El diablo siempre es la noticia
Existen muchas aventuras estúpidas que no constituyen actos delictivos. La actriz Kate del Castillo, inmadura sin duda y desbordada por proyectarse mediáticamente, ciertamente cedió a las desmesuras del Chapo Guzmán pero hasta ahora nadie ha demostrado que cometió ...
Existen muchas aventuras estúpidas que no constituyen actos delictivos. La actriz Kate del Castillo, inmadura sin duda y desbordada por proyectarse mediáticamente, ciertamente cedió a las desmesuras del Chapo Guzmán pero hasta ahora nadie ha demostrado que cometió algún delito.
No hay que equivocarse. El incidente de la actriz y también productora, así como el impacto de la singular “entrevista” que el actor norteamericano Sean Penn realizó al capo mexicano para la revista Rolling Stone, solo agregan color periodístico a la trayectoria pública de Joaquín Guzmán Loera, pues de ninguna manera constituye un delito conversar con criminales, hacerles entrevistas e incluso pactar filmar la historia de sus vidas.
Si la Procuraduría General de la Justicia tiene elementos para proceder en contra de los actores que lo haga, lo lamentable es que reputados periodistas y analistas se erijan en promotores del buen comportamiento a través de un tufo exagerado de ética y moralidad que quizá ni ellos siguen.
Y es que la fortaleza del Estado de Derecho se finca precisamente en la libertad de la población para expresarse, para escribir, comunicarse o visitar a quien se le pegue la gana, incluso si se trata del delincuente más buscado que, por cierto, pudo contactarse con los actores porque escapó de un penal de máxima seguridad gracias a la corrupción gubernamental.
Repito: la aventura de Kate del Castillo fue tan estúpida que gracias a ella la PGR pudo dar con el paradero del criminal
Ningún ciudadano está obligado a denunciar prófugos de la ley ni mucho menos a realizar tareas policiacas. Tan es así que la PGR ofrece gratificaciones millonarias (¿esas sí son legales?) disfrazadas de recompensas a quienes delaten criminales. Repito: la aventura de Kate del Castillo fue tan estúpida que gracias a ella la PGR pudo dar con el paradero del criminal e implementar los operativos armados que llevaron a su recaptura final. Circulan ya fotografías del espionaje implementado por el gobierno contra Del Castillo y Penn en la ruta seguida para entrevistarse con el Chapo, por lo cual de ninguna manera la PGR podría manifestarse sorprendida por dichos encuentros.
Es decir, que mientras la Procuraduría hacía su trabajo, tanto Kate como Sean hacían uso de la libertad que nuestro país ofrece para podernos mover e incluso elegir con quién convivir.
Sin embargo, para un sector de la opinión pública resulta inaceptable que alguien se atreva a buscarle el lado oscuro a las cosas. Impera un miedo colectivo a la posibilidad de asumir que tenemos más libertad de la que suponíamos y que esta libertad incluye, aunque no le guste a las buenas conciencias, entrevistar a un criminal o filmar la historia de su vida, para colocarnos más allá de esa ficticia división que nos hace ver solo como buenos o malos.
Sin duda hay que tener suficiente arrojo así como sensibilidad e inteligencia para aprovechar la libertad que nuestro sistema jurídico ofrece. Pero lo más importante es no temerle a ese derecho.
Dice Marc Augé que en la actualidad muchos de los fenómenos de la sociedad se deben a la ignorancia y a sus temores y que por eso mismo dan miedo. ¿Cuál es el miedo de la PGR y de esas voces que le han hecho juego a la comunicación paralela que abrió el Chapo con integrantes de la industria cinematográfica? ¿Que revele secretos de alcoba? ¿Qué filtre cómo es posible el soborno dentro del sistema carcelario y de impartición de justicia? Recuerdo el caso de censura construida para que no se escuchara en los medios de comunicación la voz de Servando González Martínez alias “la Tuta”, el escurridizo dirigente ya capturado de la Familia Michoacana primero y luego de los Caballeros Templarios, quien buscaba por todos los medios y luego lo consiguió a través de Youtube, para presentarse de otra manera ante la opinión pública.
El antropólogo francés Augé reconoce la existencia de dos tipos de miedo: los inducidos por la ignorancia y los deducidos del conocimiento. Y luego sentencia: “nada es más temible que el miedo surgido de la ignorancia”. Retomo sus palabras porque me parece que este affaire tiene que ver con ello. Es decir, la ignorancia respecto del amplio espectro de libertad que nuestro sistema jurídico nos ofrece y los temores respecto a lo que podríamos hacer con ella.
Entiendo que cada quien se hará responsable de las licencias asumidas frente a la libertad que tenemos, pero –insisto-- se está cometiendo una gran equivocación al juzgar de manera miope y moralista este affaire, cuando la atención tendría que dirigirse a saber con quién pactó el Chapo para escapar hace medio año de su celda.
La entrevista divulgada de Sean Penn, diré por último, no me parece fallida. Contiene suficiente información para hacer periodismo. Él solamente fue a pescar (a lo mejor lo pescaron a él), pero recogió material valioso para aproximarnos de otra manera al llamado “narco más buscado del mundo”. Penn y desde otra manera Del Castillo podrían haberse equivocado al dimensionar con quién se metían, pero algo queda claro: la noticia siempre la provee el diablo.
Referencia
· Augé, Marc. “Los nuevos miedos”, traducción de Alcira Bixio. Editorial Paidós, 2015, México.
@LuisManuelArell
