El viejo poder de la mujer más poderosa de México
La futura presidenta, sea quien sea, seguramente será polémica desde el día uno.
Por Alfredo Narváez Lozano*
Lo más probable es que este año México elija su primera mujer presidenta, un indudable signo de cambio de percepciones en la política mexicana. Pero este territorio, que hoy llamamos México, no es ajeno a mujeres con poder, y quizá al examinar sus dilemas al ejercerlo, podemos prever señales de lo que pueda venir en los años que vienen.
Este territorio no ha sido escaso en mujeres poderosas y los dilemas que tuvieron que enfrentar ante el poder hegemónico masculino de su tiempo, ya fueran Sor Juana Inés de la Cruz o las madres buscadoras que están siendo asesinadas por no ceder ante el terror. ¿Qué es un líder? Un mediador de conflictos, y generalmente representante de cierto grupo social. Entonces, según este concepto ¿quién sería la principal lideresa de México? Sin duda es una mujer, pero no de carne hueso, sino un símbolo: la virgen de Guadalupe. Durante ya casi cinco siglos ha sido la gran patrona de la Nueva España, y ahora México, pero su llegada no ocurrió sin roces. Nunca fue una presencia cómoda, y lo explica Serge Gruzinski en La guerra de las imágenes (FCE, 2003).
En 1525 empezó la evangelización con la llegada de los franciscanos, quienes emprendieron la destrucción de “santuarios y de ídolos” prehispánicos. Pero la iglesia católica no es un ente monolítico. Los franciscanos se suavizaron y empezaron a entender mejor el territorio, permitiendo un creciente mestizaje religioso, lo que no fue del agrado de la Corona y la jerarquía religiosa. Así que España mandó a un dominico, Alonso de Montúfar, a poner orden. Su enfrentamiento con el clero regular fue enorme. Pero el nuevo arzobispo pronto entendió la situación, y su ambición se hizo pragmática, especialmente cuando se hizo impulsor del culto guadalupano. La nueva imagen fue muy popular. Se reforzó su relación con un lugar de culto ancestral, y el título de “Nuestra Madre”, de retórica indígena convenía también para una virgen cristiana. “Los indios habían conservado el hábito de dirigirse al Tepeyac”.
Pero no todo fue terso, ya que la envidia surgió entre los altos dignatarios franciscanos. El creciente poder de Guadalupe causó molestia entre la élite masculina de la orden más importante de la época, ¡vaya novedad! La política de la imagen era algo serio, ya que confería poder a quien la administraba. La instalación en 1571 del tribunal de la Inquisición en la capital supuso que daría más herramientas de control a la Corona y a la iglesia, pero la segunda nunca estuvo unida en el tema. Los jesuitas llegaron al rescate de la imagen en 1571, ya que vieron en esta a una precursora del movimiento artístico innovador que cambiaría todo el discurso religioso en la Nueva España: el barroco.
La futura presidenta, sea quien sea, seguramente será polémica desde el día uno. Ese es el precio de abrir brechas. La pregunta es: ¿cómo logrará crear un discurso propio, fresco, y a la vez controlar la envidia machista que seguramente surgirá? La Guadalupana podría darle pistas.
*Profesor en la Escuela de Arquitectura.
Arte y Diseño del Tecnológico de Monterrey.
