Por Alejandro Martínez Araiza*
Dicen por ahí que el autoengaño es la cosa más fea. Es de asombrarse cómo en ciertos sectores del mundo laboral se vive en un estado de negación que conviene a pocos y perjudica a millones de mexicanos en toda Norteamérica. La reforma de 2019 no cambió nada de fondo; sólo evidenció las deficiencias catastróficas de nuestro sistema laboral. Aun así, en las “mesas de diálogo” se insiste en ver cómo capotear los cambios en el comercio con Estados Unidos, sin autocrítica ni voluntad real de adaptación.
Le pese a quien le pese, hay un mundo antes y después de Donald J. Trump. Quienes lo entiendan y actúen en consecuencia llevarán ventaja. Quienes sigan apostando a acuerdos en lo oscurito para simular que todo cambia sin que cambie nada, ya perdieron. Ellos lo saben.
Los pocos sindicatos autónomos en México hemos dado batallas cuesta arriba para llevar la voz de los trabajadores a donde se toman decisiones. Pero el trabajador siempre va al final: primero la seguridad, la economía, la política exterior. Y se olvida lo esencial: no existe comercio fuerte sin salarios fuertes.
Durante décadas se vendió a México como maquiladora de mano de obra barata con sindicatos a modo. Ese modelo está moribundo, gracias a Dios. No podemos aspirar al desarrollo con salarios de miseria y condiciones que empujan a millones a la informalidad.
Estados Unidos ya entendió algo clave: un México debilitado por el hambre y la violencia también les incendia su casa. No hay trabajadores estadunidenses fuertes con trabajadores mexicanos débiles. No hay comercio fuerte sin un cambio de mentalidad de fondo.
La patria no es sólo el territorio; la patria somos los mexicanos. Y hoy hay millones en condiciones de explotación, sindicatos que no cumplen y empresas que extraen valor sin devolverlo en los tres países. Ese ciclo no es sostenible.
Este es momento de corregir rumbo. La nueva etapa política exige una transición hacia la autonomía, la soberanía y una verdadera interdependencia. La reforma de las 40 horas será una prueba real.
Al final, lo único que importa es esto: que los trabajadores vean beneficios concretos de las promesas políticas. En el Sindicato Nacional Alimenticio y del Comercio llevamos años documentando la realidad en cientos de centros de trabajo en todo el país. Lo que dicen los sistemas no coincide con lo que viven los trabajadores.
Vamos a poner esos datos sobre la mesa. Porque así nos lo mandan los trabajadores. Y porque el futuro de Norteamérica, si quiere ser fuerte, tiene que ser justo.
*Secretario general del Sindicato Nacional Alimenticio y del Comercio (SNAC).
