El alfabeto de la embajadora de Polonia en México

Hay quienes afirman que gran parte del trabajo de un diplomático consiste en promocionar un país.

Por: Agnieszka Frydrychowicz-Tekieli *

“A” de Amistad

Hablar de la amistad entre naciones es adentrarse en un concepto muy abstracto, difícil de definir y describir. Existe, por supuesto, su dimensión oficial y política: la cooperación entre gobiernos y parlamentos, así como la colaboración en diversas organizaciones y foros internacionales. Existe también la dimensión práctica, expresada en acuerdos bilaterales firmados entre países. Pero el aspecto más real y medible de la amistad entre dos pueblos es lo que sabemos unos de otros, cómo nos percibimos mutuamente y aquello que nos une.

Mexicanos y polacos

Quizá convenga empezar por las primeras asociaciones. Es un día de diciembre extremadamente frío de 1986. Un bloque gris de varios pisos en Varsovia. Agnieszka, una adolescente, abre un libro sobre la América precolombina. Es un regalo de mi padre. Todos los libros interesantes venían de él. Las fotos, lamentablemente, son en blanco y negro. En la Polonia comunista sumida en una crisis económica, las tintas de impresión a color son un bien escaso. El capítulo trata de la cultura olmeca. Las esculturas de cabezas colosales. Así comienza un largo viaje: la fascinación por aquellas grandes culturas y civilizaciones sobre las que en la escuela no se enseña demasiado. Como tal vez sepan, en Europa solemos ser muy eurocéntricos: Zeus y el resto de la pandilla del Olimpo, Rómulo y Remo… para algunos profesores incluso hablar de las pirámides egipcias era ya una extravagancia intelectual. Por suerte, en las últimas décadas todo esto ha cambiado mucho y, entre otras cosas, científicos polacos llevan años desarrollando con éxito investigaciones sobre la lengua, la cultura y la historia de los nahuas (busquen en internet el “proyecto TEOTL”).

Hay quienes afirman que, hoy en día, gran parte del trabajo de un diplomático consiste en promocionar su país, en vender una imagen positiva. Esto es sólo parcialmente cierto, porque todavía, al menos de vez en cuando, seguimos dedicándonos a la diplomacia clásica, incluidas diversas negociaciones. Y, siendo honestos, en el papel de “empleados” de relaciones públicas no tenemos ninguna oportunidad frente a estrellas del deporte como Robert Lewandowski o Iga Świątek.

– “Mami, ¿de verdad no sabes quién es Ochoa?”

Es 2014. Mi hijo Miłosz acaba de llegar de la escuela con una codiciada tarjeta del portero de la Selección Mexicana obtenida en un mercado de trueque. El precio, seguramente, no fue bajo: por lo menos un Ronaldo “dorado” y un Ramos “plateado”, muy difíciles de conseguir. Recibo una breve lección sobre el futbolista que acaba de tener un partido extraordinario —creo contra Brasil—. Durante los años siguientes, Miłosz, cada vez que se colocaba en la portería, jugaba “como Ochoa”.

Polacos y mexicanos aman el futbol. No somos potencias futbolísticas, pero tenemos grandes ambiciones, sueños y potenciales (muchas veces, lamentablemente, desaprovechados). ¿Quizá nuestras selecciones se enfrenten en el próximo Mundial? Ojalá no esté tentando a la suerte. Cuando era embajadora de Polonia en Colombia, en el Mundial de 2018, a nuestra selección le dieron una buena paliza en el partido de grupos contra los colombianos.

Una amistad con historia

Polonia y México comparten una larga tradición de amistad y solidaridad. Uno de los capítulos más emotivos de esta historia tuvo lugar en 1943, cuando México acogió a unos mil 500 refugiados polacos, en su mayoría mujeres y niños huérfanos que habían escapado de los horrores de la Siberia soviética. Aquel grupo, conocido como “Los Niños de Santa Rosa” por el nombre de la hacienda donde se asentaron cerca de León, encontró en México un nuevo hogar y mucho cariño. Hoy, su memoria sigue siendo un símbolo de la generosidad y humanidad del pueblo mexicano, un lazo imborrable entre ambas naciones.

Hace pocos días tuve el honor de otorgar una condecoración estatal polaca a la señora Walentyna Grycuk. Ella es una de aquellas niñas salvadas que, en aquel entonces, encontró en México un refugio seguro y un Nuevo Hogar. Vale la pena recordar sus palabras sobre su primer contacto con México:

“Recuerdo que todo era muy colorido, nos dieron dulces, había música y mucho sol”.

En esas palabras se encuentra casi todo lo esencial: sobre México, sobre los mexicanos y sobre la Amistad.

* Embajadora de Polonia

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