INE, el rehén

A la vista de la previsiblemente compleja elección, lo que nadie quiere hoy es ver cómo el árbitro central de la contienda es cuestionado.

Enrique Aranda

Enrique Aranda

De naturaleza política

En las próximas horas, de no haber ocurrido nada extraordinario durante la noche que fuerce un cambio de planes, los representantes de los partidos, siete, que la última semana se han negado a sentarse a la mesa del Consejo General del Instituto Nacional Electoral, y a asistir a reuniones a nivel comisiones, argumentando parcialidad de los consejeros en favor de la dupla formada por verdes y tricolores, podrían volver a sus respectivas posiciones.

Ello, esencialmente, en virtud de que, para entonces, ya la cabeza del hasta ayer titular de la Unidad de Fiscalización, Alfredo Cristalinas, reposará frente a sus cómodas poltronas y, perdón, porque para entonces —de manera oficial u oficiosa, como se quiera— el consejero presidente, Lorenzo Córdova, habrá reconocido que el INE, la más importante instancia rectora en el ámbito electoral, no es más que otro de los (indeseables) feudos de la partidocracia.

Ocho días apenas, después de iniciada la escalada contra el Instituto que, desde su origen, se define como autónomo e independiente —“no sujeto a los intereses ni a presiones de uno, tres o siete partidos”, diría alguno— parecen haber bastado para evidenciar que, si bien en algún momento los partidos, que en otro tiempo “se repartieron” la designación de la totalidad de los consejeros, se olvidaron de ello; ahora, en el peor momento para nuestra aún endeble democracia, lo han recordado.

Y es que, al margen de la opinión que sobre uno u otro de los consejeros y/o funcionarios del INE, de su actuar incluso, pueda tenerse, lo cierto es que, a la vista de la previsiblemente compleja elección federal, lo que nadie (en su sano juicio) quiere hoy es ver cómo el árbitro central de la contienda es cuestionado y, en los hechos, “puesto de rodillas” por parte de a quienes, en junio venidero, le tocará fiscalizar y calificar.

Que se exija imparcialidad y transparencia, equidad en la contienda es un derecho y una necesidad. También, en su caso, que se remueva y sancione a quien lo merezca… pero de ahí a cancelar toda posibilidad de diálogo, a poner en riesgo la institucionalidad y a sembrar desde ya la semilla de la desconfianza, hay un abismo. Ya se hizo en 2006 y las consecuencias aún están presentes… ¡hoy más que nunca!

Asteriscos

* Significativa, la presencia del presidente Enrique Peña Nieto en la sesión de la Conferencia Nacional de Gobernadores en la que el duranguense Jorge Herrera Caldera dejó la coordinación del grupo, luego de cuatro meses en que, entre otras cosas, encabezó 70 reuniones de trabajo, suscribió convenios que permitieron canalizar más de 10 mil millones de pesos al campo y, con sus pares, impulsó el reconocimiento a las Fuerzas Armadas. “Ha sido un gestor incansable… (y) ha rendido frutos para Durango”, reconoció el Ejecutivo.

* Otra vez, como parece estarse volviendo costumbre, supuestos maestros —vándalos, en realidad— hicieron de las suyas en el DF, afectando a millones de capitalinos y dañando la infraestructura urbana, el Ángel de la Independencia en este caso que, ante la (tolerante) mirada de la policía, fue pintarrajeado por encapuchados. ¿Hasta cuándo, Mancerita?

Veámonos el domingo, con otro asunto De naturaleza política.

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