Feminismos y corcholatas
Votar por un hombre cuando hay la posibilidad de que alcance la presidencia una mujer comprometida y autónoma, hace pensar que hay mejores opciones fuera de un partido que no se cansa de echar incienso a un líder patriarcal
Sin lugar a dudas, los feminismos han atravesado exitosamente los siglos y los diferentes gobiernos en el mundo. Retrocesos ha habido muchos y basta el ejemplo afgano para recordarnos que lo ganado no es permanente, que es necesario estar alertas para detener esos pasos peligrosos para atrás. Aquí, sin ir más lejos, lo hemos vivido este sexenio. Ante el justo reclamo de la necesidad de espacios de desarrollo infantil, por ser un derecho humano básico de pequeñas y pequeños, que, además por la injusta distribución del trabajo, las mujeres deben renunciar a sus sueños, la respuesta fue cancelar los poquísimos que habían logrado ser una opción confiable.
La discusión se ha centrado en algunos espacios, a decidir cuál de las corcholatas garantiza mejor el avance en la agenda de las mujeres. Lamentablemente, descartan a dos por no ser mujeres, pues sólo desde ahí se puede ser feminista. Este simplismo deja únicamente a una competidora. Argumentos a favor de los varones, es que uno de ellos ha hecho más por ellas, que quien hoy está en el Gobierno de la CDMX. Y es cierto, pero votar por un hombre cuando hay la posibilidad de que alcance la presidencia una mujer comprometida y autónoma, hace pensar que hay mejores opciones fuera de un partido que no se cansa de echar incienso a un líder patriarcal.
Que hay mujeres capaces, feministas y valientes, nos consta. La forma de hacer política en este sexenio ha sido de calumnias, insultos y nula posibilidad de respuesta. Sólo uno tiene la palabra y la verdad. Por eso, es comprensible que las oposiciones esperen un momento oportuno para brincar a la arena pública, aunque el riesgo es que con la campaña tan adelantada, sea difícil alcanzar y rebasar a quien sea puntera o puntero.
No basta ser mujer y decirse feminista cuando los hechos desmienten. No es suficiente que diga que está con el pueblo, para que escuche propuestas y reclamos. Desde los de las madres del Colegio Rébsamen, las personas afectadas por la caída de la Línea 12 del Metro, las marchas feministas acosadas por las Ateneas, encontraron sólo silencio.
No es suficiente que un hombre se diga de izquierda y feminista, para olvidar la estrategia migrante, donde más de 40% son mujeres y no han merecido ninguna política que favorezca su transitar por el país. No es de hombre congruente decir que la política exterior es feminista y no pronunciarse a favor de las afganas, votando por expulsar a Irán de un organismo de derechos humanos. Es un disparate decir que este gobierno es feminista, cuando el Presidente se amuralla para no verlas.
Más que hacer declaraciones de adhesión a una persona, candidatas y candidatos podrían decirnos qué van a hacer con los problemas que agobian y que hasta la fecha, no se ha hecho nada: mujeres jóvenes desaparecidas, madres buscadoras, violencia feminicida, abuso infantil y un doloroso largo etcétera.
Por todo el mundo, hay terroríficos relatos de la conexión entre militares, cuarteles y prostitución. ¿Qué está pasando en México? ¿Esa tan rápida expansión de cuarteles tiene algo que ver con la cada día más frecuente desaparición de mujeres jóvenes? ¿Esas mujeres que sobreviven a pesar de todo, en una economía global sexista y racista, estructurada para explotarlas, oprimirlas, hay que abandonarlas para que sirvan a los propósitos de los poderosos?
Buena idea la de los gobiernos de coalición. Ya es hora de dejar atrás el erróneo presidencialismo, en el que sólo una persona decida de acuerdo con su leal saber y entender. Que las decisiones importantes se tomen en consenso con expertas, expertos y comunidades afectadas. Ese gobierno deberá garantizar la puesta en marcha del Sistema Nacional de Cuidados, con presupuesto suficiente y planeación puntual.
No impunidad al señor Garduño. “El infierno es la mirada de los otros”, Sartre.
