Ante las contradictorias declaraciones recientes del presidente Trump, quien un día habla de estar dispuesto a negociar con Irán un acuerdo diplomático con base en una propuesta de 15 puntos, para al día siguiente afirmar que si eso no es aceptado continuará golpeando militarmente a Irán con máxima dureza, el príncipe Mohamed bin Salman (MBS), máximo líder de Arabia Saudita, ha reaccionado exigiendo al mandatario norteamericano no claudicar y proseguir con los combates. Según el monarca, existe hoy una oportunidad histórica de recomponer Oriente Medio para estabilizar la región mediante el desmantelamiento del régimen de los ayatolas.
Los persistentes y destructivos ataques de Teherán a los países árabes del Golfo a lo largo de las cuatro semanas que dura la guerra, los han convencido de que el proyecto de exportación de la revolución islámica de los ayatolas no sólo apunta a eliminar a Israel y a extirpar de la zona la influencia occidental en general, sino que aspira también a extender su programa ideológico islamista radical de corte chiita a todo el vecindario para convertir así a Irán en el máximo poder hegemónico regional. Es evidente que tanto Arabia como Emiratos Árabes Unidos tienen muy claro que se trata de una embestida enfocada a sabotear los proyectos de modernización y acercamiento a Occidente que han estado en el centro de las políticas oficiales de estas dos ricas naciones árabes cuyas poblaciones se identifican, además, con el islam sunita y no con el chiita.
En especial, la fuerte rivalidad entre Arabia Saudita e Irán no es cosa nueva. Hay que recordar que en 2018, inmediatamente después de tomar posesión Trump de la presidencia, decidió abandonar el tratado conocido como JCPOE firmado tres años antes por Obama y cinco países más con Irán, tratado por el cual se eliminaban las sanciones a éste a cambio de su compromiso de suspender su desarrollo nuclear bélico. Curiosamente, una de las reacciones del régimen iraní a esa nueva situación fue, sin justificación alguna de por medio, bombardear en 2019 dos extensos campos petroleros en Arabia, con el resultado de que a lo largo de un mes la producción y exportación de crudo saudita se redujeron en 40%. Que Riad pagara los platos rotos por la ruptura de Washington fue, en cierto modo, una advertencia de que si bien el régimen de Teherán no podía vengarse directamente de EU, sí podía en cambio lanzarse contra sus socios y aliados en Oriente Medio mediante ataques capaces de cimbrar la estabilidad de los mercados energéticos, con la cadena de consecuencias graves derivadas de ello.
El hecho de que ni EU ni, mucho menos, los países europeos hubieran respondido en aquella ocasión en defensa de los intereses sauditas, hizo a la monarquía de MBS optar de ahí en adelante por una política de apaciguamiento hacia Irán, con lo que unos meses después aceptó una iniciativa de China –interesada en poner un pie en Medio Oriente y asegurar su abasto petrolero– para hacer las paces entre Teherán y Riad. Se reanudaron a partir de entonces relaciones diplomáticas no muy cálidas entre ambos, hasta que se desató la guerra de hace cuatro semanas, que les ha mostrado a la mayoría de los países árabes del Golfo lo bien fundado de sus temores sobre las intenciones reales de Irán.
Ser vecinos de Irán y enfrentar la lluvia de misiles que sin misericordia les han estado cayendo, les ha confirmado lo que pueden esperar de él en el futuro si el régimen sobrevive y eventualmente recupera su fortaleza. A diferencia de gobiernos y públicos occidentales, europeos y americanos, y como conocedores desde dentro del mundo del islam, MBS y sus homólogos en los Emiratos saben bien que el régimen de la Revolución Islámica opera a partir de visiones apocalípticas profundamente fanáticas para las cuales la exportación o imposición mediante la fuerza de la versión del islam que ahí se profesa, es su razón de ser, su motor existencial, sin importar el costo que ello implique. Haber asesinado en un mes a 30 mil de sus ciudadanos por protestar, o tener y lanzar misiles a cuatro mil kilómetros de distancia, como sucedió con su ataque a la base de Diego García en el Océano Índico, son realidades que revelan por qué MBS le pide a Trump que no detenga los combates.
