Resultados históricos en la lucha contra la pobreza

La tarea inmediata es consolidar un sistema de bienestar integral

Por Cuauhtémoc Ochoa Fernández

El miércoles 13 de agosto, el Inegi difundió un dato que marca un punto de inflexión: 13.4 millones de mexicanas y mexicanos dejaron atrás la pobreza entre 2018 y 2024. Hoy son 38.5 millones quienes permanecen en esta condición, frente a los 51.9 millones que se contabilizaban hace seis años. Este cambio no es sólo estadístico; representa un logro histórico para millones de hogares con nuevas oportunidades y con una esperanza renovada en el porvenir.

México decidió hace tiempo que la pobreza debía evaluarse bajo un enfoque multidimensional. Esto significa que ya no basta con calcular cuánto dinero tiene una familia, sino si esa familia puede acceder de manera efectiva a salud, educación, vivienda, alimentación y seguridad social. Este método ofrece una radiografía más fiel de las desigualdades y permite diseñar políticas públicas con justicia social.

Los avances en esta medición son evidentes. En seguridad social, por ejemplo, la carencia se redujo de 50.2 a 48.2%, lo que equivale a 2 millones de personas que hoy cuentan con un empleo formal o con derechos laborales antes inaccesibles. Aunque ésta sigue siendo la principal deuda pendiente, el retroceso de la cifra muestra que la formalización del trabajo avanza y que los esfuerzos por ampliar la cobertura comienzan a dar frutos.

Otro dato relevante se encuentra en el acceso a alimentación nutritiva y suficiente. Entre 2022 y 2024, la carencia pasó de 18.2 a 14.4 por ciento. En la práctica, esto significa que casi 5 millones de personas tienen hoy una dieta más adecuada, lo que impacta directamente en la salud, el desarrollo infantil y el rendimiento escolar. Son transformaciones que no sólo mejoran la calidad de vida, sino que previenen desigualdades a futuro.

Los números se traducen en hechos concretos: familias que ahora tienen un mejor ingreso, hogares que reciben apoyos sociales que les permiten salir adelante y localidades donde los programas sociales han marcado una diferencia palpable. Todo esto no es producto de la casualidad, sino el resultado de una política social de los gobiernos de la Cuarta Transformación enfocada en reducir brechas y fortalecer el bienestar desde las bases.

No obstante, tenemos aún retos por delante. La tarea inmediata es consolidar un sistema de bienestar integral que no sólo conserve estos logros, sino que los expanda y los haga sostenibles. Esto requiere seguir incentivando el mercado interno, garantizar empleos mejor remunerados, ampliar la universalidad de los derechos y reducir desigualdades regionales y sectoriales.

Será igualmente prioritario invertir en infraestructura social, extender los servicios básicos a las comunidades marginadas y diseñar políticas específicas para atender a quienes históricamente han quedado rezagados: mujeres jefas de familia, jóvenes sin oportunidades, personas con discapacidad, de pueblos indígenas y migrantes en retorno. El Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 y el Plan México son las rutas de acción que marcarán este camino.

Reducir la pobreza nunca ha sido una tarea fácil ni de resultados inmediatos. Requiere continuidad transexenal, planeación y compromiso. Pero lo cierto es que, por primera vez en mucho tiempo, las cifras nos indican que vamos por la senda correcta: menos pobreza, menos carencias y más esperanza.

  • La lección que dejan los datos del Inegi es contundente: cuando el Estado se asume como garante de derechos y actúa con decisión, los resultados se reflejan en la vida de quienes más lo necesitan. Ése es el espíritu que nos anima y la convicción con la que seguiremos trabajando desde el Senado de la República. Porque cada familia que deja la pobreza atrás fortalece la dignidad y la justicia social de toda la nación.

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