Por el regreso de la paz olímpica
Los conflictos en Ucrania, Gaza y otros lugares exigen un alto el fuego inmediato.
Por Dmitry Muratov*, Maria Ressa** y Jody Williams***
Hoy se desarrollan no menos de 55 guerras en todo el mundo. Los políticos se han mostrado una y otra vez incapaces de poner fin a los conflictos armados que destruyen las sociedades; y los peligros se multiplican por el hecho de que las guerras locales ya no se contienen en el nivel local.
El sangriento conflicto entre Rusia y Ucrania, la mayor guerra en el continente europeo desde 1945, ingresó a su tercer año y sus repercusiones todavía se sienten en todo el mundo.
Algunos de sus impactos incluyen un aumento del hambre en África, una crisis migratoria en Europa y la liberación de sustancias dañinas en los suministros de agua, alimentos y leche que finalmente llegan a personas de todos los continentes. Se prevé que a fines de este año la cantidad de muertos o lesionados por la guerra en Ucrania supere el millón. Es una cifra de víctimas que no se veía en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
En Gaza, donde la guerra hace estragos desde octubre del año pasado, Naciones Unidas calcula que la cifra de muertes en mayo era 35 mil (pero es posible que sea mucho mayor). Y también, según la ONU, 377 mil personas han muerto en combates o por enfermedades tras una década de guerra civil en Yemen.
Mientras continúan estos y otros conflictos, los presupuestos de defensa en todo el mundo experimentan un crecimiento sustancial; y sobre todo esto pende la amenaza —repetida una y otra vez en Ucrania— de una guerra nuclear. Los recursos movilizados son comparables a los que se necesitan para hacer frente al cambio climático o para eliminar el hambre en todo el mundo por los próximos ochenta años.
Es para pensarse: nadie sufriría hambre ni moriría de agotamiento, y ningún niño estaría desnutrido, si el dinero que ahora se gasta en armamento y soldados se usara para mejorar las vidas de los pobres del mundo. En vez de aplicarlos a sostener la vida, se desperdician recursos para extender la muerte.
Las víctimas de las guerras actuales son, en su mayoría, personas de entre 30 y 40 años de edad; es decir que cada muerte equivale más o menos a la mitad de una vida que pudo ser. Cada 100 mil muertos son cuatro millones de años no vividos. Piénsese en todos los grandes descubrimientos que no se harán, los niños que no nacerán, los huérfanos que sufrirán en soledad.
Los autores de este comentario no somos representantes de ningún Estado. Pero si los esfuerzos estatales en pos de la paz no son suficientes, es necesario que las personas, cualquiera sea su profesión o posición social, intervengan. El mundo debe confrontar las guerras actuales con una sola voz. Por eso pedimos a su santidad el papa Francisco, a su santidad el patriarca ecuménico Bartolomé, a su santidad el Dalai Lama XIV y a los líderes musulmanes y judíos que usen su autoridad moral para hacer un llamado a todos los ciudadanos del mundo y a sus gobiernos.
Los Juegos Olímpicos de París 2024 son una oportunidad ideal para hacerlo. Durante las antiguas Olimpíadas, las frecuentes guerras entre las ciudades-estado griegas se suspendían, dando paso a competencias entre atletas que buscaban la excelencia. Esperamos que los miles de millones de personas que verán los Juegos de París sigan el ejemplo y se unan a los líderes religiosos y morales en un llamado a la paz.
Los conflictos en Ucrania, Gaza y otros lugares exigen un alto el fuego inmediato, seguido de un intercambio total de prisioneros, la liberación de rehenes, la devolución de restos humanos y un comienzo de negociaciones.
Nuestro deber principal como adultos es garantizar que nuestros hijos nos sobrevivan. En vez de destruirnos los unos a los otros y a nuestras sociedades con violencia, dediquemos nuestras energías y recursos a salvar el planeta. Y que nuestro primer paso sea revivir la paz olímpica.
*Dmitry Muratov, cofundador, editor y exjefe de redacción de Novaya Gazeta, ganó el Premio Nobel de la Paz en 2021.
**Maria Ressa, cofundadora y directora ejecutiva de Rappler, ganó el Premio Nobel de la Paz en 2021.
***Jody Williams, fundadora de la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Terrestres, ganó el Premio Nobel de la Paz en 1997.
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