Detener el reclutamiento infantil es tarea de todos
Por Cuauhtémoc OchoaVicecoordinador del Grupo Parlamentario de Morena Una de las pruebas más crudas para cualquier sociedad es cómo protege a sus niños. Cuando la infancia se convierte en un botín de guerra, estamos ante una emergencia nacional que trasciende la ...
Por Cuauhtémoc Ochoa
Vicecoordinador del Grupo Parlamentario de Morena
Una de las pruebas más crudas para cualquier sociedad es cómo protege a sus niños. Cuando la infancia se convierte en un botín de guerra, estamos ante una emergencia nacional que trasciende la seguridad pública para convertirse en una cuestión civilizatoria. El reclutamiento forzoso de niñas, niños y adolescentes por el crimen organizado representa precisamente eso: la usurpación más vil del futuro, donde la inocencia es secuestrada para servir a la maquinaria de la violencia.
Hace un par de semanas presenté una iniciativa de ley que busca tipificar este reclutamiento como delito autónomo. Los casos documentados en Michoacán, Zacatecas, Sonora y otros estados no son hechos aislados; son síntomas de una metástasis que corroe el tejido social. Son la evidencia de que el crimen organizado ya no sólo se disputa territorios o rutas, sino que también está librando una batalla por el control generacional, reclutando a la fuerza a quienes deberían estar en las aulas.
El núcleo de esta iniciativa es doblemente valioso. Por un lado, establece sanciones más severas cuando las víctimas son menores, un mensaje claro de que el Estado debe responder con todo el peso de la ley a esta ofensa particularmente abyecta. Por otro, y quizá lo más importante, reconoce a los adolescentes reclutados como víctimas, no como delincuentes. Este cambio de paradigma es crucial. Criminalizar a un joven que fue coaccionado, amenazado o engañado es una doble victimización y un fracaso del Estado. La justicia debe ser inteligente y compasiva, capaz de distinguir entre la maldad calculada y la vulnerabilidad explotada.
Esta iniciativa se enmarca en el proyecto humanista del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. La tipificación del reclutamiento forzoso es, sin duda, un paso en la dirección correcta. Es un acto de justicia y un instrumento de prevención.
Proteger a la niñez no es un tema sectorial; es la defensa del alma misma de la nación. Esta ley puede ser un faro en esa oscuridad, un primer paso para devolverle a México su futuro, arrebatándoselo a las fauces del crimen. El tiempo de actuar es ahora, antes de que una generación entera quede marcada por el hierro de la delincuencia. La batalla por los niños es, en esencia, la batalla por el país que queremos ser.
