El PRI del futuro, según Aristóteles Sandoval

Pensar el futuro negando el pasado es una forma de evadir el presente. Debería saberlo el gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, quien, de cara a la Asamblea Nacional del PRI, publicó dos textos sobre lo que él considera debe ser el futuro de su partido El ...

Pensar el futuro negando el pasado es una forma de evadir el presente. Debería saberlo el gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, quien, de cara a la Asamblea Nacional del PRI, publicó dos textos sobre lo que él considera debe ser el futuro de su partido (El Universal 10/VIII/17; El Informador 11/VIII/17). Aunque el propósito de sus artículos es autopresentarse como el liderazgo renovador que el PRI necesita, lo cierto es que ambos textos evidencian la manera en la que los priistas intentan construir una narrativa evasiva y tímidamente autocrítica sobre su responsabilidad en la crisis del país.

Repitiendo la vieja fórmula discursiva, “el PRI del futuro” reclama para sí la herencia que le corresponde en tanto “piedra sobre la que se fundó México”. Como si el México de hoy, o el de ayer, no fuera una síntesis de visiones de país distintas —incluso contrapuestas—, que en las últimas décadas derribaron el proyecto hegemónico del PRI para dar paso al pluralismo político.

O como si el asumirse como “herederos de una revolución social” les otorgara alguna superioridad moral para desentenderse de coyunturas históricas como la masacre de 1968, la guerra sucia de los años setenta, el fraude electoral de 1988 o, de manera más reciente, de casos como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y la crisis generalizada de derechos humanos.

Si como dice Aristóteles Sandoval, “un diagnóstico equivocado nos condenaría al fracaso (del PRI)”, los ejercicios de memoria selectiva no son sino un recurso para desviar la atención frente a la contundencia de la realidad. Cualquier diagnóstico medianamente certero, si esa fuera la intención, pasaría por reconocer que el regreso del PRI al gobierno, después de doce años de ser oposición, lo que reafirmó en la práctica fue la esencia de esa visión patrimonialista y autoritaria del poder público, cuyos excesos han desencadenado una espiral de corrupción e impunidad. Esa es la “herencia” de la que deberían hacerse cargo antes de simular una discusión sobre el futuro.

Difícilmente se puede construir una “agenda del futuro” desde la negación, a menos que se convierta en un ejercicio de oportunismo, por decir lo menos. La agenda del futuro del PRI que “imagina” Aristóteles Sandoval debe atender “exigencias de la sociedad”, como retirar el fuero, eliminar privilegios, crear fiscalías autónomas, legislar la revocación de mandato, contar con sistemas transparentes de adquisiciones y revisar las pensiones de los expresidentes.

El problema de los nuevos ideólogos del PRI es que la imaginación pierde sentido de oportunidad cuando no hay noción ni del pasado inmediato. La gran mayoría de las propuestas del gobernador de Jalisco han sido iniciativas impulsadas por la sociedad civil o por fuerzas políticas como Movimiento Ciudadano, que el propio PRI ha rechazado cuantas veces se han presentado.

Peor aún, el gobernador argumentó que “en Jalisco ya estamos traduciendo en políticas muchos de los reclamos sociales” mencionados, pero omite contar que durante el primer trienio de su gobierno el PRI se dedicó a bloquearlos sistemáticamente cuando tenía mayoría parlamentaria, y que muchas de ellas vieron la luz a partir de que la correlación de fuerzas favoreció a Movimiento Ciudadano en el Congreso de Jalisco como resultado de las elecciones de 2015.

Pero más allá de estas contradicciones, la pregunta obligada es ¿qué motivos tenemos para pensar que ahora sí el PRI va a cambiar? ¿Por qué no cambió en los doce años que fue oposición en el plano nacional y en los cinco que lleva al frente del gobierno federal? ¿Qué elementos hay para creer que su remedo de imaginación va a desembocar en una ruptura con un pasado cuya “herencia” —por más absurdo que suene— niegan o reconocen de manera selectiva?

La vocación de cambio, por definición, difícilmente es compatible con el renovado oportunismo del PRI. La mejor manera de imaginar el futuro es revisar el pasado para transitar hacia un cambio de régimen en donde los lastres, las inercias y las herencias del régimen que el PRI forjó, y que hoy pretende desconocer, sean efectivamente desterrados de la vida pública.

*Coordinador del Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano.

Temas: