Hasta encontrarles

La justicia en México es como una ruleta en la que las víctimas frecuentemente pierden.

En México, más de 115 mil familias viven con una incertidumbre insoportable: la desaparición de un ser querido. No hay respuestas, no hay justicia, y el Estado, lejos de garantizar el derecho a la verdad, ha fallado en su deber más básico: proteger la vida y la dignidad de su gente. Ante esta omisión, son las propias familias quienes han asumido la responsabilidad de buscar, de escarbar la tierra con sus propias manos, de hacer el trabajo de las autoridades.

Así conocí a Jaqueline Palmeros, en medio de la incansable búsqueda de su hija Jael Monserrat, de 21 años, desaparecida el 24 de julio de 2020 en Iztapalapa. Jaqui rastreó cada pista, recuperó videos de seguridad, ubicó a los responsables y construyó un expediente que, en manos de las autoridades, se desmoronó misteriosamente. La justicia en México es como una ruleta en la que las víctimas frecuentemente pierden.

Cuatro años y medio después, en noviembre de 2024, Jaqueline encontró parte de los restos de su hija en el Ajusco, durante la Cuarta Jornada Nacional de Búsqueda. Para muchos, este hallazgo podría interpretarse como un “éxito”, pero ¿qué madre celebra encontrar a su hija de esta manera? Fragmentos de huesos regados en un terreno entre desperdicios y basura. Arriesgar la vida al descender barrancos para después enfrentarse también a la indiferencia institucional.

ZAPATILLAS, NO; TENIS, POR SI HAY QUE CORRER

Jael Monserrat creció con la conciencia de ser mujer en un país donde la violencia de género es una sentencia. “Prefiero los tenis por si tengo que correr”, le decía a su madre. Ni así pudo escapar. Ahora su mamá ha tenido que enfrentar a un sistema judicial que protege más a los perpetradores que a las víctimas. En 2023, los principales sospechosos de la desaparición de Jael fueron detenidos, pero meses después, una jueza los liberó argumentando que no era un caso de desaparición, sino de feminicidio, a pesar de que el cuerpo no había sido localizado.

¿Qué hace una madre cuando el sistema le cierra la puerta? Jaqueline y otras mujeres como ella han tenido que convertirse en investigadoras, en peritos, en rastreadoras. Sin importar las amenazas de grupos delincuenciales, el peligro, recorren terrenos baldíos, sierras y carreteras, buscando no sólo a sus seres queridos, sino también la dignidad que el Estado les ha arrebatado.

LA LUCHA DE LAS MADRES BUSCADORAS

México es un país donde buscar a un familiar puede costar la vida. De acuerdo con la ONG Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México, desde 2011, al menos 22 buscadores han sido asesinados, la mayoría mujeres, por atreverse a hacer lo que la autoridad omite. El caso más reciente es el de Sofía Raygoza Ceballos, madre buscadora de Zacatecas, cuyo cuerpo fue hallado con signos de violencia dentro de un vehículo abandonado. Pero ni las amenazas ni el riesgo de ser asesinadas como algunas de sus compañeras, las detienen. El amor de madre y la esperanza son muy grandes. Cada jornada de búsqueda es un acto de resistencia, un grito de justicia en un país que prefiere el silencio.

“SÓLO NOSOTRAS LAS ENCONTRAMOS”

Jaqueline Palmeros lo dice con rabia y con dolor: “Sólo nosotras las encontramos”. Ella misma diseñó el plan de búsqueda del lugar donde intuía que estaban los restos de su hija. El Estado ha dejado a las madres buscadoras a merced del crimen organizado y de la burocracia, obligándolas a un duelo sin tregua. Pero en su dolor, ellas han construido redes de solidaridad y resistencia. Colectivos como Una luz en el camino siguen recorriendo México, no sólo en busca de huesos, sino también de justicia. Cada madre buscadora que escarba la tierra nos recuerda que este país no puede seguir funcionando bajo la lógica del olvido. Porque si el Estado no busca, si la justicia no llega, si el silencio se impone, entonces ¿qué nos queda? Nos queda la certeza de que mientras una madre siga de pie, la memoria no se extinguirá. Ellas seguirán buscando. Hasta encontrarles.

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