Ocho competencias que nos competen
Entre hipotenusas, trigonometrías, álgebra y geometrías, entre otras cosas, se nos va la vida escolar. Como padres, ¿qué esperamos que aprendan nuestros hijos? Delegamos a maestros gran parte de lo que significa educar a los nuestros; cuidadores y nosotros como padres ...
Entre hipotenusas, trigonometrías, álgebra y geometrías, entre otras cosas, se nos va la vida escolar. Como padres, ¿qué esperamos que aprendan nuestros hijos?
Delegamos a maestros gran parte de lo que significa educar a los nuestros; cuidadores y nosotros como padres estamos ocupados sin darnos cuenta que aunque el niño sea el primer lugar y con medallas y triunfos, lo más importante no se está cubriendo.
Padres y madres somos los responsables de que ellos crezcan con herramientas esenciales para el desarrollo de habilidades que también ayudan a los niños a entender integralmente este mundo. ¿Pero cómo brindarles esto que nosotros quizá no hemos recibido? Lo sabemos, es verdad, pero no lo razonamos como tal, Ken Robinson escribió Escuelas creativas, y propone fomentar estas ocho competencias desde la escuela y el hogar
Curiosidad: La capacidad de hacer preguntas y de explorar el cómo funciona el mundo. Curiosidad que generalmente matamos con nuestra nula disponibilidad para responder cosas como ¿por qué un pájaro vuela? ¿Por qué abrazamos? ¿Para qué nos reímos? Y son mensajes y reflexiones que debemos de aprovechar y resolver juntos.
Creatividad: La capacidad para generar nuevas ideas y ponerlas en práctica, ésta es parte integral de nuestra condición humana y de todo progreso cultural. Dejando que en cada etapa de su vida exploren y dejen fluir la creatividad en sus juegos y su propia personalidad.
Crítica: La capacidad de analizar información e ideas y elaborar argumentos y juicios razonados. Ellos tienen derecho a ir formando su capacidad crítica y nosotros tenemos que acompañarlos y guiarlos en este proceso.
Comunicación: La capacidad de expresar pensamientos y sentimientos con claridad y confianza, para mí es una de las más básicas y necesarias. Para mí una de las más fundamentales, un niño que se sabe comunicar, tendrá garantizadas relaciones personales.
Colaboración: Partiendo de que somos seres sociales, vivimos y aprendemos en compañía de otros, la capacidad de colaborar con otros es vital para la solidez de las comunidades. Mientras crecen, entienden que es la forma en que pueden divertirse y disfrutar más, el grupo es fundamental para su historia.
Compasión: La capacidad de ponerse en los zapatos de otras personas y actuar en consecuencia. Es identificarse con lo que sienten las otras personas y en especial con su sufrimiento, su base es la empatía. El proceso inicia cuando reconocemos en nosotros las emociones de los demás. Un niño compasivo será un niño que sufra menos.
Calma: La capacidad de conectar con la vida emocional interior y desarrollar un sentido de armonía y equilibrio personal.
Son dos nuestros mundos, el interior y el que nos rodea, generalmente en la educación formal sólo se incluye el segundo, pero es esencial brindar herramientas para que las personas entiendan que nuestra forma de actuar en nuestro entorno está profundamente influida por cómo nos vemos y nos valoramos como personas. Necesaria la calma para los niños de ahora que viven rodeados de estímulos y rebasados de ideas.
Civismo: La capacidad de implicarse constructivamente en la sociedad y participar en los procesos que la sustentan.
Los ciudadanos activos son personas que conocen sus derechos y obligaciones y se involucran y logran gestar cambios para el bien común.
Recordemos que ellos son los ciudadanos del futuro, nos toca ponerles el ejemplo y empoderarlos para gestar comunidades saludables y vivibles.
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