Eso que llaman amor…

“Eso que llaman amor es trabajo no pagado”, escribió Silvia Federici. Lo dijo hace años en un contexto de lucha y sigue siendo una radiografía del presente. En México, millones de mujeres sostienen la vida cotidiana con su tiempo, su cuerpo y su energía, sin que ...

“Eso que llaman amor es trabajo no pagado”, escribió Silvia Federici. Lo dijo hace años en un contexto de lucha y sigue siendo una radiografía del presente. En México, millones de mujeres sostienen la vida cotidiana con su tiempo, su cuerpo y su energía, sin que ese esfuerzo se reconozca ni se remunere. Cuidar, cocinar, limpiar, acompañar: tareas esenciales que siguen escondidas bajo el disfraz del “amor” o de la “vocación femenina”.

En el contexto del Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, proclamado el 29 de octubre por la Asamblea General de las Naciones Unidas, hablemos de cifras: según la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022, más de 58 millones de personas en el país requieren algún tipo de cuidado. Sin embargo, 75% de quienes cuidan son mujeres, y la mayoría lo hace sin recibir un peso. Ellas dedican, en promedio, 38 horas semanales a tareas de cuidado no remunerado, frente a las 25 horas que dedican los hombres. Casi una jornada completa adicional cada semana. Es tiempo que sostiene el funcionamiento del país.

Si ese trabajo “invisible” se pagara, equivaldría a más de 20% del PIB. El cuidado es, literalmente, la base del sistema: permite que millones de personas puedan trabajar, estudiar o simplemente vivir. Sin cuidados, el mundo se detendría. Pero el sistema sigue actuando como si ese trabajo no existiera.

Las sociedades han delegado en las mujeres la responsabilidad del cuidado, llamándolo “instinto”, “obligación” o “amor”. Mientras tanto, los Estados han recortado servicios públicos, las empresas han externalizado responsabilidades y las familias han sobrevivido gracias al esfuerzo no remunerado de madres, abuelas, hijas o hermanas.

Muchas mujeres no pueden estudiar, trabajar o tener tiempo libre porque deben cuidar. En México, casi la mitad de las mujeres en edad de trabajar están fuera del mercado laboral por estas tareas, frente a sólo 5% de los hombres. La desigualdad de género se alimenta del trabajo no pagado.

POCO A POCO

Con el impulso de ONU Mujeres, diecisiete países de América Latina están construyendo sistemas nacionales que reconozcan el cuidado como una responsabilidad pública y compartida. En ciudades como Bogotá, Buenos Aires, Quito o Santiago ya existen redes de servicios de cuidado que combinan atención infantil, centros para personas mayores y apoyo a cuidadoras.

En México, el ejemplo más reciente lo dio la Ciudad de México, que acaba de anunciar un Sistema Público de Cuidados. Con una inversión de unos 12 mil millones de pesos en seis años, prometen crear más de mil espacios: guarderías, casas de día, comedores comunitarios, lavanderías gratuitas y centros de formación en masculinidades corresponsables. Además, 45 mil personas cuidadoras recibirán apoyo económico. Es un paso importante hacia un modelo de ciudad que cuida a quienes cuidan. Veremos.

Invertir en cuidados no sólo reduce la desigualdad de género, también impulsa el crecimiento económico. De aquí a 2035, la economía del cuidado podría generar hasta 300 millones de nuevos empleos en el mundo, la mayoría para mujeres. Los cuidados no son un “gasto social”; son infraestructura económica esencial.

La realidad es que para que eso sea posible es necesaria una suma de esfuerzos, no sólo políticas públicas, necesitamos además un cambio cultural. Romper con la idea de que cuidar es una tarea femenina. Exigir licencias parentales igualitarias, horarios laborales flexibles, educación en corresponsabilidad. Entender que el tiempo propio, el tiempo libre, también es un derecho.

Federici tenía razón: eso que llamamos amor es, muchas veces, trabajo no pagado. Reinventemos el amor y el cuidado desde la justicia, el reconocimiento y la dignidad. Porque cuidar tampoco es un sacrificio, es una forma de sostener la vida.

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