Lest We Forget, para que no olvidemos
El Día ANZAC representa la memoria hacia quienes han servido a Australia.
Las guerras tienen la singular característica de evidenciar lo mejor y lo peor de los seres humanos. Nada figura de manera más prominente en la memoria colectiva de la humanidad. No obstante, a lo largo de la historia, la gran mayoría de las víctimas de las guerras, combatientes y civiles por igual, han muerto sin ser objeto de reconocimiento alguno por su valentía y sacrificio. Sus experiencias individuales figuran fugazmente, sepultadas bajo la engañosa gloria que concedemos a aquellos momentos históricos de triunfo o derrota que apagaron sus vidas. A veces vemos sus nombres entre los de miles más, con frecuencia inscritos en monumentos de guerra, agrupados en una suerte de abstracción a la que se busca dotar de corporalidad de manera cómoda mediante alusiones a los restos del “soldado desconocido”.
El pasado jueves 25 de abril se conmemoró el Día ANZAC, el cual rememora el desembarco de tropas australianas y neozelandesas en Galípoli, el 25 de abril de 1915.
Esta terrible acción militar, en la cual se perdieron cientos de miles de vidas de las fuerzas del Commonwealth británico, francesas y turcas, fue sólo una de muchas durante la calamidad que fue la Primera Guerra Mundial, pero dejó una huella imborrable en los australianos y los neozelandeses que perdura hasta hoy en día. La valentía de quienes formaron parte de la Unidad de Ejército Australiano y Neozelandés (ANZAC, por sus siglas en inglés) le dio identidad a nuestras dos naciones, las cuales apenas habían emergido al inicio del siglo XX.
Hoy en día, el Día ANZAC significa mucho más que Galípoli. Le brinda a los australianos y a los neozelandeses la oportunidad de recordar a todos aquellos quienes durante las décadas subsiguientes han servido a nuestros países no sólo durante guerras sino también en operaciones de mantenimiento de la paz alrededor del mundo. Sobre todo, nos brinda la oportunidad de reflexionar acerca de la gran tragedia que es el conflicto humano y el impacto que tiene en todos, inclusive en quienes en el pasado llegamos a referirnos como nuestros enemigos.
Como mi amigo y colega de Nueva Zelanda, el embajador Mark Sinclair, enunció elocuentemente durante esta conmemoración, el Día ANZAC nos brinda una pausa para también recordar a quienes han sido víctimas del mismo odio que ha dado lugar a guerras a lo largo de la historia, pero que hoy en día con frecuencia da lugar a la brutal cobardía del terrorismo.
Los monstruos que perpetran actos barbáricos tales como los recientes ataques en Christchurch y en Colombo quizás se consideren a sí mismos héroes, pero nadie es más merecedor de ser relegado al olvido que ellos. No obstante, debemos recordar a sus víctimas, al igual que a esos héroes genuinos, ya sean soldados ANZAC o no, quienes ayudaron a forjar la historia a base de sudor y sangre sin buscar moldearla a su imagen.
Lest We Forget
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