Claudia Sheinbaum, borrón y cuenta nueva
Por Rodrigo García Rojas Claudia Sheinbaum ha asumido la Presidencia en un momento decisivo para México, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar este cargo, lo que representa un cambio simbólico, pero también una oportunidad para dar un nuevo rumbo al país. En su ...
Por Rodrigo García Rojas
Claudia Sheinbaum ha asumido la Presidencia en un momento decisivo para México, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar este cargo, lo que representa un cambio simbólico, pero también una oportunidad para dar un nuevo rumbo al país. En su toma de protesta, dejó claro que continuará con los principios de la Cuarta Transformación, pero con un enfoque diferente, uno que podría marcar un “borrón y cuenta nueva” con las y los mexicanos, una posibilidad de recomponer la relación con sectores que se sienten distantes o excluidos de las políticas de los últimos años. Sin embargo, el reto es monumental, y los datos no mienten, Sheinbaum recibe un país en una situación económica compleja, con grandes logros sociales, sí, pero con importantes desafíos en términos de crecimiento y desarrollo.
Uno de los mayores retos es el manejo de los programas sociales, que han sido clave para reducir la pobreza y mejorar el bienestar de millones de personas, pero también han generado una dependencia que, si no se gestiona adecuadamente, podría volverse insostenible. La Presidenta debe encontrar la manera de mantener estos programas sin comprometer las finanzas públicas, algo que sólo será posible si se logra un crecimiento económico sostenido, y aquí entra uno de los puntos más delicados: la recaudación fiscal, ya que deberá hacer un gran esfuerzo, para que en lugar de aumentar los impuestos, amplié la base de contribuyentes, integrando a más personas y empresas a la economía formal.
El país ha visto un aumento considerable en la deuda pública durante los últimos sexenios, un dato que no puede pasarse por alto. Durante el mandato de Enrique Peña Nieto, la deuda pública bruta pasó de 33% a 46% del PIB, y con Andrés Manuel López Obrador, creció (50% del PIB), en parte debido a la pandemia, pero también como consecuencia de las políticas expansivas para financiar los programas sociales.
En cuanto al peso, su estabilidad frente al dólar ha sido en su mayoría estable, pero internamente su valor ha disminuido, lo que significa que los mexicanos pueden comprar menos con el mismo dinero; el aumento de los precios de productos básicos es una realidad que afecta sobre todo a los sectores más vulnerables y, aunque la inflación ha estado relativamente controlada, el poder adquisitivo de la mayoría de las familias se ha erosionado. Éste es otro reto para Sheinbaum, quien deberá encontrar un equilibrio entre mantener la estabilidad monetaria y mejorar las condiciones de vida de la gente.
Sheinbaum hizo un llamado a reflexionar sobre los logros de los últimos seis años, preguntando cómo fue posible que más de nueve millones de personas salieran de la pobreza, que el salario mínimo aumentara sin que disparara la inflación, y cómo México se ha convertido en uno de los países con menos desempleo y menor deuda. Sin embargo, detrás de estas cifras alentadoras, hay desafíos estructurales que no pueden ignorarse, el modelo de humanismo mexicano que defiende la Presidenta debe ser capaz de sostenerse a largo plazo, y para eso es necesario no sólo mantener los programas del Bienestar, sino también crear las condiciones para que el crecimiento económico sea inclusivo, para que más mexicanos puedan prosperar, y para que el desarrollo no sea sólo una promesa, sino una realidad.
En su discurso, Sheinbaum habló de que no habrá represión y de que la libertad seguirá siendo un pilar fundamental de su gobierno, pero también dejó claro que su política económica no se basará en el aumento de los precios de los energéticos ni en medidas que afecten a la población más vulnerable, es decir, el margen de maniobra será limitado, porque sin recursos adicionales será difícil mantener el ritmo de crecimiento de los programas sociales y al mismo tiempo promover el desarrollo económico que el país necesita.
Lo que sí es un hecho, es que López Obrador se llevó gran parte del desgaste político, lo que le da a Sheinbaum una ventaja: la posibilidad de empezar de nuevo, de reconciliarse con sectores que han sido críticos del gobierno anterior, sin abandonar los ideales de la 4T, pero con un enfoque más pragmático. La Presidenta tiene la oportunidad de unificar al país, de gobernar para todos y de demostrar que es posible mantener los logros sociales sin descuidar la economía mexicana.
Este es el momento de reconocer a la mujer que llega al poder, de entender que su tarea no será fácil, pero que, con el apoyo de todos, puede volver a engrandecer a México. Es tiempo de confiar en que Claudia Sheinbaum tiene la capacidad de llevar al país hacia una nueva etapa de prosperidad, de justicia social, y de crecimiento económico. Porque al final, ella es la Presidenta de todas y todos, y su éxito será también el éxito de México.
