Alcohol, cáncer y política pública: una conversación urgente para México

Por: Gonzalo López Cuevas*

En mayo próximo participaré en Lyon, Francia, en la 60 conferencia organizada por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) de la Organización Mundial de la Salud. El encuentro marcará una conversación global clave: cómo traducir la evidencia científica en decisiones de legislación y política pública que prevengan enfermedades y salven vidas.

Uno de los temas que ocupará un lugar relevante será la relación entre el consumo de alcohol y el cáncer.

La evidencia científica es contundente. El alcohol ha sido clasificado como carcinógeno del Grupo 1 y se asocia con al menos siete tipos de cáncer. La directora general de la IARC, la doctora Elisabete Weiderpass, lo ha sintetizado recientemente con claridad: el consumo de alcohol causa cáncer y las políticas públicas orientadas a reducirlo disminuyen el riesgo en la población.

La publicación más reciente de los IARC Handbooks of Cancer Prevention confirma dos asuntos: reducir o abandonar el consumo disminuye el riesgo de cáncer, y las políticas fiscales, regulatorias y de control de disponibilidad son efectivas para reducir el consumo a nivel poblacional.

Para México, avanzar en esta dirección podría significar contener el crecimiento proyectado de la enfermedad: hoy se diagnostican alrededor de 567 casos de cáncer al día, pero de acuerdo con la IARC esa cifra podría acercarse a 930 diagnósticos diarios hacia 2040.

La discusión internacional ya no gira en torno a si existe evidencia, sino a cómo traducirla en políticas que protejan a la población. Y ahí México enfrenta un reto que, al mismo tiempo, es una oportunidad histórica.

De acuerdo con el análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), el gasto en salud proyectado para 2026 tendría un aumento real frente a 2025, pero se mantendría por debajo de lo ejercido en 2024 y representaría apenas alrededor de 2.6% del PIB, lejos de 6% recomendado a nivel internacional.

Las políticas señaladas por la IARC —impuestos, regulación de disponibilidad, control de publicidad y estrategias integrales— no sólo reducen consumo y enfermedad; también generan ingresos fiscales y producen resultados medibles en periodos relativamente cortos.

La prevención del cáncer ya no se construye únicamente en hospitales. Se diseña desde la política fiscal, la regulación comercial, la comunicación de riesgos y la coordinación entre ciencia y gobierno.

México tiene la oportunidad de incorporar esta conversación con seriedad técnica y visión de largo plazo.

En ese sentido, y desde una perspectiva de respeto institucional, vale el esfuerzo abrir un diálogo informado con el secretario de Salud del gobierno de México, David Kershenobich Stalnikowitz, y con el subsecretario de Integración y Desarrollo del Sector Salud, Eduardo Clark García Dobarganes, sobre el potencial de los impuestos saludables como medidas costo-efectivas para fortalecer el financiamiento del sistema y reducir la carga futura de enfermedad.

La evidencia existe y la urgencia también. La prevención del cáncer y el fortalecimiento del sistema de salud requieren decisiones inteligentes que alineen ciencia, política pública y sostenibilidad financiera. México tiene la capacidad institucional para liderar esta conversación en la región; el siguiente paso es avanzar, con responsabilidad y visión de largo plazo, hacia su incorporación en las decisiones que definirán el futuro de la salud pública del país. El momento es hoy.

 

*Presidente de Fundación Cáncer Warriors de México.

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