Darla mi amor

Estábamos haciendo uno de nuestros ritualosos picnics, una costumbre que instituí en mi familia desde poco antes de que Rocco llegó al mundo. Siempre había querido tener esos momentos de libertad, aire y naturaleza en familia. De pequeña tuve una etapa de mi infancia ...

Estábamos haciendo uno de nuestros ritualosos picnics, una costumbre que instituí en mi familia desde poco antes de que Rocco llegó al mundo.

Siempre había querido tener esos momentos de libertad, aire y naturaleza en familia.

De pequeña tuve una etapa de mi infancia que mis padres fomentaban momentos familiares cerca del mar, por lo menos una vez por semana, entre risas, comidonas, amigos y la naturaleza.

Mi contexto es ahora diferente, vivo al pie de las montañas, Monterrey, un lugar con tantos contrastes que me ha permitido, a pesar de mis pesares, ser la mejor mamá que puedo ser para mi hijo.

“Hola”, se escuchaba a lo lejos mientras detectamos cómo una mujer se acercaba hacia nosotros. Rocco me miró y me dijo, ¿quién es mamá?, levanté los hombros como señal de “quién sabe”.

Ella se paró al pie de nuestro mantel y nos dijo: “qué bonito verlos aquí. Bienvenidos, ¿tú eres Rocco verdad?, tocándole la cabeza y claro —me dijo— obviaaamente tú eres la mamá de Rocco”.

“Los seguimos en redes sociales, nos gusta mucho lo que hacen. Quiero que conozcan a mi familia”. La emoción de la mujer no se disimulaba, a lo lejos se veía cómo se acercaba un papá empujando un carrito con una pequeña y en su otro brazo cargaba a un bebé.

“Él es mi esposo”. Mientras ella lo decía se le iluminaban los ojos. Conforme se iban acercando pude notar que algo realmente importante estaba pasando.

Estamos aquí en familia para darles las gracias, dijo su esposo. Rocco comía mientas miraba la situación con cara de confusión.

Yo sólo sonreía, empecé a mover mis piernas como cuando me pongo nerviosa porque no tenía certeza del momento. Me levanté para saludarlos, y fue ahí donde noté que la pequeña que estaba sentada en el carrito estaba pasando seguramente por una situación crítica.

Tenía no más de tres años, no tenía pelo, ni cejas y nos miraba emotivamente mientras sonreía.

En su mano tenía una mandarina, que ofreció a Rocco.

“Ella es Darla, es casi de la edad de Rocco, dijo su mamá, a Darla le encanta lo que come Rocco, muchas frutas y verduras, ¿verdad mi amor?

“Nosotros empezaremos a hacer picnics también, ¿verdad Darla?, la niña asintió con la cabeza, emocionada. Ya la han dado de alta y pronto saldremos al parque como ustedes.

Mi cara de incredulidad fue tal que tuve que voltear la cabeza de un lado a otro varias veces como para sacudir la información y dejar que se volviera a acomodar para que mi cerebro la recibiese.

La mamá de Darla me tomó de la mano y me dijo: “Seguimos todos tus pasos con Rocco, e intentamos replicarlos, dentro de nuestras posibilidades. Gracias por todo lo que haces para tu hijo, para nosotros ha sido una luz en el camino, nuestra Darla está teniendo esperanza y vida digna.

“Nunca nadie nos dijo que la alimentación de mi hija podría salvarle la vida.”

En esta última parte se le escuchaba un tanto decepcionada.

Aquél momento me hizo caer en cuenta de que dejándonos ser quienes somos y abriéndonos al compartir podemos obtener algo que no se compra ni con el billete más alto. Amor y agradecimiento. A Darla y su familia, gracias totales por su compartir y darnos lugar para que nuestro corazón se ensanche.

Escucha nuestro podcast en www.robleswelch.com.

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