A Villa lo mató el rencor*
Más de un centenar de disparos cobró, con la muerte de Francisco Villa,los agravios contra millares de madres, viudas y huérfanos.
Por Reidezel Mendoza S.*
El pasado 20 de julio se cumplió un siglo de la muerte de Francisco Villa, quien cayó abatido a tiros en las calles de Parral, Chihuahua. Apenas ocurrido el asesinato, entre la opinión pública se difundió el rumor de que se había tratado de un crimen político, y sus partidarios atribuyeron su autoría al régimen de Álvaro Obregón. Lo cierto es que el asesinato fue patrocinado y ejecutado por un grupo de pequeños propietarios, comerciantes y campesinos de la región de Parral que tenía cuentas pendientes con Villa. Los tiradores fueron nueve, y todos habían perdido algún familiar o habían sido amenazados por el caudillo: Melitón Lozoya Sáenz Pardo, José Sáenz Pardo Chavira, Juan López Sáenz Pardo, Librado Martínez, José y Román Guerra Enríquez, Jesús Salas Barraza, José Barraza Corrujedo y Ruperto Vara Gamboa.
Los tiradores fueron auspiciados por Jesús Herrera Cano y Gabriel Chávez. Herrera había perdido prácticamente a todos sus hermanos y a su padre a manos de Villa. Melitón Lozoya lo había combatido desde 1916. Sus hermanos Justo y Manuel, y su tío Leodegario Lozoya habían sido secuestrados y torturados. El caudillo había avalado el despojo de una parte de sus tierras y también había intentado asesinarlo en un fingido asalto. José Sáenz Pardo y su medio hermano Librado Martínez eran hijos de Nabor Sáenz Pardo y sobrinos de Cayetano Sáenz Pardo, ambos muertos a manos de Villa en octubre de 1918, en el rancho los Órganos, Durango, al igual que su abuelo Francisco Chavira en Parral, en 1914. José Barraza había perdido a su hermano Jerónimo y a dos tíos, quienes también fueron asesinados. Ruperto Vara perdió a su padre, Francisco Vara, y a sus parientes Marcelo Vázquez, Guillermo Durán y Efrén Mora, ejecutados por órdenes del caudillo. La madre de Ruperto, doña Hermenegilda Gamboa, quien trabajaba para Villa en su casa, fungió como espía informando todos sus movimientos a los complotistas. Viviano, Serapio y Román Guerra, y otros siete familiares de José y Román Guerra habían sido asesinados en La Estancia, Durango, en marzo de 1920. Juan López Sáenz Pardo había perdido a su hermano Ángel, a su primo José J. Franco y a sus tíos Nabor y Cayetano. Jesús Salas Barraza había sufrido graves heridas en un combate contra los villistas en Torreón en 1916, y se le creyó muerto. Además, había perdido a sus amigos Catarino Smith y Prisciliano Sauceda, colgados, y Manuel Pereyra, tiroteado. También una prima de Salas había sido violada y asesinada por sus hombres, y el negocio de su padre fue arrasado por los villistas.
Los tiradores nunca fueron capturados, ni juzgados por los asesinatos, excepto Jesús Salas Barraza, quien fue aprehendido en Nuevo Laredo, cuando pretendía cruzar la frontera. Un juez de Chihuahua lo sentenció a 20 años de prisión por los homicidios de Villa y sus hombres, sin embargo, el gobernador del estado, Ignacio C. Enríquez, le concedió el indulto, en abril de 1924, y al otro día renunció. Su tío Emiliano había muerto a manos de Villa.
Aquella cálida mañana del viernes 20 de julio, los tiradores vengaron la muerte de sus familiares y amigos. Más de un centenar de disparos, cobró con la muerte de Francisco Villa, los agravios contra millares de madres, viudas y huérfanos.
*La emboscada.
Asesinato de Francisco Villa.
