El peculiar caso de Emiratos Árabes

Notable ha sido que en la guerra que libran Estados Unidos e Israel contra Irán, el régimen de los ayatolas haya reaccionado desde el primer día lanzando una lluvia de misiles y drones contra los países árabes del golfo Pérsico, a los cuales continúa atacando tras casi tres semanas de estallada la guerra. La primera explicación que se dio de ello fue que Irán calculó que la reacción de sus hermanos árabes bajo fuego sería la de presionar de inmediato al gobierno de Trump a poner fin a la guerra, lo cual evidentemente no ocurrió. En consecuencia, los proyectiles han seguido cayendo, no sólo contra bases militares estadunidenses asentadas en varios de esos países, sino contra blancos indiscriminados, como aeropuertos y centros urbanos.

Un dato al que no se ha prestado mucha atención es que, aunque Israel es a ojos iraníes el principal enemigo a combatir, la mayor cantidad de misiles y drones lanzados desde tierras persas no han estado dirigidos hacia el Estado hebreo, sino que Emiratos Árabes Unidos (EAU) ha sido el mayor receptor de dichos proyectiles, a pesar de no existir entre Teherán y Abu Dhabi ningún diferendo particular. Hasta este momento y gracias a la tecnología avanzada con la que cuenta, EAU ha logrado neutralizar con éxito casi la totalidad de las andanadas de misiles iraníes, registrando menos de una decena de víctimas mortales.

¿Por qué tanta fijación y encono del régimen iraní hacia Abu Dhabi? Una primera respuesta radica en la participación central de éste en los Acuerdos de Abraham, que implican no sólo el reconocimiento de este pequeño y rico emirato a la legitimidad de la existencia del Estado de Israel, sino sobre todo una colaboración estrecha entre ambas partes en toda una serie de áreas: comercio, negocios, intercambios culturales y de tecnología, turismo y un largo etcétera más. A ello se agrega que Abu Dhabi ha ingresado a la órbita occidental mostrando un espíritu emprendedor pujante, sin por ello traicionar su apego a la cultura árabe y su fiel práctica del islam, un islam capaz de convivir en armonía con la diversidad de prácticas religiosas con las que interactúa.

Justo en esto último es donde radica la segunda respuesta a por qué tanta ira de los ayatolas contra Emiratos. En la medida en que éste ofrece un perfil como el arriba descrito, constituye un ejemplo que desafía y deja muy mal parado al modelo de nación que ha caracterizado a la Revolución Islámica Iraní desde hace 47 años. Ambas naciones –Irán y Emiratos– fueron bendecidas con una inmensa riqueza petrolera, pero ha sido muy distinto cómo cada una de ellas la ha utilizado. En el caso iraní ha sido patente que los inmensos recursos naturales a su disposición han sido dilapidados en un armamentismo desaforado, en la obsesión por hacerse de bombas atómicas, en la promoción de proxys regionales con la misión de ser instrumentos para la realización de actos terroristas contra intereses israelíes, judíos y occidentales, siempre en nombre de una ideología islamista radical cargada de fanatismo ciego.  

La prosperidad impactante de Dubai, la funcionalidad de sus aeropuertos ultramodernos y el flujo incesante de millones de visitantes asombrados por lo que ahí ven contrasta con las escenas terribles de represión del régimen iraní y con las penurias experimentadas por su población, cuya gran mayoría aspira a deshacerse del yugo de sus clérigos, políticos y militares para los que la cultura de la muerte a nombre de la fe está por encima de cualquier otro valor. La intensidad de las agresiones actuales de parte de Teherán a EAU revelan el profundo trastorno que a los ideólogos del fundamentalismo chiita iraní les causa la existencia de una nación árabe con las características de EAU.  Porque, evidentemente, representa todo lo que ellos condenan como perverso y equivocado, como contaminado y abyecto, y sin embargo no hay manera de desconocer que ese pequeño emirato se ubica en el escenario internacional como un ejemplo de estabilidad, integración exitosa en los mercados globales, tolerancia a la diversidad y claridad en sus objetivos de desarrollo. Su mera existencia es, en síntesis, una especie de bofetada al régimen iraní y por ello la saña con la que se ha lanzado contra ese territorio a lo largo de estas tres semanas de guerra.