Trump se ve desde Alaska
Fue evidente un realineamiento de Trump hacia Putin y se acordó realizar la cumbre que hoy se concreta en Alaska, estado que era de Rusia y que Estados Unidos compró en 1867.
Por Ariel Moutsatsos*
Donald Trump ha repetido incansablemente que la invasión a Ucrania nunca hubiera ocurrido si él hubiera sido presidente y desde antes de comenzar su segunda gestión prometió terminar con la guerra de Rusia casi instantáneamente. Ocho meses después, el derramamiento de sangre sigue y la guerra parece lejos de resolverse.
Nadie sabe a ciencia cierta cuántas conversaciones telefónicas han sostenido Trump y Vladimir Putin en estos meses, pero este viernes que se ven las caras en Alaska se sabrá, entre otras cosas, si un encuentro personal arroja mejores resultados que las llamadas, la primera de las cuales, al menos públicamente, habría ocurrido el 12 de febrero de este año. Trump la calificó de “prolongada y muy productiva” y se dijo entonces que acordaron de inmediato iniciar negociaciones de paz, pero las cosas se han complicado.
El 18 de febrero, delegaciones de ambos países se reunieron en Riad sin Ucrania, lo que generó críticas internacionales. El 28 de febrero tuvo lugar un memorable e histórico encontronazo entre Trump, el mandatario ucraniano Zelenski y el vicepresidente JD Vance en la Oficina Oval, que terminó con el ucraniano expulsado de la Casa Blanca y con Putin como ganador. El 3 de marzo, Trump pausó más de tres mil millones de dólares en ayuda militar a Ucrania para presionar a una negociación.
Los dimes y diretes se alargaron. El 22 de junio, Putin
criticó los ataques estadunidenses contra sitios nucleares en Irán.
Días después, Trump se confesó decepcionado de la actitud de Putin y desesperado de que las buenas conversaciones con el ruso no pasaran a los hechos. El 14 de julio, Trump dio 50 días de plazo a Putin para la paz en Ucrania so pena de imponerle aranceles. El 28 de julio redujo ese plazo a diez o 12 días. Las consecuencias no se cumplieron.
Así llegaron las cosas a agosto. Cuando fue evidente un realineamiento de Trump hacia Putin y se acordó realizar la cumbre que hoy se concreta en Alaska, estado que era de Rusia y que Estados Unidos compró en 1867. Una reunión, además, en un país no signatario de la Corte Penal Internacional, en el que Putin, por tanto, no puede ser arrestado. Se da sin la presencia de Zelenski y con Trump reuniéndose con el ruso antes que con el ucraniano. Clara victoria y ventaja para Putin.
Trump ha dado un 25% de probabilidades de que el encuentro falle y dijo que en los primeros minutos de la reunión sabrá si Putin quiere un acuerdo, que Trump parece desear más que el ruso porque le garantizaría el Nobel de la Paz que anhela con vehemencia.
Putin lo sabe y un día antes de la Cumbre ha alabado inteligente y públicamente los esfuerzos de Trump para alcanzar la paz.
El fantasma de la Cumbre de Helsinki en 2018 —cuando Trump se vio dominado por Putin— deambula en la base Elmendorf-Richardson en Anchorage.
El éxito del encuentro depende, quizá, de lograr un cese al fuego que se materialice.
En el terreno, Rusia pude verse desde Alaska. Hay preocupación de que ocurra lo mismo en la diplomacia.
Ucrania, sus aliados europeos y el mundo contienen la respiración.
*Internacionalista y periodista en Washington DC
