España esquiva una bala de la ultraderecha
Por Shlomo BenAmi* “España es diferente” es una frase que ha sido muy usada como sustituto de un análisis detallado de lo que sucede en el país. Pero es verdad que fue diferente en su pacífica transición a la democracia tras el final de la dictadura de Francisco ...
Por Shlomo Ben-Ami*
“España es diferente” es una frase que ha sido muy usada como sustituto de un análisis detallado de lo que sucede en el país. Pero es verdad que fue diferente en su pacífica transición a la democracia tras el final de la dictadura de Francisco Franco (que acuñó el eslogan) y la modernización general posterior. También fue diferente por no tener un partido de ultraderecha con aspiraciones de poder político, una condición que parecía estar perdiendo, pero que consiguió recuperar.
Mientras muchos países europeos llevan tiempo luchando para poner límites a sus respectivos partidos protofascistas, el centroderechista Partido Popular (PP) español consiguió integrar a los restos de las fuerzas franquistas y, así, diluir su influencia. Esto cambió en 2014, cuando Santiago Abascal fundó Vox, cuya agenda neofranquista pronto logró un importante nivel de apoyo: cinco años después, Vox obtuvo 52 escaños en el parlamento.
Hace unos días parecía que Vox estaba a punto de alcanzar otro hito: convertirse en el primer partido de ultraderecha que integrara un gobierno desde el final del régimen de Franco. Las encuestas hacían pensar que en la elección anticipada del 23 de julio los votantes iban a rechazar la conflictiva coalición de izquierda del presidente de gobierno, Pedro Sánchez, para favorecer al PP (principal partido de oposición conservador), que, sin duda, iba a necesitar del apoyo de Vox para formar gobierno. Pero el PP obtuvo menos escaños.
Es verdad que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Sánchez y su socio Sumar tampoco alcanzaron los votos necesarios. Pero es muy posible que el PSOE consiga recuperar el poder con apoyo de los partidos nacionalistas regionales del País Vasco y Cataluña.
¿Cómo consiguió Sánchez arañar otra oportunidad de dirigir España? Para empezar, su historial en materia económica es relativamente bueno. Por supuesto que la situación económica no es toda color de rosa. El desempleo se mantiene en 12.7% (una de las tasas más altas de la Unión Europea).
Sánchez también cooperó con partidos separatistas catalanes y vascos para aprobar reformas. Incluso enfureció a los conservadores haciendo acuerdos con Bildu, cuyo líder, Arnaldo Otegi, fue encarcelado en 2010 por complicidad con los crímenes de ETA, la disuelta organización terrorista vasca. Sin embargo, estos partidos pondrán precio por respaldar un nuevo gobierno de Sánchez, y puede que algunas de sus demandas (por ejemplo, un referendo vinculante sobre la autodeterminación en Cataluña) resulten prohibitivas (no hay duda de que enfurecerán a la derecha). Así pues, un nuevo gobierno de Sánchez que se forme con el apoyo de esos partidos será muy controvertido y puede abrir un nuevo capítulo volátil y peligroso en la política.
La dirigencia española debería pensar en buscar una gran coalición y un acuerdo político amplio para actualizar algunas de las premisas constitucionales en las que se basa el sistema cuasifederal de España. En vez de coquetear con la división de la guerra civil, dicha coalición encarnaría el espíritu de conciliación y arte de gobierno que caracterizó los primeros años de la transición a la democracia.
Sin importar lo que venga, España sabrá hacerle frente. Como escribió el filósofo José Ortega y Gasset: “España es el problema; Europa es la solución”. Los españoles se lo han tomado muy a pecho y han estado entre los más férreos defensores del proyecto europeo desde que en 1986 se unieron a lo que entonces eran las Comunidades Europeas. Una profunda creencia en los valores europeos sigue uniendo a los españoles de casi todas las vertientes políticas. El modelo iliberal que ha echado raíces en Hungría y Polonia tiene pocos compradores en España.
Copyright: Project Syndicate, 2023
*Exministro israelí de asuntos exteriores, vicepresidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz.
