Hagamos que las cumbres internacionales sirvan de algo
Por Ngaire Woods* Los líderes mundiales que se reunieron en París para la Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Mundial prometieron movilizar recursos para ayudar a los países en desarrollo a hacer frente a las crisis de deuda y empoderar al Sur Global para asumir un ...
Por Ngaire Woods*
Los líderes mundiales que se reunieron en París para la Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Mundial prometieron movilizar recursos para ayudar a los países en desarrollo a hacer frente a las crisis de deuda y empoderar al Sur Global para asumir un papel más importante en la gobernanza global. Si bien estos son objetivos meritorios, este tipo de cumbres de alto perfil muchas veces ofrecen poco más que fotos grupales y promesas vacías. Aun así, la reunión de París es relevante porque preparó el escenario para una serie de cumbres de líderes en septiembre: la reunión del G20 en Nueva Delhi, el encuentro Finanzas en Común, en Colombia, y la Cumbre sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, en Nueva York.
La eficacia de estas cumbres se torna aún más importante si consideramos lo que está en juego. El aumento de la extrema pobreza en los últimos tres años, junto con la creciente frecuencia de los desastres humanitarios y naturales, muchos de ellos causados por el cambio climático, subraya la necesidad de que los países construyan resiliencia. Pero la cooperación internacional está menguando justo cuando más se la necesita. Los países en desarrollo se sienten excluidos del proceso de toma de decisiones que antepone las necesidades de los países adinerados, ya sea en el contexto de la pandemia o priorizando la seguridad de Ucrania por sobre la de ellos. Claramente, catalizar una cooperación efectiva exige un esfuerzo más concertado.
Hay varios elementos centrales que son cruciales para el éxito de las cumbres internacionales. El equilibrio de poder en la sala es fundamental. Otro elemento es la participación. Líderes de países en desarrollo asistieron a París. También participaron los líderes de instituciones multilaterales. En cambio, muchos líderes del G20 estuvieron ausentes.
Para los líderes de los países en desarrollo, la cumbre de París fue una oportunidad única para comunicar sus necesidades a sus contrapartes de los países más ricos y a las autoridades de las organizaciones internacionales. El problema es que los líderes de algunos gobiernos accionistas importantes están ausentes. El presidente estadunidense, Joe Biden, y el primer ministro indio, Narendra Modi, por ejemplo, no asistieron a la cumbre de París y, en cambio, se reunieron en Washington.
En términos más amplios, los primeros ministros y presidentes se empujan unos a otros para ocupar la escena central cuando se trata de cooperación global. Vimos un poco de esto la semana pasada cuando el Reino Unido y Ucrania competían por participantes en su Conferencia sobre la Recuperación de Ucrania, que se superpuso con la cumbre de París.
La cumbre de París y otros encuentros han carecido de una preparación adecuada, lo cual reduce la probabilidad de alcanzar acuerdos viables sobre objetivos y políticas. Como observó el politólogo Robert Putnam en su estudio pionero del encuentro del G7 de 1978 en Bonn, la preparación puede hacer que una cumbre sea un éxito o un fracaso. Un proceso de preparación dinámico puede ayudar a los líderes políticos a reunir apoyo para acuerdos internacionales al ampliar el rango de políticas que los grupos de intereses domésticos encontrarían aceptables (su “mentalidad ganadora”).
Las próximas cumbres deben sentar las bases para una futura cooperación global. Si no se genera activamente respaldo público en los países participantes de las promesas realizadas por sus líderes, el surgimiento de objetivos ganadores superpuestos y potencialmente transformadores es sumamente improbable.
Una caricatura satírica una vez mostraba una cumbre del G7 en la que un líder decía: “Si no tenemos que hacer lo que prometemos, acordemos erradicar toda la pobreza”. Ese cinismo es un lujo que ya no nos podemos permitir. En el mundo de rápida fragmentación de hoy, los líderes deben reunirse, participar en una discusión significativa y emprender acciones decisivas destinadas a fomentar una cooperación efectiva. Las cumbres cuidadosamente preparadas y con un buen nivel de asistencia serían un buen lugar para empezar.
Copyright: Project Syndicate, 2023.
*Decana de la Escuela de Gobierno Blavatnik en la Universidad de Oxford
