Trump: política exterior electorera
Los líderes de las grandes potencias se han distinguido por llevar a cabo políticas de hegemonía o envergadura global y, cuando son estadistas, poseen visiones a futuro, no sólo con relación en la preeminencia externa de sus estados, sino a una agenda global relativa a ...
Los líderes de las grandes potencias se han distinguido por llevar a cabo políticas de hegemonía o envergadura global y, cuando son estadistas, poseen visiones a futuro, no sólo con relación en la preeminencia externa de sus estados, sino a una agenda global relativa a la promoción del desarrollo económico y social, la democracia, el multilateralismo y a la supervivencia planetaria, entre otros temas. Evidentemente, no es el caso de Donald Trump, cuya política exterior se caracteriza por su orientación doméstica (America first) y con su particular estilo bravucón tuitero de echar brava en distintos frentes, eleva tensiones y propicia conflictos, pues tiene en la mira su reelección. Este modus operandi le ha servido para ablandar al rival y negociar ventajosamente (T-MEC), intimidar y chantajear a antagonistas irreductibles, aliados tradicionales o socios comerciales, que “se han aprovechado de Estados Unidos” (China). Conforme se acerca el proceso electoral, el magnate neoyorquino ha escalado las confrontaciones con movilizaciones militares para sacar raja electoral, y sus halcones presionan para que dicho país sea, otra vez, “policía del mundo”.
Uno de los frentes, donde ha pasado de las bravuconadas a los hechos, es el conflicto tarifario con China. Con el pretexto de que las “predatorias tácticas” de los chinos generan un desproporcionado déficit comercial y ponen en riesgo la soberanía nacional, durante casi un año Trump los ha sancionado con aranceles por 250 mmdd, y días atrás los castigó al incluir en la lista negra a Huawei, que prohíbe su acceso a componentes y tecnología estadunidense, y mandó buques de guerra cerca de las islas en disputa en el mar de China Meridional. Si bien el republicano busca ablandar a China para que ceda a las exigencias norteamericanas, cobra relevancia lo electoral: mantener vivo el apoyo del rust belt (su voto fue decisivo en el 2016) y, en general, avivar el nacionalismo contra los chinos, sin importar, por ejemplo, que los granjeros han sido los principales perjudicados del conflicto.
De los frentes externos, uno de los que son electoralmente fáciles de usar (por la polarización y las tensiones permanentes) es el Oriente Medio. El recrudecimiento de la violencia entre Hamas e Israel en Gaza sirvió electoralmente a Benjamin Netanyahu, aliado indispensable, al igual que Arabia Saudita, para el “plan de paz” estadunidense, que, entre sus objetivos, se encuentra someter a Irán y a Hamas, lo que es aplaudido por derechistas y radicales. Desde el 2018, el gobierno trumpista se retiró del acuerdo nuclear con los iraníes y, ahora, el envío de portaaviones al Golfo Pérsico es un mensaje de que cualquier ataque iraní a los intereses norteamericanos o de sus aliados (culpa a Irán de recientes ataques en el Pérsico) “será respondido por una fuerza implacable”. Empero, es en América Latina donde mejor se refleja el carácter electorero del trumpismo: el muro fronterizo, la hostilidad hacia México y los migrantes centroamericanos, el endurecimiento del embargo a Cuba y sus intentos por derrocar el régimen de Maduro responden, prioritariamente, a avivar el respaldo del exilio cubano y venezolano (Florida es clave electoralmente), los supremacistas, anticomunistas y ultraderechistas y, así, aprovechar el tinte “izquierdista” de la campaña demócrata, que insiste en juzgar al presidente.
Trump juega con fuego en política exterior, al poner en riesgo el crecimiento global (y de su nación), la paz mundial (y la seguridad de su país), y su propia reelección.
ENTRETELONES
Felicitación a Contrapunto TV por el Premio Gaviota.
