Le llovió a su desfile
Por: Ariel Moutsatsos* Lo peor que puede pasar en un desfile es que llueva. En Estados Unidos el miedo a ello es tal que es muy usada una frase para expresar frustración o enojo cuando alguien más sabotea o afecta algo que uno está organizando con mucha ilusión: ...
Por: Ariel Moutsatsos*
Lo peor que puede pasar en un desfile es que llueva. En Estados Unidos el miedo a ello es tal que es muy usada una frase para expresar frustración o enojo cuando alguien más sabotea o afecta algo que uno está organizando con mucha ilusión: “You are raining on my parade” (Le estás lloviendo a mi desfile).
El sábado se llevó a cabo un desfile militar en Washington ordenado por el presidente Donald Trump en el Día de la Bandera y de su cumpleaños número 79, con motivo (o quizás bajo la excusa) del 250 Aniversario del Ejército del país.
Contrario a México, en Estados Unidos no hay costumbre de organizar desfiles militares y de hecho son vistos como eventos propios de países con gobiernos autocráticos, con algunas excepciones como Francia, de donde Trump tomó la idea cuando durante su primera gestión asistió al desfile del Día de la Bastilla y se propuso desde entonces organizar uno que fuera mejor que el francés, lo que nunca pudo concretar por razones como el costo.
Pero el sábado, a un costo de entre 40 y 45 millones de dólares y con más de 60 por ciento de la opinión pública en contra de su realización, el gobierno de Trump finalmente llevó a cabo un desfile después de las 6 de la tarde sobre la avenida Constitución, en el que participaron menos de 7 mil soldados. Las enormes filas para pasar los estrictos filtros de seguridad, entrar a la explanada central de la ciudad conocida como El Mall y formarse en las calles del desfile, contrastaron con el número final de asistentes al evento, claramente por debajo de las expectativas, dejando amplios espacios vacíos en las gradas, en tramos de la calle y en buena parte del segmento ex profeso del Mall que no se llenó ni al 30 por ciento de su capacidad para los conciertos previos durante la mañana.
Una de las notas de la tarde fueron los repetidos bostezos del secretario de Estado, Marco Rubio, durante el paso del aburrido desfile y las caras de tedio de varios de los asistentes, parte de la plana mayor del gobierno de Trump, quienes, como él, estaban ubicados detrás de cristales blindados en un enorme templete más majestuoso que el evento que se prolongó por más de una hora y tras el cual Trump dirigió un mensaje sencillo y corto, felicitando al Ejército. La celebración concluyó con fuegos artificiales poco espectaculares que tuvieron varias pausas inexplicables, lo que cortaba la ya de por sí descafeinada emoción que generaban.
Fue el primer desfile militar desde 1991 cuando el gobierno de George H. W. Bush celebró la victoria en la Guerra del Golfo y antes de ello los precedentes se remontan al final de la Primera y Segunda Guerra Mundial.
Pero lo verdaderamente grave del día del desfile no sucedió en Washington, DC. En Minnesota la mañana inició con las noticias de que una congresista demócrata y su marido fueron tiroteados fatalmente en su casa y un senador, también demócrata, y su esposa fueron heridos de bala. Dos hechos trágicos a los que Trump se refirió con una breve declaración solamente.
Se agregaron a lo anterior las más de dos mil manifestaciones que tuvieron lugar en todo el país convocadas bajo el lema “No Kings” (No reyes), contra el desfile de Trump y sus diversas políticas y acciones (emulando las de un rey, de acuerdo con los organizadores). A estas se sumaron protestas mucho más multitudinarias que la asistencia al desfile y que ocurrieron en diversas ciudades de Estados Unidos como Dallas, San Diego y, desde luego, Los Ángeles, que ya llevaban días manifestándose contra las políticas antiinmigrantes de Trump y que compitieron y ganaron la cobertura mediática de la jornada.
Al desfile de órdenes y acciones del presidente estadunidense comenzó a lloverle a las pocas semanas de que inició su segunda gestión y no ha parado. Y, para colmo, en términos políticos, mediáticos y hasta meteorológicos, al desfile militar de Trump le llovió el sábado.
*Periodista e internacionalista
