Matteotti

La historia del crítico de Mussolini recuerda la relevancia de los contrapesos para evitar abusos de poder.

Por Alejandro Guerrero Monroy *

La tarde veraniega en Roma era soleada y en la Piazza del Popolo caminaban decenas de personas, algunas con un gelatto —aliado para combatir el calor— y otras con el diario bajo el brazo. A paso firme, el diputado Giacomo Matteotti se dirigía al Palazzo Montecitorio, sede de la Cámara de Diputados italiana. Eran las cuatro y media de la tarde cuando un vehículo negro se detiene bruscamente junto al parlamentario y bajan cinco hombres. Éstos lo agreden por la espalda, pero el legislador reacciona golpeando al atacante, no obstante otros dos se abalanzan sobre él y uno le propina un fuerte golpe con la pistola para reducirlo. El congresista italiano cae al suelo y de inmediato es arrojado al interior del auto que arranca al instante; Matteotti continúa luchando en una pelea impar y forcejea hasta romper la ventanilla a patadas. En ese preciso momento uno de los secuestradores le asesta una puñalada cerca del corazón y en segundos el último gran opositor al movimiento político de Mussolini muere a los 38 años, a plena luz del día en pleno centro de la “ciudad eterna”.

Giacomo Matteotti nació en la provincia de Rovigo, en la región del Véneto que limita al norte con Austria y al sureste con el mar Adriático. Estudió derecho en la Universidad de Bolonia, donde como líder estudiantil sostuvo que Italia debía mantener la neutralidad durante la Primera Guerra Mundial. Lo anterior derivó en que fuera arrestado y encarcelado en Sicilia. Liberado tras la guerra, Matteotti fue elegido diputado en 1919 y reelegido en 1921. Era un extraordinario tribuno parlamentario al que le apodaban Tempestad por su habilidad como polemista, siempre sensato el exponer sus argumentos, impetuoso pero racional. Su excepcional elocuencia la utilizaba para manifestar su oposición en el Congreso así como en periódicos nacionales y extranjeros.

Como diputado una parte importante de su salario lo donaba a un orfanato de niñas y niños. Se opuso a la violencia política ejercida por las camisas negras del recién creado fascismo italiano —el cual tuvo control sobre el país desde el nombramiento de Mussolini como primer ministro en 1922— y denunció continuamente sus abusos y crímenes a pesar de las amenazas permanentes. En su famoso discurso de marzo de 1921, Matteotti enunció: “En plena noche cuando la gente honrada está en su casa durmiendo, los camisas negras llegan a las aldeas o caseríos de los oponentes, llaman a la puerta y someten al jefe de familia a las torturas más inverosímiles. Si éste no abre la puerta y utiliza algún arma para defenderse, el resultado es el asesinato”.

Para 1924, Italia aún continuaba siendo una democracia y Matteotti aún confiaba en poder detener al Duce. Como último recurso había viajado a Londres para pedir apoyo al gobierno británico —dirigido por los laboristas— sobre lo que ocurría en Italia tras el dudoso triunfo electoral de Mussolini. Lo esperaba el recién elegido primer ministro Ramsay MacDonald con quién sostuvo un encuentro. También visitó Bruselas y París. La gira europea preocupó al Duce, el cual acababa de firmar un controvertido acuerdo por el que se concedía a una corporación inglesa y estadunidense el monopolio de la exploración y extracción de petróleo en Italia. Días después de regresar a su país, se consumó el crimen para silenciar su voz crítica y frenar su lucha por la democracia. Hordas fascistas que en algún momento se sintieron autorizadas a decir: tú no cabes aquí. Su desaparición provocó una ola de indignación y polarización social.

Matteotti fue una “figura dramática en su estatura de héroe, un feroz luchador” expresa Antonio Scurati en su obra M. El hijo del siglo. Su trágico final —hace cien años— nos debe recordar la importancia de los contrapesos formales para prevenir eventuales abusos de poder. La pluralidad política, la diversidad ideológica y la tolerancia son esenciales para expresar nuestras ideas en libertad y más aún, como advirtió con valentía Matteotti, para defender los valores democráticos.

*Politólogo, internacionalista y economista

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