Lúgubre y siniestro
Modificar leyes que constriñen a más de la mitad de la población al papel demadres (atrapadas entre el amor y la violencia) y al sometimiento o dependencia de un varón (que no tiene más obligación que su capricho), llevó siglos de lucha, con líneas brillantes de persuasión y en algunos álgidos momentos, con acciones de desobediencia, reto y valentía.
Vivir a la sombra de un varón. Imaginar los terrores que han vivido millones de mujeres en el mundo y en México por voluntad del más necio y cruel patriarcado, obliga a construir estrategias para que desaparezcan esos Estados feminicidas, y por supuesto, diseñar un “derecho para dos”, mínimo, porque debiera ser un derecho para todxs.
Modificar leyes que constriñen a más de la mitad de la población al papel de madres (atrapadas entre el amor y la violencia) y al sometimiento o dependencia de un varón (que no tiene más obligación que su capricho), llevó siglos de lucha, con líneas brillantes de persuasión y en algunos álgidos momentos, con acciones de desobediencia, reto y valentía. Esta imposición nos excluyó de los derechos de ciudadanía. Fuimos objetos (sin derechos) obligadas a servicios de todo tipo, esclavas. Muchas, con un grave síndrome de Estocolmo (no sabemos si por estrategia de sobrevivencia o convencidas por el mentiroso y almibarado discurso amoroso).
La realidad impulsó a muchas a huir de ese lúgubre sitio, la sombra de un hombre, y dar pasos decididos hacia su autonomía. Hubo quienes murieron en el intento, pero muchas lograron sus propósitos. A lo largo del siglo XIX y a lo ancho del XX, la persuasión, amparada por discursos feministas cercanas a los derechos humanos, conquistan muchos derechos para todas y, de forma especial, el derecho al sufragio. Así, se va construyendo una nueva forma de relación entre mujeres y hombres, ejerciendo sus capacidades, desarrollando su personalidad, buscando ser las autoras de sus vidas. Y, lo sustantivo, imponen respeto a su palabra, a su vida, a sus deseos. Pero no todas.
Hemos transformado los espacios públicos y estamos empeñadas en modificar radicalmente los espacios privados. Por supuesto, las respuestas groseras, alevosas y prepotentes a dichas conquistas no se han hecho esperar. Desde las descalificaciones, las burlas, los múltiples agravios, hasta los muy trágicos feminicidios. Los reclamos de la mitad de la humanidad resultan incómodos y difíciles de acallar por el patriarcado contemporáneo. Quieren aterrorizarnos.
En la Inglaterra de las sufragistas, hay que mencionar a Emmeline Pankhurst. Denuncia que los “derechos de propiedad” se consideren sagrados, mientras a las mujeres las traten de forma vejatoria. ¿Por qué el gobierno de Zapopan no obligó al presunto feminicida de Luz Raquel a cambiarse de departamento, si tan molesto le era vivir ahí? ¿Por qué no protegieron a su hijo? ¿Por qué mataron a Margarita?
Aún asombra el no reconocimiento del aporte de la lucha sufragista de las mujeres a una mayor civilidad, a una mayor igualdad entre los géneros y el que lo hayamos logrado a través de diversas formas de resistencia, de desobediencia civil y no violencia. Nada raro, no quieren promocionar la igualdad para proteger sus privilegios. Por eso, invisibilizan y subvaloran a las mujeres.
La obtención del sufragio no fue un fin en sí mismo, sino el primer escalón para la apertura a la emancipación de las mujeres. Se trataba de pasar de ser simples receptoras de leyes a protagonizar su construcción. Decepciona que las mujeres que alcanzan posiciones de poder, no utilicen su cargo para avanzar en derechos para las mujeres, ahora especialmente las senadoras, que no han aprobado la creación del Sistema Nacional de Cuidados. El horripilante feminicidio de Luz Raquel recuerda la urgencia de esta iniciativa y de aquello que incumple el Estado: el interés superior de la infancia.
Junio fue mes de tragedia. 281 asesinatos de mujeres y lista interminable, aburrida, mentirosa, de promesas de justicia. Las palabras, quizás en algún momento, tuvieron fuerza, pero siempre han sido más fuertes los hechos. El gobierno y la sociedad dejan claro su desprecio a la vida de las mujeres.
