Arraigada en la tradición, orientada hacia al futuro: la agricultura tradicional como solución climática
Por QuDongyuEl programa de los SIPAM está estrechamente relacionado con la Estrategia de la FAO para la integración de la biodiversidad en los distintos sectores agrícolas.En el siglo XVIII, una serie de erupciones volcánicas convirtió los fértiles campos de ...
Por Qu Dongyu
- El programa de los SIPAM está estrechamente relacionado con la Estrategia de la FAO para la integración de la biodiversidad en los distintos sectores agrícolas.
En el siglo XVIII, una serie de erupciones volcánicas convirtió los fértiles campos de Lanzarote, la más oriental de las Islas Canarias españolas, en un desierto de ceniza negra. En lugar de abandonar la tierra, los agricultores se adaptaron. Cavaron hoyos en la grava volcánica para proteger sus cultivos del viento y los cubrieron con capas de ceniza finas para capturar la humedad y enriquecer el suelo. Generaciones más tarde, esas mismas técnicas mantienen los viñedos de Lanzarote, donde se producen uvas con un riego mínimo en una de las regiones más secas de Europa, demostrando que los conocimientos tradicionales pueden ser una poderosa herramienta de resiliencia al clima.
La historia de Lanzarote no es única. Por todo el mundo hay comunidades que han desarrollado sistemas similares: innovaciones nacidas de la adversidad que han perdurado durante siglos. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce 102 casos de este tipo, a los que designa como Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM). En un momento en que el mundo lucha por encontrar soluciones al cambio climático, estos sistemas representan un recurso oculto a plena vista. Desde los arrozales en terraza hasta la pesca tradicional y los terrenos agroforestales, estas prácticas del patrimonio demuestran que la adaptación está enraizada en conocimientos generacionales que han conservado la biodiversidad y sostenido la tierra durante siglos, y ofrecen enseñanzas que ninguna solución de alta tecnología puede aportar por sí sola. Mirar atrás es esencial para avanzar en la adaptación al cambio climático.
Uno de los ejemplos más claros se encuentra en las antiguas chinampas de Ciudad de México, los jardines flotantes de Xochimilco. Durante más de mil años, los agricultores han construido pequeñas parcelas en lechos lacustres poco profundos, donde se practica el policultivo, gracias al cual se obtienen cosechas fiables en condiciones difíciles. Los canales que serpentean entre los campos mantienen la biodiversidad acuática, ofrecen protección ante las inundaciones y abastecen de alimentos a las comunidades locales, al tiempo que impulsan una vibrante economía basada en el ecoturismo. El sistema ha evolucionado durante siglos y sigue prosperando en una de las ciudades más pobladas del mundo, a pesar de la amenaza que plantean la urbanización y la crisis climática. Las chinampas ilustran cómo el patrimonio agrícola puede contribuir a la seguridad alimentaria y los medios de vida, protegiendo al mismo tiempo los ecosistemas: un modelo vivo de innovación y no una reliquia del pasado.
En el norte de China, el sistema de cultivo de secano de Aohan, que ha servido de sustento a comunidades durante más de 7 mil 500 años, constituye otro ejemplo. En tierras donde escasea el agua, los agricultores rotan los alimentos básicos con plantas de cobertura que enriquecen el suelo y cultivan árboles y hierbas altas que sirven de cortavientos para proteger el suelo de la erosión. También utilizan técnicas de riego localizado que “enseñan” a los cultivos a conservar el agua. Esta combinación de prácticas no sólo proporciona alimentos y medios de vida en un entorno hostil, sino que preserva la salud del suelo y la biodiversidad. A medida que la escasez de agua se intensifica en todo el mundo, Aohan demuestra que la agricultura tradicional puede hacer más con menos, conservando su capacidad productiva durante milenios.
Desde los viñedos de Lanzarote hasta las chinampas de México y los cultivos de secano de China, estos sistemas demuestran que las tradiciones agrícolas sirven tanto para prepararse para el futuro como para conservar el pasado. Pero el reconocimiento no es suficiente. Sin medios para hacer un seguimiento de los progresos realizados y proporcionar apoyo, estas prácticas corren el riesgo de ser ensalzadas a expensas de la protección. Para pasar de la celebración a la consolidación, necesitamos un marco que permita medir la contribución del patrimonio agrícola a la biodiversidad, la seguridad alimentaria, el desarrollo sostenible y la adaptación al cambio climático.
El programa de los SIPAM está estrechamente relacionado con la Estrategia de la FAO para la integración de la biodiversidad en los distintos sectores agrícolas, la Estrategia sobre el cambio climático y la Estrategia para la ciencia y la innovación. Asimismo, está intrínsecamente relacionado con el Marco estratégico de la FAO para 2022-2031, que se basa en las aspiraciones de las cuatro mejoras: una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor, sin dejar a nadie atrás.
La FAO y los Estados miembros de los SIPAM están colaborando en la elaboración de métodos de medición de resultados y en iniciativas de sensibilización y captación de inversiones. Con el apoyo adecuado, los SIPAM pueden pasar de ser una iniciativa de conservación a transformarse en un modelo de trabajo en favor de la resiliencia al clima, lo que pone de manifiesto que no sólo merece la pena conservar la tradición, sino que es fundamental para nuestro futuro común.
Esta oportunidad cobra especial importancia este mes. El 31 de octubre, como parte de su 80º aniversario, la FAO reconocerá 28 nuevos sistemas del patrimonio agrícola en 14 países, lo que elevará la cifra total a 102 en todo el mundo. Cada designación es un hito, pero la verdadera prueba reside en lo que vendrá después: si estos sitios lograrán convertirse en laboratorios vivos en favor de la resiliencia climática y la seguridad alimentaria, con el respaldo de inversiones y apoyo a largo plazo. Si lo logran, el patrimonio agrícola no sólo honrará el pasado, sino que además ayudará a garantizar el futuro de los alimentos en un mundo con temperaturas cada vez más altas.
Para conmemorar su aniversario, la FAO inaugurará oficialmente el nuevo Museo y Red de la Alimentación y la Agricultura con el fin de consolidar aún más el vínculo entre los alimentos, la cultura y la tradición. A través de este Museo y Red, la FAO conectará y motivará a las comunidades, junto con los Miembros, los asociados y los jóvenes, al tiempo que exhibirá una colección internacional que celebra la diversidad de los alimentos y las tradiciones agrícolas. Se trata de una nueva forma de compartir el mandato de la FAO consistente en lograr un mundo libre del hambre y la malnutrición a través de los conocimientos, la cultura y la innovación, conectando e inspirando a un público mundial.
