuelvan a sus países, haya oportunidad y espacio para recibir al resto que espera turno para dirigirse a Karbala. Todo lo cual significa un desafío logístico de dimensiones descomunales para las autoridades iraquíes que de por sí se hallan en condiciones conflictivas e inestables desde las elecciones generales de hace casi un año que no han logrado gestar una nueva coalición gobernante.
Por otra parte, uno de los ejemplos dentro del pueblo judío de la práctica de la peregrinación en masa se puede ubicar en la corriente jasídica de los seguidores de un rabino llamado Najman de Breslav, quien murió a principios del siglo XIX en territorio de la actual Ucrania. En la localidad denominada Uman se halla su tumba, por lo que cada nuevo año del calendario judío, que en esta ocasión será la próxima semana, decenas de miles de fieles de esa secta viajan a Uman a llevar a cabo los rituales religiosos propios de la celebración del principio del año.
Los dos años de la pandemia fueron muy problemáticos para efectuar el viaje, ya que tanto las autoridades israelíes como las ucranianas intentaron prohibir el tránsito de un país al otro. Sin embargo, aunque con menor afluencia, las peregrinaciones se efectuaron con no pocas complicaciones sanitarias. En este 2022 los gobiernos de Ucrania, Israel e incluso Rusia han anunciado que la situación bélica prevaleciente constituye un riesgo importante para los peregrinos, por lo que los exhortan a cancelar. Una buena parte de los 50 mil que acostumbraban viajar se ha resignado a no ir y se calcula que esta vez sólo emprenderán el viaje entre ocho y quince mil.
El fervor religioso llevado al extremo es uno de los más importantes factores que explican esa tozudez. Para la base dura de los seguidores de Breslav no hay duda, ir a Uman cada año es uno de los compromisos a los que se apegan con férrea convicción. Su consigna, tal como alguno de ellos lo ha declarado, es que “…mientras más prohibido o difícil sea el visitar la tumba del venerado rabí, quien lo logra es más apreciado como su fiel seguidor, ya que se ha estado dispuesto a superar todos los obstáculos”. La experiencia demuestra que ese razonamiento está en la base de la decisión de quienes, sea cual sea la fe que profesen, sacrifican su salud o hasta su propia vida, con tal de cumplir con el recorrido que los acerca al objeto de veneración al cual se acogen con tanta devoción.
