Una Rusia debilitada significa mayor riesgo
PorJoschka Fischer* La guerra sin sentido de Rusia en Ucrania se ha librado por casi un año y medio, y la naturaleza criminal fundamental de dicho cometido no ha cambiado. Una gran potencia nuclear quiere negar a su vecino, una “nación hermana”, su reconocido ...
Por Joschka Fischer*
La guerra sin sentido de Rusia en Ucrania se ha librado por casi un año y medio, y la naturaleza criminal fundamental de dicho cometido no ha cambiado. Una gran potencia nuclear quiere negar a su vecino, una “nación hermana”, su reconocido derecho a existir. El presidente ruso, Vladimir Putin, ha optado por una guerra de conquista como medio para ello. Si Putin logra el fin que desea, Ucrania se incorporará a Rusia, desapareciendo como un Estado soberano independiente.
Pero con cada semana que pasa hay más pruebas que sugieren que sus cálculos han fracasado. Lejos de brindar una victoria rápida, la “operación militar especial” de Putin se ha convertido en una ardua y sangrienta lucha que Rusia bien podría perder. Aunque, sin lugar a dudas, esta guerra ha impuesto muchos sacrificios a Ucrania, también ha creado costos para los rusos comunes y corrientes.
La gravedad del embrollo que el Kremlin ha creado para sí mismo se hizo evidente en junio, cuando Yevgeny Prigozhin y sus mercenarios del Grupo Wagner desafiaron a los altos mandos.
En un discurso a la nación pronunciado justo cuando comenzó la marcha de Prigozhin, Putin rememoró el caos del año 1917 y advirtió sobre una guerra civil. Después de este discurso, ni se le vio ni se supo nada de él. ¿Estaba aún en el Kremlin durante esas horas dramáticas o había huido a San Petersburgo, como algunos especularon? No hace falta decir que un dictador de mano dura que se da media vuelta y huye ya no es fuerte, especialmente cuando lo hace ante un desafío procedente de dentro de su propio círculo.
¿Y qué podemos pensar sobre la afirmación del Kremlin sobre que el enfrentamiento se resolvió gracias a la mediación del presidente bielorruso Aleksandr Lukashenko, un vasallo de segunda clase a quien Putin a veces utiliza, pero rara vez toma en serio? Fue el momento en que se tuvo que enfrentar la verdad, y la alusión de Putin al año 1917 y a la caída del zar fue bastante acertada. En efecto, el episodio actual es una reminiscencia de ese año, que trajo no una, sino dos revoluciones, primero en febrero y luego en octubre.
El intento de golpe de Estado de Prigozhin estuvo estrechamente relacionado con la fallida guerra de conquista en Ucrania. La perspectiva de una calamitosa derrota rusa es cada vez mayor, lo que cuestiona aún más la sabiduría, la competencia y la fuerza del hombre fuerte. Con una derrota militar a la vista, Putin debe pensar cuidadosamente sobre su futuro.
La marcha de Prigozhin hacia Moscú significa que la guerra ha entrado en una nueva y peligrosa fase. Se acerca el desenlace final, y lo que suceda en el campo de batalla determinará el futuro de la política interna rusa. Ahora sabemos que poner fin a la guerra será más arriesgado y difícil de lo que anteriormente se suponía, debido a que cualquier percepción de derrota será considerada inaceptable para ciertos elementos del aparato de poder ruso.
Cuanto más cerca estemos del desenlace, mayor será el riesgo de que el Kremlin recurra a algún acto irracional como ordenar el uso de un arma nuclear. La revuelta de Prigozhin brinda un anticipo del caos que nos espera. Casi todo es concebible ahora, desde la desintegración de la Federación Rusa hasta el ascenso de otro régimen ultranacionalista con sueños neozaristas de restauración imperial.
Al igual que la Rusia de Putin, la posible Rusia mencionada permanecería anclada en el pasado, muy alejada de cualquier perspectiva de modernización social, política o económica. Supondría una amenaza permanente para el flanco oriental de Europa y para la estabilidad mundial en general. Tendríamos que armarnos contra ella, y lo más probable es que nuestros nietos y bisnietos tengan que hacer lo mismo.
Copyright: Project Syndicate, 2023
Ministro de Relaciones Exteriores y vicecanciller de Alemania
de 1998 a 2005; fue líder del Partido Verde alemán por casi 20 años.*
