El crédito como brecha de género: la deuda pendiente con las emprendedoras mexicanas
Por Zaira Zepeda En México, hablar de emprendimiento femenino es hablar de resiliencia, creatividad y visión de futuro. Sin embargo, también es hablar de una deuda histórica: el acceso desigual al financiamiento. Hoy, menos de 10% de las mipymes lideradas por mujeres ...
Por Zaira Zepeda
En México, hablar de emprendimiento femenino es hablar de resiliencia, creatividad y visión de futuro. Sin embargo, también es hablar de una deuda histórica: el acceso desigual al financiamiento. Hoy, menos de 10% de las mipymes lideradas por mujeres logra acceder a crédito formal. Este dato, más que una estadística, es un muro invisible que frena el crecimiento de miles de negocios y, con ellos, las posibilidades de desarrollo económico y social de todo el país.
La pregunta es inevitable: ¿por qué si las mujeres representan más de la mitad de la población y una parte creciente del ecosistema emprendedor, siguen teniendo tan cerradas las puertas del crédito? Las respuestas son múltiples. Están los prejuicios de género en la evaluación de riesgos, la falta de historial crediticio —muchas veces porque la mujer no figura como titular de bienes o contratos—, y un sistema financiero que aún opera bajo paradigmas tradicionales, diseñados para un perfil masculino y corporativo.
El impacto de esta exclusión no es menor. Una emprendedora que no accede a crédito limita su capacidad de crecer, invertir en innovación, generar empleos y, en muchos casos, formalizarse. Y cuando una mujer no puede hacer crecer su empresa, tampoco puede mejorar de manera sostenible las condiciones de vida de su familia y su comunidad. La brecha financiera, en consecuencia, se convierte en una brecha social.
El propio Plan México reconoce este desafío y se ha planteado una meta ambiciosa: que al menos 30% de las pymes del país accedan a financiamiento para 2030, con un crecimiento anual sostenido en el crédito a las unidades productivas más pequeñas. Dentro de este objetivo se subraya la necesidad de cerrar la brecha de género en el acceso al financiamiento, lo que incluye no sólo facilitar procesos bancarios, sino también acompañar con capacitación y servicios financieros digitales a las emprendedoras.
Hay luces en el camino. En los últimos años han surgido modelos innovadores que buscan cambiar esta narrativa. El uso de data alternativa, por ejemplo, permite evaluar el comportamiento financiero de una emprendedora más allá del historial crediticio tradicional: desde sus patrones de pago de servicios hasta el manejo digital de sus ventas. Asimismo, la IA ofrece herramientas capaces para reducir sesgos en la toma de decisiones, evaluando de manera más objetiva la capacidad de pago y potencial de los negocios liderados por mujeres.
A esto se suma una tendencia que me parece fundamental: el acompañamiento financiero. No basta con otorgar crédito; es necesario brindar capacitación, mentoría y herramientas digitales que ayuden a las emprendedoras a administrar mejor sus recursos, planear estratégicamente y crecer con inteligencia. En otras palabras, se trata de pasar de dar un préstamo a abrir verdaderas oportunidades de transformación.
México tiene frente a sí una gran oportunidad: convertir la inclusión financiera de las mujeres en una palanca de competitividad. Porque cerrar la brecha de género en el acceso al crédito no es un asunto de justicia solamente, es un asunto de desarrollo económico. Está comprobado que cuando una mujer emprende y crece, reinvierte hasta 90% de sus ingresos en su familia y comunidad. Es ahí donde el círculo virtuoso comienza.
La deuda pendiente con las emprendedoras mexicanas no puede seguirse aplazando. Hoy tenemos la tecnología, los datos, los planes nacionales y la voluntad de cambio para derribar ese muro invisible. Lo que falta es decisión. Porque el futuro de nuestra economía depende, en buena medida, de que dejemos de ver a las mujeres como beneficiarias y empecemos a verlas como lo que son: protagonistas del crecimiento de México.
