Cambiar estructuras
Los agresores suponen “estar en su derecho”. No es así. La violencia es una patología que intenta producir sufrimiento, humillación y menosprecio. Si la ejerce una autoridad, implica abuso y negación de la libertad. Es un recurso, pero ilegal, que además se ampara en la impunidad.
Es el reto. Para las mujeres, denunciar es un ejercicio difícil y plagado de obstáculos. Necesario para obtener justicia e intentar erradicar las violencias. Las violencias son discursos y prácticas usadas por individuos y/o grupos para reproducir relaciones de poder asimétricas, negando derechos a quienes son víctimas de tal asimetría. El patriarcado se sostiene en las violencias hacia las mujeres.
En el ámbito político, pocas se atreven a denunciar y se topan con que las instituciones encargadas de velar por sus derechos tienen escasas herramientas para valorarla, detener los ataques y sancionar a los perpetradores; además, algunas personas olvidan que “las mujeres vivimos en una cancha de juego que está muy desnivelada”, o sea, ignoran la perspectiva de género.
“Nivelar la cancha”. Sabemos que en la consecución de cargos públicos, lo que está cual bolita en la pista, es el poder. El juego sucio se ha normalizado a tal grado, que “el que se ríe, se lleva y el que se lleva se aguanta”. O sea, a callar. Insultar a diestra y siniestra a cualquier persona, ayuda a conservar poder por temor e instaura desigualdad. Ejemplo, las corcholatas así despreciadas, por quien los puso en la cancha.
Violencia política: “Menoscabar, obstaculizar, restringir, impedir o eliminar la participación de una mujer en los asuntos públicos y/o políticos. Para ello, se promueven, incitan o realizan acciones hostiles, intimidatorias, de deshonra o descrédito; se acosa, amenaza, se realizan agresiones físicas o sexuales, incluso pueden llegar al asesinato de la víctima”. De cualquier forma, el que alguna sea sujeta a este tipo de violencia, daña y por eso, es delito.
Los agresores suponen “estar en su derecho”. No es así. La violencia es una patología que intenta producir sufrimiento, humillación y menosprecio. Si la ejerce una autoridad, implica abuso y negación de la libertad. Es un recurso, pero ilegal, que además se ampara en la impunidad.
Cambiar también las prácticas de la comunicación social, instrumento “ideal” para el desprestigio, donde las mujeres, documentado está, son mucho más violentadas. Lo que se intenta es expulsar de la política a la que se atreve a incursionar en busca del poder. Desde metáforas del techo de cristal, el piso pegajoso hasta las mujeres y el laberinto, dan cuenta de las dificultades que atraviesan.
Dejar de normalizar la violencia en la política es benéfico no sólo para las mujeres, sino también para los hombres. Que la política no sea un mecanismo de vulneración de derechos, desapegado de una normativa de ética mínima. Hay estadísticas del escalamiento de la violencia política en el país: Integralia contabilizó 131 incidentes entre 2021 y 2022, que “dejaron 172 víctimas, de las cuales 122 fueron mortales y el resto resultaron heridas”.(https://integralia.com.mx/web/wp-content/uploads/2022/07/Violencia-pol%C...).
¿Por qué importa que lleguen mujeres a puestos de toma de decisión? Tienen una visión distinta de los problemas y las prioridades que aquejan a una sociedad. Desde el abuso hacia niñas y niños, hasta la urgencia de implantar un Sistema Nacional de Cuidados, que garantice una vida mejor.
Muchas hemos alzado la voz para “emparejar la cancha”. Hay que seguir dialogando para que se mejoren las reglas, se señalen sanciones efectivas, se comprometan los partidos y la sociedad a respetar acuerdos. Hay que cambiar la cultura del agravio y para ello, es indispensable que funcionarias y funcionarios estén persuadidos de la importancia de su contribución a la democracia. Porque sin igualdad, la democracia se esfuma.
Gloria Carolina Cházaro murió en Veracruz en circunstancias muy extrañas. Es urgente investigar su muerte con perspectiva de género y conforme al debido proceso. El nombre de la Marina está en juego.
